viernes, 3 de noviembre de 2017

El 'Todo por la patria' de Li, el primer Guardia Civil 'chino'

Nació en Zhenjiang y llegó con 6 años junto a sus padres, que abrieron restaurantes chinos. Antes de ser guardia, se alistó en el Ejército del Aire.
"No tendría problemas en detener a Puigdemont", asegura quien tuvo su primer destino en Cataluña.



Cinco de la tarde del pasado miércoles en un acuartelamiento madrileño de la Guardia Civil. En uno de sus despachos hay un amante de la salsa trabajando en silencio y rodeado de calendarios de la Virgen del Pilar, banderas de España y una gran cruz. Su estantería está presidida por un muñeco de gomaespuma que le regaló un amigo. «En teoría es un calco de mí pero el que lo hizo creo que ni me vio», expresa el agente. El creador olvidó un detalle. Que Li tiene los ojos rasgados y es de origen chino. «Es el único que hay en la Guardia Civil», afirman desde la Benemérita, un cuerpo con 81.416 miembros donde también hay árabes, guineanos o coreanos. «Tenemos más de diez nacionalidades y 1.127 agentes nacidos en el extranjero», indican.
Encima de la mesa de Li está su tricornio. «El mío se hizo en Sevilla. Tuve suerte y no me tocó uno de esos que se fabricaron en China», bromea en referencia a que el Instituto Armado importó en 2008 algunas unidades desde el país asiático para abaratar costes. «Eran de peor calidad y no los volvieron a traer», recuerda Li, que cobra 1.500 euros y se encarga de tramitar los expedientes disciplinarios o las condecoraciones de sus compañeros de la Unidad de Protección y Seguridad de Edificios Públicos (UPROSE). «Le debo todo lo que tengo a la Guardia Civil. Me da el pan de cada día y me siento español al 100 por 100», explica este hombre nacido en la ciudad de Zhenjiang, con DNI español y que ha renunciado hasta a su pasaporte chino.
La madre de Li era camarera y su padre también desempeñaba un empleo humilde. Ambos buscaban una mejor vida y pusieron rumbo a Madrid cuando Li tenía seis años. «Nos vinimos aquí porque vecinos suyos estaban empezando a emigrar a España y hubo efecto llamada. Fue duro», señala el joven en perfecto castellano.
La familia asiática se instaló en el humilde barrio madrileño de Villaverde Alto y abrió dos restaurantes chinos. Li se crió en aquel entorno, pero siempre supo que no quería heredar ese negocio. Él soñaba desde los cinco años con formar parte de un cuerpo armado. «En China veía a los policías y soldados tiesos con sus uniformes y quería ser igual. De pequeño me ponía uniforme y correteaba con la escopeta», rememora Li, que cuando llegó a España no disfrutaba viendo dibujos como el resto de sus compañeros. Su pasión era observar en la televisión a los militares desfilando al ritmo del himno español cada 12 de octubre o los posados de la Familia Real. «Soy muy monárquico, tenemos un rey preparadísimo y con el discurso que hizo contra la independencia se ha ganado a muchos republicanos», cuenta.

Li fue el primer chino de su colegio y de su instituto. También el primer alumno asiático de la Universidad de Jovellanos en Gijón, adonde sus padres se mudaron cuando la crisis les obligó a cerrar sus dos restaurantes en Madrid. En la ciudad asturiana abrieron otros dos. Li decidió aparcar sus estudios de Empresariales en el tercer curso. Aquello no le entusiasmaba y seguía teniendo el gusanillo de formar parte del Ejército. Juró la bandera en 2001 y pasó a trabajar como ofimático en la base aérea de Getafe. Fue el primer chino en alistarse.
Li fue feliz como soldado hasta que el día más negro de nuestra historia reciente le hizo abrir los ojos. Era el 11 de marzo de 2004. A las siete de la mañana, se trasladó hasta la base aérea en bicicleta para abrir sus dependencias. El cabo de guardia tenía la cara desencajada: «Ha habido un atentado de ETA. Hay veinte muertos», le dijo. «Cómo va a hacer esto ETA. Esto es a gran escala», respondió Li. «Yo quería seguir opositando en el Ejército para suboficial, pero aquel día sentí impotencia al no poder hacer nada. Estábamos los militares allí encerrados sin poder casi ni donar sangre y fue cuando me di cuenta que tenía que ser guardia civil para poder ayudar a mi país. Muchos compañeros hicieron lo mismo», confiesa.
Meses después, Li se presentaba a las oposiciones a la Benemérita. Superó todas las pruebas salvo una: la de altura. «En el primer reconocimiento me midieron y no superaba el 1,70 obligatorio. Midieron mal y decían que tenía 1,68. Así que recurrí y en el segundo reconocimiento ya conseguí 1,70», recuerda. Li llegó a la academia de la Guardia Civil de Baeza (Jaén) en 2004 y las caras de extrañeza le rodearon.
«Si me sorprendía hasta a mí, ¿cómo no les iba a sorprender a ellos? Si se sorprenden hasta los chinos cuando me ven ahora uniformado. En la academia me hicieron alguna broma, pero no sufrí racismo. España no es un país racista», cuenta un hombre al que ni siquiera le molestaron los chistes de Torrente. «No me enfadé porque Santiago Segura usó a los chinos para reírse del facha. Hay otros chistes con malicia. Por ejemplo, ¿cómo se dice adiós en chino? No quiero rosas», dice.
En Baeza, Li durmió en un barracón junto a otros 250 jóvenes. Días antes del acto donde iba a recibir el diploma de la academia, EFE anunciaba que un chino iba a ser el primer guardia civil de la historia del Instituto Armado y advertía: «No desfilará hoy con el resto de sus compañeros pues será uno de los que estará de servicio durante las dos horas que dure el desfile». Como sus familiares no iban a verle, pues Li se ofreció a hacer el turno más ingrato y que le obligaba a perderse uno de los actos más importantes de su vida. «Yo fui el que colocó las sillas aquel día, pero nadie pudo tomarme fotos», dice él, que nunca había querido aparecer en medios hasta la pasada semana cuando la Benemérita usó una foto suya en Twitter para mostrar su «multiculturalidad».
El primer destino de Li no fue un plácido cuartel en las Islas Canarias. Fue enviado en el verano de 2005 allí donde ahora sus compañeros son maltratados. A Cataluña. «Si cuando yo estaba en Tarragona el ambiente era hostil, imagínate ahora», dice Li, que sufrió ataques. «Yo en mi Peugeot 306 llevaba la bandera de España y me destrozaron la parte de atrás. Se metieron por debajo del coche y me cortaron todos los cables», rememora el agente, que no entiende que en España haya «complejo» a usar la bandera española. «No entiendo que los minis sí puedan llevar la bandera británica y aquí los Seat León no vayan con la bandera de España. Estaría guapo», dice. Este madridista no comprende que Piqué juegue con la selección cuando «no lo siente» y sufre cuando ve a los guardias padeciendo situaciones de acoso en Cataluña. «Mis compañeros deberían haber contado con más medios. Estos hooligans no entienden que detrás de ese uniforme, hay gente que respira como ellos. Pero la culpa es de Puigdemont por incitarles», manifiesta Li.
El guardia no tendría «problemas en detener» al ex president si «se lo ordenasen y por mandato judicial». «Ya ha dado motivos para entrar en prisión. Luego está el debate de si debemos convertirle en mártir o no», subraya.
-¿Cómo solucionaría usted este conflicto?
-Habría que explicarles a los independentistas los pros de estar en España. Habría que solucionarlo como en una familia. Cuando tenemos un hijo que no quiere ser de la familia, habrá que escucharle y convencerle. A los independentistas hay que tratarles como a los niños. Eso sí, la independencia de Cataluña debería ser votada por todos los españoles.
-En su país de origen lo habrían arreglado de otra manera...
-No es comparable porque aquello es una dictadura.
-¿Los indepedentistas le habrían llamando «español de mierda» como a otros agentes?
-Me habrían gritado el primero porque han entrado en bucle y sólo verían el uniforme. Ni se darían cuenta de que soy chino.
Li se compadece de la situación de los mossos constitucionalistas. «Tengo un amigo mosso y lo está pasando fatal. Está apurando las vacaciones como sea. Yo no podría estar así y abandonaría el cuerpo si existiese la pasarela [la norma que permitiría a los mossos ingresar en la Policía o la Guardia Civil]», señala Li.
El joven de 35 años no aspira a entrar en la Unidad Central Operativa (UCO) que investiga los grandes casos de corrupción. «Algunos compañeros me decían al principio que como era chino pues que tenía que acabar ahí. Me veían como si fuese una especie de espía a lo Jason Bourne. Pero yo soy mucho de casa, me gusta saber a la hora que termino. Lo otro es muy sacrificado y valoro mucho a mis compañeros de la UCO», expresa Li mientras apaga su ordenador. Son las seis de la tarde y al asiático le esperan en su humilde domicilio de Fuenlabrada una fabada, su mujer rumana, y Sofía y Martín, sus dos hijos, para quienes desea un futuro en la Benemérita. «Espero que cuando crezcan se vea con más normalidad. La Guardia Civil es un reflejo de la sociedad y a los agentes extranjeros se les tiene que ver con la misma naturalidad con la que se ven a los médicos extranjeros», afirma Li, que dará siempre todo por España. Su única patria.
http://www.elmundo.es/cronica/2017/11/03/59f4a22222601d36318b4651.html

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