viernes, 20 de octubre de 2017

Los guardias civiles asturianos en Cataluña: «Lo cansado es esperar y no saber a qué se espera»

Los agentes que marcharon de Gijón y Oviedo que llevan casi un mes en un barco en Tarragona empiezan a acusar el cansancio de un servicio para el que no les han dado fecha de cierre



«Hicimos las maletas para unos diez días y llevamos casi un mes. Y lo último que nos han dicho es que no contemos con volver antes de fin de mes. Incluso hay rumores de que no nos iremos hasta mediados de noviembre». Lo cuenta uno de los guardias civiles que desde el 26 de septiembre lleva alojado en un barco en Tarragona. Pertenece a la USECIC (Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia), como otros 59 compañeros de la Guardia Civil de Gijón y Oviedo que llegaron a Cataluña el 21 y 26 de septiembre respectivamente. Son unos 2.000 los agentes (guardias civiles y policías) de toda España que desde entonces se alojan entre tres barcos: dos atracados en el puerto de Barcelona y otro, en el que están los asturianos, en Tarragona.
Desde su llegada a Cataluña han tenido varias 'rutinas' de trabajo. La primera de ellas, a su llegada, consistió en entrenamientos para preparar su presencia en el referéndum independentista del pasado 1 de octubre. Tras pasar ese domingo, su misión hasta el día 4 (había convocada una huelga general por el medio en Cataluña) era la de proteger cuarteles. Desde entonces hasta ahora, con trabajos de vigilancia y prevención, lo único que hacen es esperar. «Eso es lo cansado, esperar. Pero sobre todo no saber a lo que se espera», afirma.

¿Cómo es la vida en el barco? Se trata del crucero 'Azzurra' propiedad de GNV, con diez plantas. Las tres primeras son garajes y en la sexta está la recepción y el bar. Entre la sexta y la décima se encuentran los camarotes y los comedores, donde se alojan dos agentes en cada uno, «salvo los jefes, que están solos». La comida, precisamente, concentra una de las críticas de los agentes. «El menú no ha sido muy variado: pasta o arroz para comer y pasta o sopa de legumbres (lentejas, garbanzos, etc., para cenar). Estamos optando muchos días por comer fuera, pagando de nuestro bolsillo, claro. Aunque nos han dicho que van a renovar el contrato y que se va a mejorar. Veremos», afirma, escéptico.
El ocio en el interior del barco también está limitado. Algunos agentes han llevado televisiones con DVDs para ver películas, porque en el barco hay dos en la cafetería «pero con mala señal». Tampoco el Wifi les permite comunicarse de manera efectiva. «Lo han puesto, pero entre que somos muchos y estamos rodeados de hierro, funciona mal», explica.

Entrenamiento por el puerto

Las salidas del barco son diarias. Muchas de ellas por el propio puerto tarraconés para los entrenamientos, aunque tuvieron que delimitar sus zonas de carrera por las quejas recibidas por estibadores y camioneros. «Es normal. Estamos en un puerto de mucho tránsito de camiones y coches y tenemos que evitar que pueda pasar algo», señala. El resto son a a la ciudad, a conocer Tarragona, a comer y a ver el ambiente que hay por sus calles.
En este tiempo han hablado con mucha gente y se han encontrado con todo tipo de situaciones. Pone el ejemplo del propietario de un local en el que entraron a comprar material y que, mientras había gente en la tienda, prácticamente no les habló, y cuando se fueron les comentó que «la gente ya no habla en público de estos temas». «Lo peor y más triste de todo esto es que esta situación ha dividido a las familias», afirma este agente que también lamenta la actitud de algunos trabajadores de establecimientos hosteleros. «Vamos siempre de paisano, pero claro al ir en pequeños grupos nos identifican. Y el otro día, por ejemplo, en un restaurante, la camarera, nada más que intuyó quienes éramos, se dirigió a nosotros todo el tiempo en catalán. No varió su actitud aunque el contestáramos en castellano. ¿Qué le vamos a hacer? Es triste, pero...», se resigna. Ellos, eso sí, comieron, pagaron y se marcharon con la misma tranquilidad con la que habían llegado.
Los asturianos hacen piña. En realidad, todos los agentes, guardias civiles y policías, que están en el barco hacen piña. Porque quien más o quien menos ha tenido «bajones», o la situación de «espera» le ha generado estrés. Aunque «hemos venido para un trabajo y nos quedaremos lo que nos manden para llevarlo a cabo». Eso no quiere decir, añade, que hubiera algo más de concreción sobre la situación en general. Mientras, sus familias, «prácticamente todos tenemos obligaciones en Asturias», esperan. Quieren que vuelvan ya, pero, al mismo tiempo, «les transmiten muchos ánimos». Sobre todo, cada día, les dicen la misma frase: «No estáis solos».

www.elcomercio.es/politica/guardias-civiles-asturianos-20171020110436-nt.html

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