jueves, 12 de enero de 2017

Las víctimas de ETA, un dolor que no prescribe

Las familias de Antonio y Hortensia describen un calvario que tras 40 años no les deja vivir en paz: «Es como el primer día»


Diego Ramírez, guardia civil en la reserva, conserva el Renault 5 en el que su único hermano, Antonio, y la que se iba a convertir en su cuñada, Hortensia, fueron ametrallados hace 38 años. «Solo lo uso para llevar a mi madre, que tiene 90 años, al cementerio, porque es el único coche en el que no se marea», relata a ABC.
El sentimiento de abandono de muchas víctimas se resume en el hecho de que su padre, que también era guardia civil, «tuvo que pagar de su bolsillo la reparación del coche, y el chapista aún encontró alguna bala».
Diego, que siente «el mismo dolor que el primer día», se va a personar en el caso recién abierto en la Audiencia Nacional, después de que la hermana de Hortensia, Aurora González, diera el primer paso, de la mano de la Fundación Villacisneros, para presentar el recurso.
Aurora lleva 38 años tomando pastillas para los nervios. «Nos enterraron en vida», dice apenada. «Mi padre murió ocho años después diciendo mi niña mi niña, y mi madre, que falleció hace ahora nueve años, ni siquiera pudo ir a las bodas de mis hermanos porque no soportaba ver a sus seis hijos juntos sin Hortensia», continúa el relato.
«Desde el atentado no ha habido Navidades en mi casa. El día de Reyes es mortal. Llegando noviembre, ya me pongo mala», remacha.
Llama la atención que a las familias de Antonio y Hortensia no les dijeron «nada de nada» de la investigación. En los años de plomo de ETA había tal número de atentados que muchos de ellos se cerraban con unos sumarios judiciales de apenas cinco folios.
http://www.abc.es/espana/abci-victimas-dolor-no-prescribe-201701120218_noticia.html

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