miércoles, 16 de septiembre de 2015

Estado anómico

Estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales (término, anomia, introducido por el sociólogo Emile Durkheim)


En términos más coloquiales también podría decirse que es la situación en la que se encuentra aquella persona cuyos referentes normativos previos han dejado de tener valor, ya no le sirven y en tanto en cuanto no adquiera otros, se halla desorientado.

No me resulta difícil encontrar en nuestra reciente historia (la de la Guardia Civil) un estado anómico que, aún no conscientes de ello, debió embargar a no pocos guardias civiles: la transición.

El paso de un estado totalitario a otro democrático, ciertamente es un tránsito radical y abrupto por mucho y bien que quienes fueron líderes políticos protagonistas del cambio lo hicieran.

Nuestros guardias civiles de aquel tiempo hubieron de asimilar como pudieron que lo que antes era un ordena y mando en el que el bien mandado no incurría en responsabilidad, a otro con el que ahora se daban de bruces… unos principios básicos de actuación que entras cosas decían:

….son responsables personal y directamente por los actos que en su actuación profesional llevaren a cabo….

¡Menudo cambio!, como para no empezar a ejercitar la capacidad de discernimiento, andarse con cuidado o cuestionar órdenes dignas de cuestión.

Debió ser… no... fue traumático, y en no pocos casos.

No obstante se asume… ¿por qué?. Porque lo del ordena y mando es una falacia, una sociedad no puede funcionar de esa manera, anulando las capacidades de los individuos reduciéndoles a meros objetos instrumentales. Los principios por los ahora debemos guiarnos rezuman verdad, toda persona debe ser digna por el hecho de serlo. Como ya he referido alguna vez, que no inventado, mientras que la falacia sucumbe tarde o temprano, la verdad perdura inmune al paso del tiempo.

Lo malo es que nuestro estado anómico no se ha disipado del todo, que va. No es en este ámbito donde tendría que traer a colación ejemplos que ilustren por qué no ha desaparecido, pues bien sabido es que esos principios que ya forman parte de textos legales no casan en absoluto con algunas órdenes e instrucciones que se reciben con más frecuencia de la deseada. Sin ir más lejos la estadística es una fuente generadora de conflictos de este tipo, como bien saben quiénes esto leen.

¿Hemos llegado a un punto?, ¿a una encrucijada?… ¿se  tomarán decisiones?… ya sabemos… lo falaz se derrumbará… ¿hay voluntad y valentía para asumir  verdades?

La verdad tiene mucho que ver con que la responsabilidad se ventila pero no se asume en los despachos. También con que conceder derechos no es en sí mismo organizarse.

Como en todo, se requiere equilibrio. El guardia civil, como el policía, ha de ser, tanto que gustan los arquetipos, una persona y profesional mental y emocionalmente equilibrado. Pero también ha de darse ese equilibrio en el diseño institucional cuando aparece el compendio de responsabilidad, derechos, obligaciones, cometidos, funciones,  y organización. 

Aquello por lo que abogo, tal vez tenga su contrapunto en la Circular número 2, de la Dirección Adjunta Operativa, dada en Madrid a 28 de febrero de 2012, sobre orientaciones para el ejercicio del mando por el Comandante de Puesto. Si ese documento que habla del Comandante de Puesto como si fuera un superhéroe, psicólogo, abogado, técnico, habilidoso, abnegado, intuitivo, bonachón, íntegro… quizás por ello no se han dado orientaciones al Jefe de la Compañía o Comandancia, ¿para qué?... si ya lo hace todo el Comandante de Puesto.

Por eso me sigo preguntando… ¿hay voluntad y valentía para asumir verdades?.

http://lapauta.es/not/1751/estado_anomico

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