lunes, 14 de noviembre de 2016

Yohanna, Guardia Civil, fan de Van Damme y subcampeona de muay thai

Por el día, Yohanna protege a mujeres maltratadas como guardia civil. Por la tarde, practica muay thai, el mítico arte marcial tailandés.Ya es subcampeona del mundo... pero no se conforma: "No pararé hasta conseguir el cinturón".


Yohanna Alonso realiza dos rituales antes de cada combate. Primero cierra los ojos, respira fuerte y pide protección a su madre, que falleció hace unos años. Después, se acerca a una de las esquinas del cuadrilátero, traza en el suelo el nombre de su rival y lo pisotea varias veces con rabia: «Es mi forma de cabrearme y de estar en tensión antes de pelear», explica.
Con 32 años y 60 kilos, la guardia civil y subcampeona del mundo de muay thai se enfrenta al peso pluma que ha enviado PAPEL para este combate periodístico. Cara a cara, el primer asalto se celebra sentados en las colchonetas del gimnasio Victoria (León). Ella vence con sólo fruncir el ceño y con una mirada desafiante. Quedan otros dos asaltos más.
Difícil tumbar a una mujer titulada en siete artes marciales: jiu jitsu, krav maga, MMA, wing chun, jeet kune do, eskrima filipino, muay thai... Y difícil también tumbar a una patrullera de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil. Ahora forma a sus compañeros en defensa personal: «Soy monitora de intervención operativa». Suena bien. Al igual que su título en un postgrado de Psicología especializada en violencia de género que le sirve para ayudar a las mujeres maltratadas que recibe en la Comandancia de León.
¿Prefieres empezar la entrevista por la Yohanna experta en artes marciales o por la Yohanna que patrulla la ciudad capturando a los malos?
Siempre por la parte deportiva.
Es decir, ¿por la Yohanna a la que su padre no la dejaba pelear y la metió a hacer gimnasia rítmica?
Eso fue cuando era niña. Hasta los 17 años no empecé a dar golpes.
Aquella niña que nació en Gijón se hizo mujer en León. Su padre encontró un trabajo en la construcción y la familia se mudó. Su hermano Aurelio, 12 años mayor, siempre ha sido su inspiración. Yohanna le envidiaba porque él competía en lucha leonesa y jiu jitsu: «Mi padre no me dejaba porque decía que eso no era deporte para niñas y por eso acabé en gimnasia rítmica».
En aquella época era fan de las películas de Jean-Claude Van Damme. Apuntaba todos sus movimientos, puñetazos y patadas. Y esperaba a que su hermano llegase a casa para simular con él alguna de las peleas que veía al otro lado de la pantalla.
Al cumplir los 17 años, por fin consiguió el permiso de su padre para practicar algún deporte de contacto. Fue su hermano quien le mostró el camino del muay thai. «Es el más completo de todos: usas los puños, pies, rodillas y codos». Por eso tradicionalmente llaman a esta disciplina «el arte de los ocho brazos». La historia cuenta que nació en el antiguo Reino de Siam (Tailandia) hace más de 700 años para proteger la independencia del país durante las guerras con Birmania y Camboya. Pero sus raíces las encontramos hace 2.000 años en el muay boran (boxeo ancestral). Los monjes formaban con esta técnica a los soldados en la lucha del cuerpo a cuerpo, usando cinta de piel de caballo para vendarse las manos y así provocar más dolor al golpear al adversario.
«Allí, en Tailandia, el muay thai no es solo el deporte nacional, es una cultura y una forma de vida», resume Yohanna. «Gracias a él he aprendido valores como el respeto hacia el adversario y conocerme mejor a mí misma».
Precisamente, en el país del sureste asiático, La Leonesa -su sobrenombre como luchadora, con el que acumula 20 victorias y 10 derrotas por puntos en sus 30 combates hasta la fecha-, se quedó en marzo a apenas tres puntos de lograr el campeonato del mundo en una igualada pelea ante una luchadora local.
Hay un vídeo en Youtube del combate en el que, cuando el árbitro levanta el brazo de tu rival dándola como ganadora, se te ve sorprendida e indignada.
Lo estaba, no merecía perder. La tailandesa jugaba en casa y... realmente fue un honor luchar contra alguien de su categoría y reputación con más de 100 peleas.
«No le gusta perder a nada y se enfada cuando lo hace. Es la mujer más fuerte y competitiva que conozco», confirma Casilda, su asistente y amiga, que no se separa de Yohanna en toda la entrevista.
La final, celebrada en la ciudad tailandesa de Ayutthaya, duró tres asaltos de tres minutos cada uno. Lo máximo para la categoría semiprofesional (de 57 a 60 kilos) en la que compite Yohanna.
En el muay thai se permiten puñetazos directos, cruzados, ganchos y codazos. También patadas frontales y laterales. Se penalizan como infracciones los golpes en la nuca, el riñón o en la zona genital. Los combates se pueden definir por K.O., por puntos o por descalificación, según el criterio del árbitro, el fiscal y los jueces.
Es uno de los deportes de contacto que más nuevos seguidores ha conseguido en España en los últimos años. Según la Federación Española de muay thai, en los últimos 10 años la práctica de este deporte ha crecido un 60%. Aquí tenemos a campeones europeos como el madrileño Jonathan Fabián y el gaditano Carlos Coello, que se encuentra en el top 10 del Ranking Mundial Profesional (WPMF).
«Antes había muy pocos gimnasios donde se podía entrenar y ahora en cada ciudad encuentras un montón», explica Francisco Villalba, presidente de la Federación. Maestro de muay thai, lleva 28 años compitiendo a alto nivel. «Es imposible contabilizar cuánta gente lo practica porque estamos muy fragmentados. Los afiliados en nuestros colectivos suman poco más de 1.000 personas. Pero si se hiciera un registro de toda la gente que entrena en España, esos datos se multiplicarían por 10». Villalba también ha notado un aumento del número de mujeres que empiezan a practicar este deporte: «En algunas de mis clases llegan al 80%».
Yohanna confirma que muchas se han decidido a practicar deportes duros como el muay thai. Su mentor es un luchador tailandés que ganó 28 veces el campeonato de su país: Narong Wongsoonthon, aunque todo el mundo le conoce como el Maestro Lek. Llegó a España desde Bangkok hace 38 años, conoció a una leonesa de la que se enamoró y se casaron años después.
Yohanna nos lleva a conocerle en su viejo gimnasio en la calle Las Fuentes de León. El Thai Boxing Club es el lugar donde la subcampeona del mundo dio sus primeros golpes: «En mi primer combate acabé bastante perjudicada, pero me gustó mucho». Palabra de una mujer que se ha roto los dos tobillos, la tibia y tiene los cuádriceps fracturados: «Me encanta pelear con todo el dolor físico que eso conlleva».
El Maestro Lek se ríe. Tiene el pelo de color morado engominado para atrás. «Yohanna acaba de venir de vacaciones y está fuera de forma: tiene que entrenar duro para el campeonato que viene si quiere ganar», dice Lek con semblante serio. Él fue el que eligió como emblema de su alumna una flor tailandesa llamada Buawloy. «Es rosa, por eso llevo el pantalón de ese color, y siempre flota, nunca se hunde, como yo», aclara la luchadora, que tiene dos lirios tatuados en el pie tapando varias cicatrices.
Empieza el entrenamiento. Después de un calentamiento corriendo, haciendo sentadillas, saltando a la comba y estirando articulaciones, empiezan con los golpes técnicos y con el saco. Lo golpea con la misma violencia y el mismo suspiro tras el puñetazo que lo hacía en el primer torneo que ganó en Noreña (Asturias) hace 15 años: «Mi familia pensaba que estaba loca, su primera reacción fue recriminarme que dónde me estaba metiendo, que me iban a matar. Pero ahora están muy orgullosos de mí».
Al acabar el entrenamiento, empezamos el segundo asalto: ¿por qué se hizo Guardia Civil? «Todos los niños quieren ser policías de pequeños ¿no?», explica. «Pues yo lo quería ser más».
Cuando cumplió la mayoría de edad empezó a opositar. Interrumpió su preparación para hacer la mili con la Legión en San Fernando (Cádiz). Al terminar, volvió a su ciudad para trabajar en la artillería de campaña y poco después viajó hasta Calatayud (Zaragoza), donde realizó un curso de protección y escolta de autoridades. Ingresó en la Policía Militar y se convirtió en escolta de un coronel. «Pero yo realmente quería ser Guardia Civil. Retomé las oposiciones y acabé con 22 años».
Después de un año de instrucción en Jaén, la destinaron a Alicante integrada en el equipo de Seguridad Ciudadana. «Cuando llegué no encontré ningún gimnasio donde se entrenara al muay thai, por lo que tuve que buscar otros artes marciales orientales que llenasen ese vacío». Y así fue: «De todos los deportes de contacto se aprende, cada uno tiene su estilo e historia».
Empezó practicado el jiu jitsu, aprendiendo las técnicas de combate al más puro estilo samurái. Llegó a ser cinturón azul -a dos niveles del máximo- y compitió en torneos en la Comunidad Valenciana. Después se interesó por el kav magá, la defensa personal de las Fuerzas de Seguridad de Israel. Logró el cinturón negro y se sacó el título de entrenadora a nivel nacional. Alcanzó el extremo de los deportes de contacto con el MMA (artes marciales mixtas), donde se permiten todo tipo de técnicas de otras disciplinas, una práctica muy polémica en muchos países por su excesiva agresividad en el ring. En su curriculum en defensa personal también están el jeet kune do -que sigue las técnicas de Bruce Lee-, el arte marcial chino wing chun y el eskrima filipino, donde se pelea con dos bastones de madera de 70 centímetros con una técnica influenciada por el esgrima español del siglo XIX.
Con todas las técnicas de combate que sabes, es imposible que no las mezcles en cada deporte.
Es díficil aislar los movimientos. Por eso me han descalificado más de una vez, por ejemplo, por estar compitiendo en muay thai y empezar a dar golpes de jiu jitsu.
¿Alguna vez has tenido que usar tus conocimiento en defensa personal como Guardia Civil?
Sólo me han ayudado a reducir a personas durante peleas en la calle, en bares, domicilios... nunca para golpear y siempre para reducir. Eso es lo más fundamental y lo que enseño ahora a mis compañeros.
Durante un par de días a la semana se pone otro uniforme para ser monitora de intervención operativa. Impartiendo lecciones a 20 agentes sobre el «uso gradual de la fuerza en situaciones de riesgo» en la calle. «Somos policías, no podemos ponernos a dar puñetazos y patadas, sino que tenemos que saber reducir al delincuente usando la fuerza mínima para solventar la situación», explica Yohanna, que acaba de volver de Génova (Italia), donde le han dado un premio en la gala del Primer Salón de la Fama de las Artes Marciales.
Es media tarde. El tercer asalto transcurre ya dentro del ring. Yohanna pega un fuerte soplido cada vez que golpea mientras recuerda su etapa más dura dentro del cuerpo. En Alicante formó parte de la Policía Judicial en Jávea. «La mayoría de casos que teníamos estaban relacionados con las bandas organizadas de albanokosovares. Vi mucha mafia, droga y cadáveres esos años». También se sacó un postgrado en Psicología especializada en Violencia de Género por la Universidad de Valencia.
En 2011 volvió a León, donde retomó el muay thai y se incorporó a la Comandancia de la Guardia Civil. En su trabajo compagina la patrulla por la ciudad con la dirección de la unidad de atención a mujeres maltratadas. «En el cuartel tenemos un puesto donde atendemos a todas las que lo necesitan y después las hacemos un seguimiento semanal para ver cómo evolucionan», explica.
¿De dónde sacas tiempo?
Me faltan horas. Hay días que entre el entrenamiento y el trabajo estoy 16 horas seguidas sin parar.
¿Cuál es tu límite?
No pararé hasta conseguir el cinturón de campeona en Tailandia el año que viene.
http://www.elmundo.es/papel/historias/2016/11/14/5825aefa46163fa5618b461a.html

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