viernes, 24 de febrero de 2017

El drama que no cesa

No se puede seguir mirando hacia otro lado cuando hay vidas humanas en juego, y menos cuando se tiene la responsabilidad legal de velar por las condiciones profesionales de unos trabajadores y trabajadoras.




Por
Juan Fernández

Y es que hemos vivido una semana trágica en la Guardia Civil, donde tres agentes han decido poner fin a su vida. Una fuliginosa estadística que convierte en lacra este problema de salud pública y pone al descubierto la cara oculta de la Guardia Civil.

Este problema de salud pública le ha costado la vida a más del doble de guardias civiles que los atentados de la banda terrorista ETA.

Hablamos de un asunto interno, que no trasciende a la sociedad. Los guardias civiles están preparados para combatir el terrorismo, perseguir delincuentes, detener a maltratadores, y socorrer a quien lo necesite y donde lo necesite; pero le resulta difícil afrontar un problema interno, y es que es la propia institución quien ha de ser capaz de generar cauces y medios para atender este problema, repetimos, de salud pública.

Así se lo hizo saber, hace ahora nueve meses, la Asociación Unificada de Guardias Civiles -AUGC- en un escrito dirigido al Ministerio de Sanidad y en infinidad de ocasiones al Ministerio del Interior.


Allá por el año 1994 la tasa de suicidios en la Guardia Civil era siete veces superior a la de la población en general.

No es hasta el año 2001 cuando se pone en marcha el I Plan de Prevención de Conductas Suicidas, con un lento desarrollo que culmina en 2004 con un despliegue de psicólogos en el Cuerpo y que permite aprobar el II Plan de Prevención en el año 2005.

Estos planes han conseguido que descienda el número de casos, pero aún están muy lejos de alcanzar cifras satisfactorias.

Y es que quizás el problema empieza en su raíz, ya que este gabinete de psicólogos lo componen miembros del cuerpo con graduación, cuando lo adecuado sería contar con profesionales externos, que ajenos a los principios de jerarquía y disciplina, puedan ejercer de una manera más eficiente para acompañar a los agentes que sufren bajas psicológicas o a los afectados por causas derivadas del ejercicio de la profesión policial desarrollada como guardias civiles.

Para finalizar, cabe recordar las preguntas parlamentarias realizadas en el año 2012 al Gobierno y que se encuentran de plena actualidad, esperando su transformación en hechos. Porque, como decía al comienzo de este humilde artículo, no se puede mirar para otro lado cuando hay vidas humanas en juego:

“-¿Tiene el Gobierno intención de modificar y actualizar los Protocolos de Alerta y Prevención de conductas suicidas?

-¿Tiene el Gobierno algún estudio que identifique las causas del elevado índice de suicidios? 

-¿Piensa el Gobierno contar con las Asociaciones representativas de los intereses de los Guardias Civiles a la hora de elaborar y tomar en consideración cualquier tipo de actuación tendente a resolver la problemática en el funcionamiento interno de la Guardia civil, que da como resultado el elevado índice de suicidios y tentativas entre los Agentes?”

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