miércoles, 25 de julio de 2018

Alegría, la guardia civil que convirtió su pobreza en un arma contra ETA

La agente leonesa, que acaba de pasar a la reserva activa, fue una de las primeras integrantes del Servicio de Información de España.

La agente de la Guardia Civil Alegría se convierte en la primera de León en pasar a la reserva activa. MARCIANO PÉREZ - marciano pérez



CRISTINA FANJUL/DIARIO DE LEÓN

Alegría nació pobre, una circunstancia que, con el paso de los años, se convirtió en el baluarte de la lucha contra ETA. Alegría nació pobre y, cuando habla de aquellos años, lo hace con una pátina de rubor, sin ser consciente del peso de la dignidad que destila cada una de las palabras que pronuncia al hablar de su vida, sin darse importancia, como si cualquiera hubiera sido capaz de llevar el fardo de tanta privación y transformarlo en heroísmo. Alegría tenía nueve hermanos y, apenas con siete, tuvo que ocuparse de cuidar a los tres pequeños mientras su madre les dejaba para ir a trabajar. Comenzó a saber lo que era la vida muy pronto, ese día en el que —«mi madre me pidió que calentara un balde con agua caliente y se lo llevara»— aguardó callada y sorprendida a que la vida alumbrara al otro lado del canal del parto: «Yo fui la que lavó al bebé nada más que nació», recuerda emocionada.
La pobreza, también, fue la que la arrancó de su casa. Tenía diez años cuando supo que a veces el amor no lo puede todo, que hay niños que tienen que abandonar la infancia y seguir su vida sin el abrigo de los padres. Alegría cogió entonces su maleta de niña pobre y, junto a cuatro de sus hermanos, comenzó una nueva vida en Vitoria, en un colegio de monjas.
Alegría convirtió todas las experiencias que su infancia le brindó en un resorte para ayudar a los demás. Había aprendido de la mejor. Con pocos años, ya salvó la vida de dos niños junto a su madre, una lección que le sirvió para decidir que su aparente debilidad se convertiría en una fortaleza. «Lo mejor del desierto es que en algún lugar esconde un pozo», escribió Antoine de Saint Exupéry en El Principito. El desierto de la pobreza fue creando un torrente de agua que terminaría por convertir a Alegría en una agente fundamental en la lucha contra ETA en el País Vasco.
«Fue el acento vasco», cuenta para quitarse méritos, y le cuesta hablar de ello, que en el Cuerpo no debemos hablar que, aunque parezca que la pesadilla de ETA pasó, aún no ha logrado vencer la prudencia de evitar decir que tanto ella como su marido son guardias civiles. Incluso a su hijo — «hasta los diez años le decíamos que nos dedicábamos al transporte»—, cuenta.
‘Durmiendo’ con el enemigo
El acento vasco hizo que se convirtiera en la primera mujer del servicio de Información. Fue en Pamplona, donde se trasladó voluntaria cuando a su marido (también guardia) le mandaron de manera forzosa al País Vasco. Su primer destino fue el de la seguridad del acuartelamiento, pero entonces la pobreza, esa pobreza que creía olvidada, ese recuerdo que parecía saldado con la vida, se reveló como una oportunidad de ayudar a la sociedad. «Fue el acento vasco», dice de nuevo. La Guardia Civil necesitaba una mujer que se infiltrara en los ambientes abertzales y allí estaba ella, con su recuerdo de niña pobre y acento de Vitoria, para presentarse voluntaria. «Lo pasé mal, la verdad», dice sin contar demasiado. Era 1993, el año en el que los terroristas cometieron, entre otros, el atentado de Joaquín Costa en Madrid que acabó con la vida de siete personas, «Pasé miedo, la verdad», recuerda Alegría, que confiesa que tuvo que realizar numerosos servicios de simulación para conseguir información de los comandos. Hay que recordar que fue entonces cuando se desmanteló la principal fábrica de ETA en Bidart, el año en el que se detuvo en Francia a Juan Vicente Jaureguizuria, Juanvi, lugarteniente de Iñaki de Rentería, jefe operativo de ETA, o cuando la banda secuestró a Julio Iglesias Zamora. «A veces, me levantaba en mitad de la noche y dejaba a mi marido en la cama para realizar un servicio», explica... y precisa que, entre su muchos trabajos, se vio obligada a seducir a personas próximas al entorno terrorista que ayudaran a la Guardia Civil a cruzar información que permitiera la desarticulación de alguno de los comandos.
No fue su única experiencia con las bandas organizadas del crimen. En su primer destino, en Barcelona con motivo de los Juegos Olímpicos, protagonizó una operación contra una banda e narcotraficantes libaneses.
Alegría pasa ahora a la reserva activa y se convierte en la primera de León, la tercera de la Comunidad y la decimocuarta de España en lograrlo. Lleva en la Benemérita desde el 2 de noviembre de 1990. Antes de eso, había trabajado en Elosúa y antes aún, a los 15 años, comenzó a limpiar casas. «Yo estoy muy orgullosa de haber salido adelante por mis propios medios, sin que nadie me haya ayudado y con la única finalidad de ayudar a los demás», dice con orgullo, y añade que jamás, a pesar de los sinsabores, se planteó dejarlo. Hasta hoy. Treinta y ocho años después de aprobar el examen y entrar en el Cuerpo, dice que quiere descansar. Lleva trabajando desde los diez. No habría pensión para pagarle sus méritos.
http://www.diariodeleon.es/noticias/leon/alegria-guardia-civil-convirtio-pobreza-arma-eta_1265613.html

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