jueves, 30 de agosto de 2018

En el siglo de Torra

«¿Macià, hombre moderno? ¡Qué va!», se pregunta y responde Pla, que continúa: «Lo que cuenta en realidad para la gente es lo que tiene de superviviente de la época de las guerras carlistas, lo que tiene de mentalidad estrecha y fanática, lo que tiene de hombre que -vamos a suponer- los tiene bien puestos». 
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, da un discurso en la...




JAVIER REDONDO
Exactamente igual que Torra, el último carlista, que pretende consumar el proyecto del Pujol: crear una policía política e identitaria al servicio de los buenos catalanes. El cuerpo de Mossos d'Esquadra es una policía integral, es decir, cumple las mismas funciones en cuanto a mantenimiento del orden público que el resto de cuerpos. Sin embargo, la mujer agredida en Barcelona al grito de «¡Extranjera de mierda!» interpuso denuncia ante la Policía Nacional; quizás sospechó que los Mossos actúan de parte. Si los Mossos dejan de proteger a todos los catalanes se convertirán en una guardia gubernamental y desaparecerá del todo en Cataluña la seguridad física y jurídica.
Por eso Rivera y Arrimadas se pusieron ayer a retirar lazos amarillos ante la sobrevenida pasividad de los mossos, a los que Torra instó hace muy poco a proteger la libertad de expresión y de reunión de las amenazas «fascistas» y actuar con «lealtad de país», identificando a quienes retiren los lazos. Torra, por la vía de los hechos, aspira a dotar a los Mossos de unas funciones distintas de las de los otros cuerpos de seguridad, rompiendo, de facto, el monopolio de la violencia legítima que tiene el Estado. La obsesión del nacionalismo desde el comienzo de su traición, en los 80, es Hacienda, Justicia, lengua y Policía. El Tribunal Constitucional tumbó la Justicia propia al declarar inconstitucionales algunos artículos del Estatuto de 2006; con la inmersión han expulsado el castellano de las escuelas; ahora están con la Policía; para la Hacienda cuentan con la recién estrenada bilateralidad.
Torra cabalga a lomos de lo peor de cada siglo. Del carlismo antiliberal y tradicionalista salta a la época de entreguerras, dominada por una dialéctica bélica, una estrategia de ocupación de la calle y soflamas xenófobas. Quiere que no decaiga hasta el 1-O, primer aniversario de la penúltima derrota, del postrero lloriqueo, y llegar en otoño al juicio de los políticos encarcelados con la muchedumbre acalorada, la moral alta, el constitucionalismo retraído, el Gobierno contemporizador y el juez en entredicho. Sánchez se la juega en la defensa de Llarena.
Ciudadanos proporcionó ayer algo de oxígeno a más de la mitad de catalanes asfixiados por el supremacismo y abandonados por el Estado. Al constitucionalismo le faltó en su simbólica concentración una de sus tres patas. Para los supremacistas, los de Ciudadanos y PP son fachas; los socialistas, botiflers, traidores. El matiz es muy revelador: los declara tibios y sospechosos. Ha de disculparse la ausencia de Borrell, convenientemente neutralizado por Sánchez al frente de Exteriores, pero no el tuit de Iceta condenando «toda agresión» sin reprobar cada una de ellas e identificar en cada caso cuál e identificar a quien agrede, por precisar.

http://www.elmundo.es/espana/2018/08/30/5b86e8eb468aebc9648b4590.html

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