sábado, 7 de octubre de 2017

Carta abierta de un diputado guardia civil: nuestro odio sería su victoria

Siento tristeza, y siento una enorme congoja por lo que estamos viendo estos días. Llevo más de 23 años de servicio en la Guardia Civil, diez de ellos en Cataluña y con un hijo nacido allí, y jamás podría haber imaginado unos sucesos tan bochornosos para los que vivimos y amamos este país. El contraste de noticias, fotos y vídeos que inundan estos días nuestros móviles y redes sociales, tratan de apuntalar un único relato con héroes y villanos. Reducir problemas complejos a historias de indios y vaqueros tiene sus riesgos, y puede servir para desviar problemas mayores e incluso ocultar a sus principales responsables. Y eso sólo logra generar frustración y alimentar sentimientos de intolerancia y odio.

Detrás de esos sucesos que inundan la boca de políticos irresponsables, hay familias, familias que hoy tienen miedo: familias catalanas que se sienten españolas, familias catalanas independentistas, familias de trabajadores de la Guardia Civil y la Policía Nacional, familias al fin y al cabo. Y yo les quiero decir que no, que no están solos, que están arropados. Los miles de trabajadores de la Guardia Civil y de Policía Nacional los han mandado a Cataluña sin un plan concreto ni fecha de retorno, sin indicaciones claras. A ello hay que sumar el acoso al que han sido sometidos y las condiciones lamentables en las que trabajan. A todos ellos les dice un compañero que hoy es diputado, que creo que las cosas pueden ser de otra manera: sí se puede ser guardia civil y defender los derechos de los catalanes, y se puede hacer y al mismo tiempo vivir en una Cataluña en paz. Pero para eso se necesita política, porque las leyes las hacen los políticos, y los trabajadores públicos ejecutan y las padecen.

Hay que exigir a quien gestiona, quien toma la decisión,porque al fin y al cabo termina por condicionar nuestras vidas: la cama ruinosa en la que hoy duerme un policía nacional en Cataluña; los horarios interminables sin horas extras que tienen mis compañeros allí destinados; la decisión de cargar, de desplazar efectivos. Todo ello tiene nombres y apellidos: la falta de derechos, la irresponsabilidad política. Por eso muchos en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hemos luchado desde el asociacionismo por garantizar los derechos de las personas que conformamos las instituciones mejor valoradas hasta ahora por los españoles. En ese tiempo, he sufrido más de 18 expedientes disciplinarios, por lo que he podido entender en mis propias carnes lo que implica levantar la voz, exigir, trabajar por mejorar tu día a día, y el de tus propios compañeros. Y hay algo que he aprendido: fíate de los que quieren que duermas en una cama decente, de los que quieren que tengas un sueldo digno, que garanticen jornadas laborales para que te despiertes con tu mujer y tus hijos; y no te fíes nunca de aquellos que quieren una foto contigo y no cumplen jamás.

Las imágenes del domingo no me gustan, no me gusta ver a mis compañeros entre la espada y la pared. No me gusta que se haya mandado a Cataluña 10.000 efectivos sin ningún plan, sin pago de horas extra, sin turnos, mientras se han recortado sistemáticamente partidas para ampliar plantilla, para mejorar nuestras condiciones. La gente está harta de ser usada. Como diputado de Unidos Podemos por Cádiz he trasladado nuestras reivindicaciones al Congreso: equiparación salarial, mejora de material, derecho a estar sindicado. Y hoy, aquellos que nos niegan esos derechos, nos instrumentalizan. No en nuestro nombre. Porque las imágenes lamentables del domingo no pueden ser usadas para una campaña electoral. Por nadie. Los trabajadores reciben órdenes de Rajoy y su delegado del Gobierno en Cataluña, y del propio juez Romero de Tejada; ambos son quienes dan la orden de cargar y coordinan la actuación de los efectivos. No se les ha visto, no se les ha mencionado. Tampoco han aparecido en medios de comunicación las quejas de mis compañeros, hundidos, pidiendo que al menos los máximos responsables de la Policía y de la Guardia Civil hicieran acto de presencia allí. La situación creada el 1-O es intolerable, y al mismo tiempo innecesaria, pues podría haberse afrontado de otra manera.

Me siento orgulloso de formar parte de un proyecto político que ha apostado por la concordia y no por el enfrentamiento, por el diálogo y la necesidad de tender puentes que han dinamitado conscientemente el Gobierno y la Generalitat. Siempre he creído en las reglas democráticas más básicas: respetar a las minorías, a las voces que discrepan contigo. Por eso queremos que los catalanes hablen, que se expresen. Yo soy español, pero también soy andaluz, y lo digo porque en mi tierra se ha votado un referéndum de Autonomía, por cierto, el primero que se votó por esa vía. En Cataluña las cosas se han hecho mal, fatal. Votaron en 2006 a favor de su Estatut, que luego fue echado atrás por las firmas del PP que motivaron las sentencias del Constitucional en su contra. El mismo partido, el PP de Rajoy, que está desaparecido allí, que aparece sólo para proponer un plan para incendiar Cataluña o para hacerse una foto. Puigdemont se parapeta en el procés, esperando que el ambiente se caldee, y sacar rédito político. No podemos con más pirómanos en este país.

Necesitamos tener un proyecto en el que integrar a todos, a todos los ciudadanos y pueblos de este país. La Mesa de partidos por la libertad, la fraternidad y la convivencia pretende ofrecer una salida al callejón sin salida en el que estamos. La propuesta de mediación que de allí ha salido este miércoles —a falta de días para que anuncien una declaración unilateral de independencia, que nunca apoyaría Podemos— es la vía sensata para encauzar la situación. Llevamos tiempo indicando que el único camino para la convivencia entre españoles es el diálogo político, dialogar ya. Hay que hablar, escucharse, y encontrar puntos en común, y por eso ya pusimos sobre la mesa una solución pacífica, negociada entre Gobierno y Generalitat. Esa postura pretendía evitar el choque de trenes que se estaba atisbando y que, tristemente, desde el domingo es una colisión en toda regla que aún se puede evitar.

Las consecuencias de este choque tienen efectos perversos porque se está tratando de fracturar a la sociedad, y los responsables directos de lo sucedido —Rajoy y Puigdemont—, se están haciendo mutuamente el juego al ocultar otros problemas de nuestra sociedad. No se ve al marido de Cospedal cobrando comisiones ilegales con el hijo de Pujol, eso se tapa con una bandera. Así, esconden detrás de flamantes banderas la abundante y rebosante corrupción y sus recortes, mientras son otros –muchos amigos y compañeros–, los que están sufriendo las consecuencias de millones de euros en recortes y la ira de una población catalana que no entiende las medidas coercitivas. Ni los que reivindican el derecho a decidir en Cataluña son violentos, ni las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son responsables de lo sucedido por obedecer las órdenes que les trasladan sus mandos. Me refiero tanto a los mandos de la Guardia Civil, como de la Policía Nacional y los Mossos d'Esquadra. Todos.

Los verdaderos patriotas, los que queremos a España unida en fraternidad somos más que los que se han metido en esos dos vagones en el que solo existen buenos y malos. Que no nos dividan los de arriba, mientras se siguen haciendo el juego, y sintámonos orgullosos de nuestra pluralidad. La España del siglo XXI ha aprendido que el diálogo y la democracia son el único camino. Nuestro odio, sería su victoria.
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Juan Antonio Delgado Ramos es diputado de Unidos Podemos-En Comú-En Marea

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2017/10/07/carta_abierta_diputado_guardia_civil_nuestro_odio_seria_victoria_70399_2003.html


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