lunes, 11 de diciembre de 2017

La guardia de corps de Puigdemont

No tenían órdenes muy claras, pero sí un elemento en común: eran gente de confianza ideológica. Fueron reclutados a toda prisa mientras otros compañeros suyos se daban de baja. La Brigadilla Saumell iba a ser la última línea de defensa del gobierno independentista. | Sigue leyendo.

No tenían nombre oficial, pero entre los Mossos d’Esquadra se les llamaba “Brigadilla Saumell” por quien fue colocado al frente. El inspector Josep Saumell, que había sido jefe del área técnica de la policía autonómica catalana –encargado, por ejemplo, de aprobar el diseño de los nuevos uniformes–, pasaba a mandar la última línea de defensa de la Generalitat independentista.
Eran días de tensión en el seno de los mossos. Los mandos más cercanos al mayor Josep Lluís Trapero preveían que se iba a producir un aluvión de bajas de cara a la jornada, 10 de octubre, en que Puigdemont debía aclarar si convertía a Cataluña en “un estado independiente en forma de república”. Así lo verbalizó en el pleno del Parlament para, nueve segundos después, suspender esa declaración. Y no se equivocaron los jefes: para ese día 10 ya estaban de baja cerca de 40 agentes de la Brigada Móvil (BRIMO), casi dos unidades completas de mossos antidisturbios. 
Para cubrir esa eventualidad, la prefectura de los mossos –se desconoce quién en concreto– encargó la selección de 49 policías, tres mandos intermedios y un jefe, Saumell. Todo su equipo tendría cercanía ideológica al soberanismo. 
La mayoría de estos agentes seleccionados fueron reclutados en unidades administrativas de Egara. Así se conoce a la sede central de los Mossos, en Sabadell. Algunos vestían el uniforme por primera vez después de mucho tiempo trabajando de paisano. El grupo recibió un apresurado cursillo de tres días.
Aquel día de proclamación y suspensión de la república catalana, fueron desplegados como círculo policial más próximo al Parlament. Oficialmente, para custodiar al president y los consellers si una multitud agitada por la CUP u otras fuerzas radicales intentaba entrar en el edificio; pero fuentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado no han descartado que la brigadilla pudiera recibir la orden de resistir un primer momento la entrada de los GRS y las UIP, los antidisturbios respectivos de la Guardia Civil y la Policía Nacional, aunque “con toda seguridad se habrían apartado”, aclaran. 
Un dispositivo de casi 300 agentes –como desveló interviú el pasado 13 de noviembre– estaba preparado para tomar la sede parlamentaria si Carles Puigdemont y sus consejeros se atrincheraban dentro contra una orden de detención. Los mossos de la BRIMO que estaban a las puertas del Parque de la Ciutadella de Barcelona, donde se alza la sede del Parlament, fueron advertidos severamente de que debían apartarse si entraba en acción el operativo del Estado. Pero esos mossos no mandaban sobre este equipo de confianza. 
Demasiados obstáculos
La Brigadilla Saumell ha sido desmontada a finales de noviembre, al tiempo que avanzan las investigaciones en diversos juzgados dentro y fuera de Cataluña sobre la acción (o inacción) de los mossos ante el intento de referéndum del 1-O. Cerca de 3.000 agentes que estuvieron en activo ese día están sometidos al escrutinio judicial. Y más estrechamente 41 policías que aparecen en fotos y vídeos, algunos de los cuales se hicieron virales aquel día –como el de los mossos que reciben rosas en un colegio tras votar, o el de los que transportaban urnas– o la tensa noche del 20 de septiembre, con una comisión judicial y sus guardias civiles sitiados por una multitud en la sede de la Consejería de Economía.
En el Cuerpo es precepctivo que, paralelamente a la actuación judicial abierta sobre un mosso, la DAI (Dirección de Asuntos Internos) abra un expediente, o IR (Información Reservada). Ya han comparecido ante la DAI 150 mossos. 
Los jueces disponen de un relato fraccionado, pero muy elocuente, del 1-O en los partes que ese día rellenaron agentes distribuidos por toda Cataluña. Sus jefes les dieron unos formularios específicos, en los que verter de forma ordenada las pesquisas que les pedía la fiscalía y el Tribunal Superior de Justicia.
Algunos partes describen la impotencia de policías catalanes ante la falta de medios y organización. Los jefes “idearon un dispositivo claramente destinado al fracaso”, resume a interviú un participante de ese operativo en Barcelona. Ese día hubo 9.000 mossos desplegados en torno a los lugares señalados como colegios electorales. Pero no contaban con los coches de refuerzo que habitualmente les asisten en otros días de comicios Eso, pese a una gran dispersión de efectivos. En puntos de la provincia de Barcelona se llegó a repartir a 40 mossos para controlar 30 colegios distantes entre sí hasta 30 kilómetros... para sorpresa de los agentes, que esperaban que les harían actuar a todos juntos colegio por colegio. 
Los partes refieren además otras carencias. Contra la costumbre en jornadas especiales, se respetaron todas las vacaciones, descansos y días de asuntos propios. Y no había comunicaciones suficientes. Un día especial no hay más de 10 indicativos (agentes o parejas de agentes) por canal de radio. Aquel día los canales se asignaron de tal manera que cien indicativos copaban cada uno. En ciertos momentos del día, por otros canales, numerosos mossos recibieron llamadas de sus jefes invitándoles a coger las cuatro horas a que tienen derecho para ir a votar. Los que aceptaban, iban a votar, previo paso por comisaría para quitarse el uniforme.
Mientras, por radio, cuando los mossos pedían refuerzos, recibían como única contestación un “recibido”. Algunos mossos tuvieron que tirar de sus propios teléfonos móviles... pero los refuerzos llegaron con los colegios ya cerrados.
Partes para el jefe
En otro punto de la provincia de Barcelona, solo se dispuso de un coche para trasladar a cada pareja de mossos a los colegios. El coche asignaba policías no en circuito, sino en viajes de ida y vuelta. Agentes que se habían concentrado en sus comisarías a las seis de la mañana, no llegaban hasta su colegio hasta dos horas y media después.
La formulación de estas actas responde a una orden general que impartió la jefatura del Cuerpo para las pesquisas del día del referéndum y las jornadas previas. Según las instrucciones que recibieron por escrito, los mossos tenían orden de centralizar todas las actas. “El destino del oficio será Mossos d’Esquadra - Sabadell CGINF”, decía la orden; las siglas son las de la Comisaría General de Información de la policía catalana. Estas actas eran complementarias del atestado común que un mosso redacta cuando interviene contra un delito. Pero, en todos los casos, en el encabezamiento figura la causa judicial que los engloba: “Dilig. Prev. 3/2017 TSJC”, o sea, Diligencias Previas del Tribunal Superior de Cataluña. Aunque los atestados han de dirigirse “al juzgado de instrucción en función de guardia del lugar de los hechos”, según las instrucciones, a las 11 la noche de los días 29 y 30 de septiembre cada Área Básica Policial debía remitir también a la jefatura en Sabadell un oficio de resumen. Sobre lo actuado el día 1 de octubre, debían informar “antes de las 4 de la mañana del lunes 2”.  
Hay nueve áreas básicas; y nueve oficios llevaba en una carpeta bajo el brazo el exjefe de los mossos, el mayor Josep Lluís Trapero, el pasado 6 de octubre, cuando compareció en la Audiencia Nacional, para acreditar que el 1-O había intentado cumplir las órdenes judiciales. Por el mero hecho de ser resúmenes, esas actas  no descienden al detalle de los hechos. 
Amistades Rotas
Lo ocurrido el 1 de octubre es fuente de discordia. Si en algún sector de la sociedad catalana el procés ha sembrado la división, ese ha sido el cuerpo de los Mossos d’Esquadra. Diversas fuentes de la policía de Cataluña refieren la tensión que reina en las comisarías por la ruptura de amistades entre compañeros y, además, el enrarecimiento de las relaciones con miembros de otros cuerpos policiales desde los sucesos del pasado 1 de octubre.
El clima de división se extiende incluso al Grup Especial d’Intervenció, el GEI, la unidad de élite más potente de la policía catalana, equiparable a los GEO de la Policía Nacional. Por esa unidad han pasado, entre otros, el actual jefe de los Mossos d’Esquadra, el comisario Ferrán López. Los GEI se hicieron famosos fuera de Cataluña el pasado mes de agosto, con ocasión del fulminante despliegue de los mossos para perseguir y neutralizar a los yihadistas de los atentados de Barcelona y Cambrils.
Atrás ha quedado la camaradería y la unidad de acción que les caracterizó entonces, y que se reflejaba en una imagen que pudieron ver miles de turistas y viandantes barceloneses en las ramblas de Barcelona. En el altarcillo que se fue improvisando junto a la plaza de Cataluña por acumulación de ramos de flores, velas, carteles y exvotos en homenaje a los asesinados en los atentados, un mosso colocó una foto enmarcada de unos miembros del GEI, en pie, con los brazos cruzados y con los pasamontañas que preservan su identidad. En el centro, el escudo de la unidad. Debajo, un emocionante mensaje que, traducido del catalán, decía: “Nada puede justificar vuestro asesinato. Dedicaremos todo nuestro esfuerzo para que no vuelva a suceder”. La frase se podía leer sobre los eslóganes Notenimpor. y Nooblidarem (no tenemos miedo y no olvidaremos).  | Sigue leyendo.

http://www.interviu.es/reportajes/articulos/la-guardia-de-corps-de-puigdemont

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