domingo, 24 de septiembre de 2017

El gesto gentil de un mosso hacia un guardia civil

Entre la irritación colectiva se ve de vez cuando un gesto bonito y también hay que reseñarlo. Estábamos paseando Andrea y yo por Barcelona. Pasear por Barcelona estos días requiere de planificación: ¿nos acercamos a curiosear en alguna manifestación o pasamos? Decidimos que no nos apetecía ruido, así que nos fuimos hacia los barrios sin más bandera que los carteles de las carnicerías.

En Barcelona no es habitual que la gente se pare a hablar de política por la calle. Frente a la costumbre de los madrileños de comentar las jugadas de los parlamentarios como quien se queja por el fuera de juego injusto que pitaron a Cristiano Ronaldo, el barcelonés reserva la política para el salón de la casa o para el reservado del restaurante, y expresa sus puntos de vista entre los amigos de confianza. Pero estamos viviendo días tremendos. El paseo estaba salpicado de fragmentos cazados de discusión. Seguíamos caminando.
Google Maps tendría que habilitar una función para el paseante que está un poco saturado de política. No previmos que estábamos yendo parar delante del cuartel de la Guardia Civil de la calle Travessera de Gràcia. Durante la paz se te olvida el emplazamiento de los lugares que serán zonas calientes cuando la tensión haya aumentado.
En la ciudad condal no es habitual que la gente se pare a hablar de política por la calle. Pero estamos viviendo días tremendos
En ese cuartel permanecían detenidos hasta ese día algunos de los 14 investigados por sedición y desobediencia, un botín de la Fiscalía que en buena parte de Barcelona se entendía como un secuestro. En la acera de enfrente del cuartel había un montón de cámaras de la tele y aproximadamente veinte jóvenes con esteladas. Un agente los miraba desganado desde la puerta del cuartel, con el fusil en las manos. Nos paramos a curiosear.
Y empezaban a pasar cosas. Cada tantos coches que pasaban, uno pita. Entonces los manifestantes gritan independencia y jalean. También pasa una moto claveteada de banderas esteladas y con una urna de cartón colocada en el maletero, muy del gusto de los manifestantes. De vez en cuando también le gritan algo al guardia civil parapetado en la puerta. Los periodistas esperan a que salga por la puerta alguno de los detenidos, algún abogado, alguien con pinta de guardarse un titular para las cámaras de televisión.
Efectivos de los Mossos se interponen este entre manifestantes de la CUP que protestaban ante la comandancia de la Guardia Civil en la Travessera de Gràcia. (EFE)
Efectivos de los Mossos se interponen este entre manifestantes de la CUP que protestaban ante la comandancia de la Guardia Civil en la Travessera de Gràcia. (EFE)
Pasa otra cosa: todos los 'indepes' están a la derecha de las cámaras, y a la izquierda hay un 'skinhead' joven con sus padres. La madre llevaba una bandera de España atada al cuello y el padre viste una camiseta de la legión. Indepes y adversarios se ignoran, coexisten. Cada uno ha venido a hacer una cosa distinta a este cuartel. Unos aplaudirán cuando salga un detenido y los otros lo abucherán. El enjambre de cámaras y micrófonos dará a toda España buena cuenta de lo sucedido. De nuevo hay que tirar de fútbol. Un pequeño estadio político con sus respectivas hinchadas cada pocas calles. Así está Barcelona a pocos días del referéndum.
El caso: de pronto llegan dos mossos de esquadra. Vienen caminando lentamente por Travessera y aminoran el paso cuando se aproximan a la puerta del cuartel, de la que sale un segundo guardia civil. La hinchada indepe se muestra confundida al principio. Se oye algún abucheo aislado, pero en general el público espera. El 'skinhead' grita: ¡viva la Guardia Civil! sin obtener ninguna clase de respuesta.
Primero corean el ¡votarem, votarem! que se ha convertido en el himno de estos días, y luego vuelven al clásico ¡i-inde-independencia!
Los mossos de esquadra se cuadran ante los guardias civiles. Se dan la mano. Se ponen a charlar amistosamente, como si llevaran todos el mismo uniforme. Entonces se calientan los ánimos entre la hinchada indepe. Primero corean el ¡votarem, votarem! que se ha convertido en el himno de estos días, y luego vuelven al clásico ¡i-inde-independencia! Canto ronco en canon.
Es el momento ideal para lucirse, así que un cojo que se mueve apoyándose en un par de muletas roñosas se para junto a la puerta del cuartel y, buscando la complicidad de la hinchada 'indepe', grita uno de los nuevos cánticos que nos ha dejado la semana: ¡no us mereixeu la senyera que porteu!, es decir, “no merecéis la senyera que lleváis”, una acusación dedicada a los mossos, a los que los jóvenes de la izquierda nacionalista consideran ahora conspiradores y colaboracionistas con el enemigo.
Manifestación en protesta por las detenciones efectuadas. (EFE)
Manifestación en protesta por las detenciones efectuadas. (EFE)
Bien, esto ha ido demasiado lejos, parece pensar uno de los guardias civiles, que se encamina hacia el cojo. Pero entonces tiene lugar ese gesto gentil que me ha puesto a escribir esta pequeña crónica sin importancia: uno de los mossos le para, cogiéndolo del brazo, y le susurra algo. Hace un gesto a su compañero y van los dos mossos a hablar con el cojo, que sigue gritándoles arropado por la hinchada de la acera de enfrente. Lo rodean, le ponen la mano en el hombro, le hablan calmados. El cojo duda un momento. La hinchada acusa. El cojo asiente y se larga manso de allí. Saluda antes a su hinchada, que le despide con una ovación.
Los mossos vuelven a colocarse junto a los guardias civiles, que parecen agradecidos. Mi mujer y yo nos vamos a casa, pero yo me quedo pensando en ese pequeño gesto de gentileza que he visto, en ese mosso que se ha ofrecido a calmar a un exaltado para evitarle al guardia civil el trámite y el bochorno. Y he pensado que valía la pena contarlo.

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