domingo, 15 de octubre de 2017

El hipócrita y peligroso civismo de los dirigentes independentistas

Las mentiras, medias verdades y, en algunos casos, la ignorancia más flagrante enturbia el devenir del conflicto que vive nuestro país en relación con Cataluña. 
Los Mossos d'Esquadra en una concentración frente a la Caixa del 15-M en La Diagonal. (EFE)


El acoso a la Policía Nacional y a la Guardia Civiltras las injustificables cargas sucedidas en algunos puntos donde se colocaron urnas fuera de la ley, y la beatificación de los Mossos por evitar cualquier acción que cumpliera el mandato judicial se contradicen fácilmente echando la vista atrás.
En el histórico 15-M de 2011, el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se enfrentó a la difícil decisión del desalojo de la Puerta del Sol de Madrid ante la jornada de reflexión del día 21. Se optó por la inteligencia y se hizo la presión mínima para que fuera el paso de los días el que levantara la acampada. Los que por allí paseamos no olvidamos la fila de furgones de la Policía Nacional aparcados bajo el famoso reloj que preside la plaza, con decenas de antidisturbios con la actitud de siempre: preparados para cumplir órdenes.
Ellos no las recibieron en esta ocasión, todo lo contrario de lo ocurrido en aquellos históricos días en la segunda capital de España. El 'conseller' de Interior del Gobierno catalán, Felip Puig, tomó la drástica decisión de desalojar por la fuerza la plaza de Catalunya, en el día en el que, casualmente, el FC Barcelona iba a celebrar un título. Las imágenes de las cargas policiales todavía estremecen al ser revisadas. Los Mossos, por otra parte, un cuerpo con varias polémicas por el uso exagerado de la fuerza en los últimos años, convirtieron la plaza en un escenario de terror para unos jóvenes abrumados ante esa fuerza desmedida. Tanto es así que los hechos acabaron denunciados y juzgados.
Es una falacia que la democracia es incompatible con la violencia. Lo que sí la diferencia de regímenes totalitarios es que la violencia en democracia está bajo supervisión del pueblo. Solo se puede usar bajo el amparo de la legalidad y usarse en momentos más que justificados. Eso no quita para que siempre que se usa resulte controvertido, porque siempre se roza la línea que separa el orden que tratan de proteger y donde se engloban todos los derechos civiles del abuso y el quebrantamiento de los mismos.
Es importante que las sociedades avanzadas valoren cada vez más la paz y el rechazo de la violencia como un objetivo ideal que facilite la convivencia. Pero esto no puede llevar al pensamiento naif de que se puede erradicar el uso de la fuerza. Los policías especializados en antidisturbios, sin duda, tienen capacidad y determinación para hacer daño. La mayoría de los ciudadanos seríamos incapaces de empuñar una porra y golpear a un desconocido como parte de nuestro trabajo. Sin embargo, es necesario para el sistema democrático tener estos números especializados. Aunque, al igual que ocurre con los ejércitos de Estados democráticos, la verdadera clave de su existencia es la preservación de los valores, libertades y derechos democráticos. Es de los conceptos más contradictorios del orden constitucional, pero la democracia debe ser capaz de protegerse a sí misma de los males que la amenazan.
Por eso es tan injusto para con nuestra historia escuchar estos días hablar de represión o estado policial. Por supuesto que la estrategia de las Fuerzas de Seguridad del Estado el pasado 1-O fue más que desafortunada, muy reprochable. Requería inteligencia política y estratégica, algo que el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, y la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, demostraron no tener. Pero los errores de este tipo, en democracia, se pagan. Y al igual que en el 15-M con los Mossos, los hechos deben ser denunciados ante un tribunal por los heridos o por asociaciones, los policías que se sobrepasaron, juzgados, y los políticos implicados deben rendir cuentas. Y hay un itinerario de recursos que lleva hasta la Unión Europea para garantizar la limpieza de las sentencias. Así que, para dejar de atacar la más elemental de las inteligencias, se agradecería bastante dejar de oír términos como estado fascista, fuerzas de ocupación, etc.
https://blogs.elconfidencial.com/espana/tribuna/2017-10-15/referendum-cataluna-civismo-dirigentes_1460866/

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