jueves, 23 de agosto de 2018

Habla un guardia civil de la valla de Ceuta: «Un día va a haber una desgracia»

Un agente de la Benemérita que trabaja en la verja relata a ABC de forma anónima y en primera persona su experiencia

Un inmigrante en Ceuta después del salto de la valla de ayer junto a un coche policial


Es cuestión de tiempo. Cualquier día aquí va a haber una desgracia y además la estamos viendo venir. Los que vamos de servicio al perímetro fronterizo cumplimos turnos de ocho horas: de seis de la mañana a dos de la tarde, de dos de la tarde a diez de la noche y de diez a seis de la mañana. Cada día, más ahora en verano, somos dos, tres, cuatro, cinco... depende. Nos vemos allí los que seamos en cada turno y a cada uno se nos asigna una zona concreta de los ocho kilómetros de valla para que la vigilemos. Cuando todo va bien, terminamos el servicio y en la hoja firmamos «sin novedad» y nos vamos contentos para casa. Cuando hay una historia como la de ayer, nos toca dar el callo y aguantar.
No es fácil pronosticar cuándo va a haber un salto. De hecho es algo imprevisible. Además, los días que pasan cosas como ayer o como hace un mes [cuando entraron más de 600 inmigrantes ilegales en el gran asalto a la verja de este verano] tenemos poco tiempo para reaccionar. Rápidamente activamos a los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS) y al resto de patrullas que pueda haber en la ciudad. Que nadie se engañe, tampoco son muchas, quizá una o dos que se traducen en cuatro agentes más. Y tampoco llegan de forma inmediata. En los 20 minutos en los que suelen pasar desde que damos la alerta hasta que llegan los GRS, a los que estamos en primera línea nos toca hacer lo que buenamente podamos. Básicamente se reduce a estar ahí, ya que desde los hechos del 6 de febrero de 2014 [día de la tragedia de la playa del Tarajal, cuando murieron quince subsaharianos. Fecha, por cierto, que el guardia recita como si la tuviera grabada a fuego], no podemos usar los medios de contención.
Nuestros medios cuando enfrente nos encontramos con 200 o 300 personas que quieren saltar la valla se reducen a un escudo de plástico de los años 80, la porra, un casco y un chaleco antitrauma, que evidentemente no es un chaleco antibalas ni antilanzallamas. No pasamos miedo, sino lo siguiente. Y cualquier día de estos, ojalá me equivoque, vamos a tener una desgracia. Le puede pasar a un guardia o a un inmigrante, pero es que vivimos situaciones muy violentas y agresivas [en las últimas dos ocasiones, los asaltantes han empleado cal viva, ácido y excrementos contra los guardias]. Rezo por que me caiga la piedra y no el ácido, la cal viva o lo que sea.
Es raro el guardia que no se ha visto aquí en una situación así. Prácticamente lo hemos vivido todos y piensas en que todo pase lo antes posible porque el inmigrante que llega no es el del estereotipo. No están famélicos. Muchos son tíos enormes. Los ves y piensas «están cuadrados». Son como bigardos. Están más fuertes que yo. Por todo ello sentimos rabia e indignación por aquellos que deberían tomar partido aquí. Ni están ni se les espera y creo que no hace falta que diga a quién me refiero [los Cuerpos de Seguridad exigen desde hace meses que se tomen medidas para reforzar la seguridad de las fronteras terrestres que separan Ceuta y Melilla de África].
Insisto. Cualquier día va a haber una desgracia, para cualquiera de las dos partes. Una mala pedradada, una caída, un mal golpe y, espero equivocarme, va a caer un guardia.
Salir de aquí es algo que te planteas muchas veces. Pero... ¿por qué iba a tener que irme? Creo que esto tiene remedio, pero tienen que ponerlo los que tienen esta decisión en su mano. Cuando hablo con la familia, eso sí, intento quitarle hierro al asunto. Es verdad que trabajar aquí no es como ir al frente, pero estás expuesto a cosas así. Cuando vienen mal dadas no suelo comentar mi trabajo. Prefiero no hablarlo con la familia porque ya es suficiente que lo pase yo. En la familia no están asustados pero qué duda cabe de que sí están preocupados cada vez que salimos de servicio.
Con la familia no hablamos y con las ONG, la relación es que cada uno hace su trabajo. Cuando pasa algo, las ONG son las primeras que nos destripan, que nos llaman asesinos y que nos acusan de incumplir la ley. Nosotros también empatizamos con los migrantes y, al hablar con ellos, nos reconocen que cuando llegan saben cuál es la localización exacta del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. Ellos nos han llegado a decir hasta que las ONG les dicen dónde tienen que ir [según ha podido saber ABC, estaba previsto para hoy el traslado de 80 internos del CETI de Ceuta -que acoge a 1.250 sin papeles cuando tiene capacidad para 512- hasta otros centros de acogida de la Península. Ese traslado no se había podido realizar hasta hoy después de la llegada de más de 600 inmigrantes hace casi un mes. ¿La causa? La mayoría de los centros de Andalucía, donde suelen ser derivadas estas personas, estaban igualmente desbordados ante la oleada de pateras en la costa gadiatana. El traslado se precipitó a la jornada de ayer y en lugar de 80 salidas hubo 100; unas plazas que rápidamente se cubrieron con los 116 migrantes que consiguieron saltar la valla].
Pese a todas las dificultades, seguiremos aquí por vocación, personalidad y amor propio.
https://www.abc.es/espana/abci-habla-guardia-civil-valla-ceuta-haber-desgracia-201808222121_noticia.html

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