jueves, 22 de diciembre de 2016

Guardia civil y, de afición, belenista

Antonio Varela Mourelle compagina su labor como agente de la Comandancia de Pontevedra con la construcción artesanal de nacimientos monumentales




Descubrió los belenes de crío: «Entonces colocaba debajo del arbolito de Navidad, en compañía de mi madre, el típico nacimiento con niño Jesús». Fue así como Antonio Varela Mourelle arraigó una afición que, a sus 46 años, con su madre en el recuerdo, se ha convertido para él en «una pasión» que compagina con su labor de guardia civil en la Comandancia de Pontevedra.

En estas dependencias, a orillas del río Lérez, se puede disfrutar su última creación monumental: un belén que ocupa dieciocho metros cuadrados de superficie. Su diseño comenzó a fraguarse el pasado febrero -«prácticamente, en cuanto desmonte este, a finales de enero, empezaré con el proyecto del próximo año», aclara- y en él ha invertido unas setecientas horas, con la única ayuda de su mujer. «Solo el castillo de Herodes, y después de que hubiera nacido la idea, pudo llevarme unas 150 horas».

Y es que, excepto las figuras -aproximadamente unas setenta-, todo el belén es artesanal y está elaborado, en gran parte, con materiales de desecho, muchos de ellos encontrados en contenedores de residuos. De este modo, tanto el paisaje como las montañas son de poliestireno expandido procedente del reciclaje y que luego Varela Mourelle ha recubierto con espuma de poliuretano para, finalmente, darles un acabado de pintura. «Lo más complicado es tallar las piedras, tallar las fachadas. Es lo más dificultoso dado que trabajas con yeso y tienes unos tiempos limitados para hacerlo», explica. Y destaca que, en un proceso similar, las tejas las realiza una a una, de tal forma que «no hay dos iguales». Confiesa que es «muy puntilloso», algo que se percibe en las escenas que componen el nacimiento. Para representarlas, Antonio decidió apostar por combinar el contexto religioso con la tradición gallega, de tal manera que ha buscado rendir un tributo a la cultura rural. A fin de cuentas, es algo que conoce bien ya que reside en Ponte Caldelas: «Intento recrear cualquiera de nuestras aldeas del siglo pasado con sus montañas, ríos, construcciones... recogiendo estampas cotidianas» de esa época.
«De algún modo -asume-, intento volver a mis orígenes rememorando el paisaje, las casas, el molino, las fuentes, los rebaños, las labores del campo...». Los visitantes, eso sí, echan en falta algún detalle alusivo al cuerpo de la Guardia Civil, duda que encuentra una rápida réplica del agente: «No hemos llegado a tiempo. El próximo año lo intentaremos», concede.Y es que su cabeza no para. Apenas ha inaugurado el nacimiento de este año y ya está imaginando el que preparará para las siguientes Navidades. Su intención es ampliarlo con nuevas edificaciones, pero también con figuras con movimiento. Mientras tanto, disfruta observando la respuesta que el belén que expone en la sede del instituto armado de Pontevedra provoca entre sus compañeros y las personas que ya han podido contemplarlo. En este sentido, matiza, lo que más le llena es ver la sorpresa dibujada en los rostros y comprobar cómo la gente se fija en los detalles.
Curiosamente, en el caso de este pontevedrés, se cumple aquel dicho popular que asegura que en casa del herrero, cuchillo de palo. Así confiesa: «En mi domicilio tengo el nacimiento de Jesús, pero poco más. El no tener críos en casa te limita en cierta medida, pero también el espacio: no dispongo de esta superficie, ni mucho menos».
http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2016/12/22/guardia-civil-aficion-belenista/0003_201612E22P60991.htm




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