lunes, 13 de agosto de 2018

Un día dentro de la comisaría decrépita donde se denuncia más que en todo Aragón

A pocos metros de plaza de España y Gran Vía, en la parte alta de la calle Leganitos, hay dos burdeles con los neones desgastados, varias peluquerías chinas que ofrecen masajes con final feliz y la comisaría más frecuentada de España, la de Madrid-Centro. 
Foto: La cinta policial se utiliza para todo en Leganitos. (A. V.)


Probablemente lo sea también de la Unión Europea: en los últimos años, han superado los 80.000 partes y las 40.000 infracciones penales, más que las registradas en comunidades autónomas enteras, por ejemplo en Aragón. Son cifras difíciles de creer al atravesar el estrecho arco de seguridad de la entrada. Una agente armada controla el acceso a un pasillo angosto y nos dirige cortésmente hacia la sala de espera del fondo, una habitación cuadrada con banquetas de pared que recuerda a la sala de espera de 'Bitelchus', aunque está infinitamente peor decorada.
Una veintena de personas de todas las razas y edades aguardan allí su turno impacientes. Tres venezolanos, hartos de esperar, nos regalan su número, el 92, y se largan. “Llevamos aquí desde las nueve y son las 12. Tampoco tengo tantas esperanzas en que aparezca la mochila”. Una familia de alemanes revisa obsesivamente el móvil para saber si alguien ha utilizado la tarjeta de crédito que había en la cartera que les acaban de robar mientras desayunaban. Un matrimonio africano se queja del calor y se plantea volver otro día. Hay quien acaba perdiendo los nervios. En el momento de mayor confusión, aparece una traductora que consigue calmar los ánimos de los turistas que no hablan español.
La entrada de la comisaría de Leganitos. (A. V.)
La entrada de la comisaría de Leganitos. (A. V.)
La comisaría de Leganitos abre 24 horas, todos los días del año. Se dice que si cerrase solo cinco minutos, lo tendría que hacer para siempre. Es un edificio enfermo, achacoso y generalmente al borde del colapso, que tira adelante por inercia y gracias al trabajo de unos 500 agentes, la mayoría de ellos muy jóvenes. “La edad media será entre 30 y 35 años. Apenas hay veteranos. El ritmo es agotador. En un día se hacen más partes aquí que en muchas comisarías en un año entero. Alquilar en la zona es casi imposible con el sueldo de policía, es todo caro y no se puede aparcar… Así que la mayoría piden otro destino en cuanto pueden”, dice uno de ellos.
Sus paredes desgastadas son la primera imagen que se llevan los miles de turistas extranjeros que acuden a pedir ayuda a la policía española en el centro de Madrid. La mayoría de ellos para denunciar un hurto. “Cada vez que tengo que acompañar a alguno, se me cae la cara de vergüenza”, comenta un guía turístico que trabaja mucho en la zona. “Les acaban de robar, están asustados, nerviosos y tienen que entrar en este edificio mugriento que parece una cárcel turca y en el que todo se cae a pedazos. Menos mal que los agentes son jóvenes, tienen ganas de hacer su trabajo bien y dan una imagen moderna”, razona.
Los sindicatos policiales han denunciado muchas veces los problemas de la comisaría, llegando a exigir su cierre. Se han quejado sucesivamente de las ratas, las humedades, los techos que se vienen abajo, las manchas, el mobiliario a punto de deshacerse... El problema se ha planteado infinidad de veces en despachos y con promesas, pero al final solo han llegado parches. “Van haciendo alguna cosa, por ejemplo, en el último piso han reformado los vestuarios. Han dejado las taquillas viejas, pero es decente, y hay duchas, que antes no había. Pero seguimos teniendo de todo: puertas reventadas, mesas partidas, ventanas reforzadas con cinta policial para que no entre el frío, de todo”, explica otro agente.
Más allá del desgaste y de un mobiliario que no se renueva desde los años ochenta, el propio edificio tiene difícil arreglo. Los sindicatos optan por el traslado de las dependencias o, al menos, una reforma integral del inmueble entero. “Los calabozos son para verlos. Trabajamos y metemos ahí a gente en condiciones insalubres. Un compañero cogió la sarna y todo. Pero es que la propia calle es ya un problema: no hay ni sitio para aparcar, no hay patio de coches y tenemos que dejar a veces las patrullas o pedir las ambulancias en el hotel de al lado. Piensa que en la calle muchas horas no los puedes dejar desatendidos porque los revientan".
Continúa otro agente: "A mí lo que más me molesta es que los ordenadores se quedan colgados todo el rato porque son viejísimos y tenemos tres impresoras medio rotas para todo el trabajo que sacamos adelante. Están tan gastadas que más de una vez me he tenido que ir con un pincho a imprimir a la comisaría de Moncloa y dejar a la gente esperando. No hay wifi y tiramos de nuestros teléfonos, de nuestros datos. Lo que pasa es que en varias zonas no llega la cobertura. Es muy frustrante trabajar así”.
Sala de espera de la comisaría. (A. V.)
Sala de espera de la comisaría. (A. V.)
La cinta policial es ubicua en las chapuzas, sobre todo en las dependencias que no están abiertas al público. Se utiliza para apuntalar puertas y ventanas, para cerrar retretes inservibles y para sostener los fondos de cajones y armarios. Más allá de los turistas, y especialmente de madrugada, la decrepitud enmarca el ambiente de unas dependencias donde los agentes están acostumbrados a ver de todo y donde el menudeo de drogas es el segundo delito que más trabajo da, después de los hurtos.
“Aquí te encuentras lo más bajo del ser humano y acaba pasando de todo, desde famosos muy famosos llorando hasta escenas de sexo en los calabozos… y eso que no son mixtos. No te aburres y aprendes cosas, por ejemplo a detectar las denuncias falsas para cobrar seguros. Eso pasa mucho. Te viene alguien con una historia rarísima diciendo que le han atracado a punta de pistola en el centro de Madrid y claro… Desarrollas un olfato especial. Yo en cuanto empiezan a contármelo ya sé si se lo están inventando. Otra cosa que tenemos clarísimo ahora es que hay que tener mucho cuidado con lo que dices y haces porque todo el mundo lleva una cámara en el bolsillo”.
La Jefatura de la Policía Nacional declinó hacer declaraciones para este reportaje. Mientras, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) quiso dejar claro que Leganitos “es un fiel reflejo de la situación de nuestra institución a nivel nacional” y reivindicar el milagro que supone que el trabajo salga adelante. “Pese a la ausencia de inversión, a la falta de recursos humanos y de los medios materiales más básicos, el trato humano dispensado y la profesionalidad que los policías ponen al servicio de los ciudadanos, unidos a unos índices en materia delincuencial que son la envidia de Europa, hacen que nuestra institución sea año tras año una de las más valoradas del Estado. Pero es muy importante que nuestros responsables políticos se conciencien de que austeridad y seguridad son incompatibles”.

Motos Frankenstein

La sensación de los agentes consultados coincide con esa visión. Sienten estar sosteniendo con su esfuerzo una maquinaria que las autoridades parecen haber desahuciado. “Cuando vas en una moto Frankenstein, fabricada con cuatro motos rotas. O cuando no hay dinero para comprar impresoras nuevas, que son herramientas que cuestan cuatro duros, pues ya no sabes qué pensar. A pesar de eso, intentamos atender lo mejor que podemos a todo el mundo, escuchar a la viejecita que te cuenta su vida entera o a la turista australiana que se pone a llorar porque le han quitado el pasaporte... Algunos te ofrecen dinero por hacer bien tu trabajo y nunca he visto a un compañero aceptarlo”.
"En Leganitos llegó a haber 700 agentes y ahora somos 500. La falta de personal hace que vayas además con la lengua fuera”, dice. Desde el SUP recuerdan además que el cuerpo dispone de 11.000 policías nacionales menos que en 2011 y que son la fuerza policial "peor pagada de España". “Si esto sigue así, más pronto que tarde nuestros niveles de seguridad se resentirán". Por no hablar del impacto sobre el turismo “de la que probablemente es la comisaría que más atestados tramita en Europa”, dice.
Algunos agentes trabajan de paisano por la zona para detectar a ladrones y carteristas. “Yo me pongo a ratos en un comercio desde el que tengo visibilidad y voy viendo lo que pasa. A muchos ya los conozco. Y ellos a mí, claro”. Los grandes almacenes del centro, como Primark, multiplican su trabajo. “Hay empresas que tienen la política de denunciarlo todo, hasta un hurto de tres euros. Otras, por el contrario, tienen la directriz de no denunciar nada nunca”. En su experiencia, los turistas más vulnerables son siempre los asiáticos. “Los chinos tienen la manía de llevar mucho efectivo, siempre más de 1.000 euros. Además, no hablan inglés y no tenemos traductores para ellos. Muchos desconfían de nosotros, sobre todo cuando vamos de paisano, y algunos se ponen tan brutos que tenemos que acabar deteniéndolos después de que les han robado”.
https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2018-08-13/dentro-de-la-comisaria-mas-grande_1603666/

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog

COMENTARIOS

LO MAS VISTO

Categorias