domingo, 24 de septiembre de 2017

El día más duro de Junqueras: "Colaborad con la Guardia Civil"

Cuando Oriol Junqueras entró en su Departament azorado y con ganas de ver a sus amigos y colaboradores detenidos, un agente de la Guardia Civil le interceptó: "identifíquese por favor". O acreditaba que trabajaba allí o no podía pasar en ese día 20 en que se estaba procediendo a detener a altos cargos y registrar despachos en el edificio de la Vicepresidencia de Economía de la Generalitat.





No hizo falta que exhibiera su DNI, porque el teniente de la Guardia Civil al mando reconoció, cómo no, al vicepresident y ordenó que se le dejara pasar. Fue el día más duro de Junqueras en el que vivió personalmente el peso del Estado en sus propias dependencias y apenas pudo estrechar la mano de su directo colaborador, el secretario de Hacienda detenido Josep Lluís Salvadó. La Guardia Civil no permitía que Salvadó mantuviera contacto con nadie mientras se registraba su despacho. De su otro amigo y directo colaborador, el secretario general investigado por sedición, Josep María Jové, no había rastro desde que el chófer llamó a secretaría avisando de que se lo acababa de llevar la Guardia Civil en plena autopista.
Al entrar en su sede, Junqueras aconsejó a los trabajadores que le preguntaban que cooperasen. "Colaborad. Haced lo que os pida la Guardia Civil, está haciendo su trabajo, paciencia". Una cosa son sus soflamas públicas llamando al pueblo contra el Estado y otra lo que dice en privado a sus subordinados para que no se la jueguen ante jueces y fiscales. Ya dos días antes, el lunes, había autorizado a su interventora general, Rosa María Vidal , a reanudar los informes semanales para que la funcionaria no fuera llevada a la Fiscalía por Cristóbal Montoro. También prescindió de Jové el viernes para intentar evitarle la multa de 12.000 euros diarios del TC.
Lejos quedaba aquella conversación meses atrás en el mismo edificio con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando Junqueras era el hombre con el que se podía hablar. Ella y él habían pedido a sus jefes de gabinete que les dejaran solos y allí estuvieron juntos durante dos horas sin testigos en un encuentro del que sólo se sabe que la vicepresidenta le advirtió de buenas que el Gobierno haría todo por impedir el referéndum y el vicepresident, que harían todo para que se celebrara. Soraya sí le ofreció soluciones en la conversión de deuda de corto a largo y otros instrumentos de alivio de la Tesorería de la Generalitat. Junqueras no dejaba de ser el futuro, el interlocutor tras el 1-O una vez superado Carles Puigdemont, pero esta semana "algo se ha roto", afirman en el entorno del catalán. "Una vez desarticulada la logística esencial del referéndum, tenemos un serio problema de interlocución para después", admiten en el Gobierno. "No hay mediadores ni diálogo secreto en este momento. Todo está roto", aseguran.
La Guardia Civil ni tocó el despacho del vicepresident y el Gobierno siempre contempló centrar el fuego de la inhabilitación sólo sobre Puigdemont, pero Junqueras ha quedado tocado y no deja de ser, como mínimo, el jefe de presuntos sediciosos. Aunque al final lograra evitar la inhabilitación o el procesamiento, Junqueras ya no puede ser el pactista. El único subidón que tuvo el miércoles fue cuando dejó el edificio entre vítores de los independentistas y abrazos de Carme Forcadell. Él ya no puede fallar al separatismo: o independencia o nada.
La concentración de apoyo en esas largas horas fue impresionante. Sería miope decir que allí sólo había radicales o borregos desinformados y no querer ver a personas de todas las edades y clases sociales unidas por una ilusión, un sentimiento que escapa a cualquier análisis racional de prosperidad, pero que está ahí y, aunque no sea mayoritario, es relevante y hay que afrontarlo necesariamente tras el 1-O con inteligencia. «El Gobierno debe hacer una oferta de diálogo y soy pesimista, no hay interlocutores», afirma el jefe de un gran grupo catalán del Ibex.
El conseller de Economía, Santi Vila, ha venido multiplicando contactos en el poder económico catalán defendiendo moderación y está bien visto en el Ibex catalán para el futuro. También se ha movido en estas esferas de influencia la presidenta del PDeCAT, Marta Pascal. En Madrid, el portavoz Carles Campuzanotambién modera el tono. En el Ibex catalán cierran filas por completo con Rajoy, pero quieren que éste se mueva tras la fallida consulta.
Mientras, Junqueras alerta ahora de que el cierre de caja de Montoro puede generar recesión, porque la Generalitat dejará de estimular la economía catalana con subvenciones. Lo que hay que oír.

http://www.elmundo.es/economia/2017/09/24/59c57149ca474176158b465c.html

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