miércoles, 10 de mayo de 2017

LA GUARDIA CIVIL

En medio del torbellino desencadenado por la corrupción política y empresarial que tanto empaña nuestra convivencia democrática, seguramente sólo los delincuentes se acuerdan de la Guardia Civil que con tanto acierto vela por nuestros intereses colectivos y persigue sus estratagemas deleznables.


DIEGO CARCEDO
Antes los ciudadanos de a pie huían de la presencia de la pareja que, tricornio en la cabeza y mosquetón en ristre, amenazaba su libertad y su inteligencia, pero ahora sólo los terroristas y los corruptos tienen razones y motivos para temerles, para evitar su presencia y para recibir sus visitas con desazón. La Guardia Civil es el gran peligro que amenaza su afán.
Quizás esté llegando el momento de tener un reconocimiento para este cuerpo, tan vituperado a menudo, y no siempre sin razón. Pero las cosas cambian: ahora a la Guardia Civil la tenemos arriesgando sus vidas lo mismo buceando en busca de cadáveres que trepando en el vacío por una roca cuando se trata de salvar a un montañero. Pero para mí, el cambio más elocuente sobre la imagen de la Guardia Civil lo están propiciando las investigaciones y denuncias que en estos últimos años viene realizando sobre la corrupción en sus diferentes modalidades.
Sus éxitos en tan difícil empeño son antológicos. Dejando de lado las presiones y cortocircuitos a que probablemente se verá sometida con frecuencia su actividad -casi siempre enfrentada con los intereses espurios de ciudadanos poderosos-, es admirable la eficacia, la constancia y perspicacia con que consiguen descubrir los entramados económicos, financieros y fiscales en que organizaciones y personas astutas, ambiciosas e imaginativas se empeñan para forrarse ilícitamente a cuenta de los demás. La escasez de medios y sus propias dificultades familiares para llegar a fin de mes no les retrae en su difícil empeño.
Seguir las tramas del dinero furtivo, penetrando en los entramados societarios internacionales, expurgando en los secretos bancarios, descubriendo los trapicheos de los testaferros y buscando pruebas sobre los tapujos encubiertos de los paraísos fiscales, superando las barreras de los idiomas, de las complicidades y de las claves secretas, atando cabos entre las sospechas y poniendo a prueba capacidades excepcionales en el manejo de la tecnología informática, es una actividad global admirable, realizada en el anonimato y, además, mal pagada.

«¿Qué coño es eso de la UDEF?», dicen que preguntó airado Jordi Pujol cuando le preguntaron por las dudas que despertaba su fortuna oculta en Andorra y Suiza. Pues la UCO y la UDEF, que al final vienen a ser lo mismo, son equipos de hombres y mujeres uniformados de verde que a base de esfuerzo nos están proporcionando el impagable servicio público de descubrir a quienes estafan a la Hacienda Pública, cohechan y roban a la sociedad, para que purguen sus culpas, devuelvan los botines ilícitamente adquiridos y evitar de paso que otros les imiten.

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/201705/10/guardia-civil-20170510003719-v.html

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