lunes, 30 de enero de 2017

EL PUEBLO DE MOLVÍZAR: 3.000 VECINOS Y 500 GUARDIAS CIVILES

  • Iniciamos un recorrido por los pueblos españoles que pulverizan las estadísticas viajando a la localidad granadina de la que más agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han salido: Molvízar.

  • Tres de los guardia civiles de Molvízar, ya jubilados, en la plaza...





  • Familias enteras se dedican a ello. Del policía que custodió el cadáver de Evita Perón al guardia civil al que Felipe VI tiraba bolas de nieve

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«Cuando nuestro querido Rey era Príncipe venía a esquiar a Sierra Nevada y nos llamaban a los que estábamos en la reserva. Íbamos con el traje de montaña, las botas, el tricornio...». Les hemos pedido que cuenten las mejores anécdotas de sus años como guardias civiles y está disparando primero el corpulento José Espinosa Venegas, 71 años, jubilado, unidad de Intervención Rápida de Granada como último destino. Tiene un hijo también en la Guardia Civil, otro en el Ejército y un nieto en la Academia Militar de Zaragoza. «Y sale el niño y le da por hacer bolas de nieve y tirárselas al guardia -o sea, a mí- a la cabeza. Con tan mala suerte que me dio en el tricornio y me arrancó el testero, que por dentro era de corcho blanco. Tuve que pedir un rotulador y me pasé toda la mañana pintándolo», acaba José provocando la carcajada colectiva.
«Yo estuve custodiando el cadáver de Eva Perón», toma el relevo José Antonio Venegas, refiriéndose a principios de los 70, cuando el cuerpo de la primera dama argentina -secuestrado en 1955 y enterrado en Italia- fue exhumado y trasladado al chalé madrileño de Puerta de Hierro donde residía su viudo, Juan Domingo Perón. «Nos enviaron allí para evitar que se lo llevaran de nuevo». El guardián de Evita, de 63 años, policía nacional en la reserva, es el pequeño de cinco hermanos: dos policías, dos guardias civiles, y una hermana que no ingresó en ninguno de estos cuerpos pero que se casó con un guardia civil, a su vez hermano de otros tres guardias civiles e hijo de guardia civil también.
Quizás se haya perdido el lector en este barullo de parentescos, pero el salto de los uniformes de una familia a otra es muy ilustrativo de hasta qué punto los árboles genealógicos de Molvízar (Granada) están copados por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: guardias civiles (sobre todo), policías nacionales (muchos) y militares (menos). La pintoresca localidad granadina, de origen árabe, casas blancas y estrechas calles en pendiente, tiene un padrón que no deja de perder vecinos y que el día de nuestra visita rondaba los 2.900 habitantes, tal y como informa Fermín García, el alcalde del PP, quien también tiene yerno guardia civil, hijo de un comandante de la marina y hermano de un militar.
Pues bien: de este censo que decíamos no llega a los 3.000 residentes han salido en el último medio siglo 522 agentes -322 guardias civiles y 200 policías nacionales-, según el único recuento que se ha hecho, ya desfasado puesto que data de 1995. Dos décadas después, y teniendo en cuenta que el cómputo no incluye a los militares, no es arriesgado aventurar que el número histórico de molviceños al servicio del orden alcanzará al menos los 700. Dos vecinos están destinados en la seguridad y escolta de la Casa Real, otro es mosso d'Esquadra y sólo hay tres mujeres en la lista, todas policías nacionales.

EN LOS CUARTELES Y COMISARÍAS DE TODA ESPAÑA

A la convocatoria de EL MUNDO, un lunes -por la tarde obligatoriamente: «Todos tenemos un trocito de tierra gracias a nuestros padres y por las mañanas ponemos la lechuguita y el tomate»-, acuden 11 agentes, todos ya jubilados o prejubilados, puesto que los que siguen en activo se encuentran dispersos en cuarteles y comisarías de toda España. Están los mencionados y Francisco Silvestre Morales (guardia civil), Salvador Béjar (policía), José Alonso (guardia civil), José Antonio Espinosa (guardia civil), Manuel Rodríguez (policía), Alejandro Venegas (guardia civil), Jesús Posadas (guardia civil), Francisco González (policía) y José Fernández (policía).
Algunos aún conservan el típico bigote, un apéndice más del uniforme y símbolo de seriedad. Comparten recuerdos de 40 años de servicio, bromean guardias civiles contra policías y viceversa -los clásicos piques entre los dos cuerpos- y finalmente se despliegan viandas sobre la mesa de la Casa de Cultura -choto acompañado de la salsa típica de Molvízar, butifarra, vino de la tierra- para cerrar el encuentro con dos de los policías cantando El Porompompero y el resto acompañando a las palmas.
Hay que remontarse a un Molvízar menos alegre, el de finales de los 60, para entender semejante concentración de tricornios por metro cuadrado. «Molvízar era entonces un pueblo de secano: viñedos, olivos y almendros. La agricultura decayó y la gente emigró a Barcelona y a Madrid, pero, sobre todo, a las Fuerzas de Seguridad», explica Fermín García, el alcalde. «Que ni había campo para todos ni queríamos campo», dice más expeditivo el guardia civil jubilado José Espinosa: «Era campo o petate».
En todo este curioso fenómeno de migración económica con destino a la Guardia Civil hay una figura fundamental, muy mencionada y venerada en Molvízar. Se trata del ya fallecido José Aguilera Triguero, teniente de la Guardia Civil en aquella época, aunque acabaría jubilándose como coronel. Él fue el iniciador del boom. Se acercaba a los jóvenes de la localidad, les animaba a ingresar en el cuerpo, los formaba, les echaba una manita. Los mozos de Molvízar trabajaban de peones de albañil o lo que fuera por el día y asistían de noche a las clases de preparación que Aguilar Triguero altruistamente les impartía.
Antonio González (con tricornio), de 85 años, pertenece a las primeras promociones de guardias civiles de Molvízar. José Antonio Venegas (dcha.) es policía nacinal.
Prácticamente todos lograron el ingreso, prosperaron. Sus hijos siguieron el ejemplo y ser guardia civil -o policía más adelante- se convirtió en una tradición que en algunas familias se prolonga por tres generaciones. «Ahora entran menos porque hay menos plazas y opositar es más complicado», explican anunciando que el fenómeno está en declive.
Salvo Francisco Silvestre Morales, quien sólo ha pisado Euskadi «para recoger compañeros muertos», todos los presentes han tenido destino forzoso allí. No entran en honduras si se les pregunta por ello: «Todo el día con la pistola en la mano», sintetiza la experiencia José Espinosa, quien estaba en Irún en 1968 cuando ETA firmó su segundo asesinato, el del comisario Melitón Manzanas, tiroteado precisamente en esta ciudad fronteriza con Francia.
Es más generoso en detalles si la historieta a contar tiene tintes cómicos: «Nos ocurrió una anécdota muy buena: cuando comenzaron las pancartas de ETA, eran pancartas con la ikurriña [durante el franquismo la bandera fue prohibida y duramente perseguida su exhibición] y empapelaron todo el Paseo de Colón [en Irún] con banderas. Nosotros pensábamos que era un anuncio de detergente. ¡No sabíamos ni cómo era una ikurriña! Hasta que a los dos meses nos dimos cuenta: "¡¡Quitad esas banderas!!". Hasta el mozo de la frontera llevaba una pegada en el coche».

NINGÚN CAÍDO EN ACTO DE SERVICIO

En Molvízar se vanaglorian de que, pese a ser tantos, ninguno ha caído en acto de servicio. Sólo se recuerda la lejana muerte de un teniente de la Guardia Civil a manos de un bandolero a finales de los 40; un policía nacional fue herido en un atentado de ETA en Basauri, a otro le quemó la cara un cóctel molotov... Y José Antonio Espinosa, aquí presente, esquivó milagrosamente en 1991 el atentado a la casa cuartel de Vic, que se saldó con 10 muertos -cinco menores- y 44 heridos. «Sólo me quedaba un día allí, porque ya me venía trasladado a Granada. Había acabado a las dos de la tarde y me fui a Barcelona a despedirme de unas amistades. En el camino pusieron el coche bomba. Santa Ana me dijo: "Vete a Barcelona". Y me salvó».
Santa Ana es la patrona de Molvízar y es tal la devoción que le tienen los agentes que todos los 26 de julio -su día- guardias civiles y policías se dan codazos en la iglesia parroquial por cargar la imagen en la procesión. Fue precisamente un día de Santa Ana, de 1995, el elegido para llevar a cabo el mayor homenaje que los agentes han recibido en Molvízar: hubo una comida multitudinaria y hasta tocó la banda de la Guardia Civil. De esa fecha viene el mencionado recuento de 522 agentes.
Más tarde, en 2006, se cayó en la cuenta de un enorme vacío. «Que el tercio de Molvízar, como digo yo, no tuviera una imagen en la iglesia de la patrona de la Guardia Civil...». El que habla, Francisco Silvestre Morales, y el también guardia civil Manuel Venegas se pusieron manos a la obra. Escribieron a 200 compañeros guardias civiles y pidieron 65 euros a cada uno. Recaudaron más de 12.000. Ahí está hoy la virgen del Pilar en el lateral izquierdo de la iglesia del pueblo de los tricornios.
No queda espacio para detallar las andanzas de Salvador Béjar en la frontera de Melilla, Argelia o Rumanía; la tensión que vivió José Antonio Venegas el 23-F a las puertas del Congreso; el tembleque de José Antonio Espinosa cuando en su quinto día de servicio se le apareció en su puesto el rey Balduino, quien estaba haciendo footing en la playa: «"A la orden, su majestad, sin novedad en la garita". Al quinto día, dando yo novedades a un rey...». Los dejamos charlando de su pasado uniformado en el bar de la sede del PP de Molvízar. Hay vino de la tierra sobre la mesa, la tapita de migas, el boquerón.
http://www.elmundo.es/sociedad/2017/01/30/588b3c69468aebc3148b460e.html

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