jueves, 30 de agosto de 2018

Pancartas paletas

En Mallorca han aparecido unas estúpidas pancartas contra la Guardia Civil. Son obra de unos fanáticos que a menudo ven recompensada su pasión cainita mediante grotescas subvenciones (muchos siguen pensando que el dinero público no es de nadie). Su objetivo es imponer la dictadura catalanista en Baleares.




Como tal objetivo es actualmente imposible (pese a que algunos acomplejados políticos isleños trabajen en ello), tratan de extender la fractura social catalana al archipiélago Balear, el cual consideran les pertenece por esa histórica paja mental de los Países Catalanes. Así ganan en publicidad y dan al turista una imagen diferente de la isla de la calma.
Los nacionalistas son realmente insaciables y no tienen miedo al ridículo. Han conseguido numerosas e importantísimas prebendas de diferentes presidentes de España sin sentido de Estado, los cuales han preferido pactar con los que sueñan destruir antes que con el otro partido mayoritario (y eso que lo tenían fácil, porque hasta hace poco se estilaba un bipartidismo paquidérmico que ha degenerado en jaula de grillos).
En Cataluña la cosa está que arde y los que juegan con fuego, en vez de apagarlo pretenden incendiar al resto. Pero esta iniciativa de las pancartas para incomodar a la Guardia Civil en Mallorca ha sido un torpe resbalón para los predicadores de odio, los cuales acostumbran a ser terriblemente mediocres. Lo digo porque la Guardia Civil cuenta con el respeto mayoritario de los españoles; y especialmente en Baleares, cada verano que pasa tanto nativos como forasters muestran su deseo de que vengan más efectivos de unos agentes que están mucho mejor preparados (y peor pagados) que cualquier otro cuerpo local o autonómico.
Hace nueve años ETA asesinó vilmente a dos guardias civiles en la turística Palmanova, en lo que se considera su último atentado en España. Hubo un clamor contra los terroristas y una unión enorme con un Cuerpo que realmente da la vida por todos los españoles.
Por eso causa aún más repulsa que, en Palma, unos paletos racistas cuelguen unas pancartas insultantes con las que se autodefinen perfectamente. Por supuesto que la Guardia Civil está muy por encima de tales mensajitos de una minoría histérica. Ellos seguirán cumpliendo con su deber.
Lo que preocupa es que en Baleares algunos políticos practiquen la política del avestruz y confundan su capricho con el deber. Los pretendidos desaires al Rey han sido de una grosería vergonzante para muchos mallorquines, los ataques al español y su prohibición en las escuelas públicas son de una estupidez fanática que nada tiene que ver con la Educación, los desplantes en muchas ceremonias religiosas en fiestas marcadas muestran no un talante laico, sino una falta de respeto al credo mayoritario de su pueblo. ¡Y pensar que un agnóstico como Tierno Galván recibió al Papa hablándole en latín!
Lo que pasa es que hay demasiado político -a diestra y siniestra- muy mediocre. No tienen mundo ni cortesía ni ligereza mediterránea, y por eso no saben estar en sus puestos. Tampoco creo que tengan ideales, sino tan solo una empanada mental propia de lectores de revista. Así es fácil volverse fanático.

http://www.elmundo.es/baleares/2018/08/30/5b87c4ac268e3e601a8b45d2.html

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