domingo, 23 de septiembre de 2018

La vocación no sabe de sexos

Tres décadas después de la incorporación de las mujeres a la Guardia Civil, 72 profesionales integran el cuerpo en la Región. La cabo primero María Dolores Abenza y la agente Sandra Sánchez aseguran que «tenemos el mismo trato que si fuéramos hombres»

La guardia civil Sandra Sánchez y la cabo primero María Dolores Abenza hablan en el patio de la comandancia de Murcia./ NACHO GARCÍA / AGM

Les separan cerca de 28 años de servicio, pero ambas comparten una vocación de atención al ciudadano y un orgullo de pertenencia al cuerpo. La cabo primero María Dolores Abenza y la agente Sandra Sánchez son dos de las 72 mujeres que integran la Guardia Civil en la Región. Un cuerpo que este año conmemora el treinta aniversario de la presencia de féminas en sus filas. El camino hacia la igualdad, reconocen, ha sido largo y aún quedan pasos por andar, pero estas dos profesionales sostienen que, pese a tratarse de una profesión tradicionalmente masculina, «hoy en día tenemos el mismo trato que si fuéramos hombres» y animan a más mujeres a compartir su vocación.
La cabo primero Abenza nació en un país en el que ninguna mujer -más allá de algunos casos excepcionales- podía soñar con pertenecer a la Benemérita. Hija y hermana de guardias civiles, creció en diferentes casas cuarteles de la Región y conoció, desde bien pequeña, las virtudes y riesgos de la profesión. Acababa de cumplir los 22 años -en 1988- cuando un Real Decreto lo cambió todo. Abrió la puerta a que las mujeres pudiesen lucir el tricornio y Abenza se lanzó de cabeza a esa primera promoción. «A mi madre, al principio, no le hizo mucha gracia», recuerda. «Era algo nuevo, algo de hombres».
Como suele ocurrir, los primeros pasos de esa promoción de mujeres pioneras no fueron fáciles. Abrían camino en un terreno hasta entonces reservado únicamente a los hombres. «Todo era novedoso entonces», explica. Las instalaciones de la academia, por ejemplo, no estaban inicialmente preparadas para acoger a ese grupo de futuras guardias civiles y los cambios tardaron un tiempo en ser asimilados.
«Era necesario un periodo de adaptación, pero la Guardia Civil ya está educada para tener mujeres», sostiene la cabo primero Abenza Ambas achacan el bajo porcentaje de mujeres en el cuerpo a que «se sigue viendo como una profesión masculina»

Sus primeras prácticas

Una vez superada la formación, Abenza regresó en verano a la Comandancia de Murcia para su primer periodo de prácticas y fue destinada a La Manga con motivo de la 'Operación Verano'. Trabajaba mano a mano con un Grupo de Reserva y Seguridad (GRS), pero el uniforme femenino actual aún no había visto la luz. «Ellos iban con traje de campaña, pero yo llevaba falda y tacones», rememora con humor. «Recuerdo que me pusieron a regular el tráfico y la gente se quedaba extrañada. Organizaba más atasco que el que solucionaba», bromea.
Treinta años después, la cabo primero Abenza es una pieza indispensable del equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil de Murcia, que investiga homicidios, delitos sexuales y de violencia de género. Una labor para la que, cree, su condición de mujer no la hace diferente, ni más proclive a acercarse a algunas víctimas. «Yo creo en la labor del profesional con independencia de su sexo», remarca. «La sensibilidad hacia las víctimas va adherida al hecho de la persona, no del sexo».
El camino recorrido por la Guardia Civil en estas tres décadas, desde la entrada en vigor de aquel Real Decreto del 88, sostiene la cabo primero, ha sido enorme. «Antes podía existir un jefe que trataba de protegerte. Era necesario un periodo de adaptación», remarca, «pero la Guardia Civil, a día de hoy, ya está educada para tener mujeres».

Requisitos casi idénticos

Actualmente, cualquier mujer puede acceder a la Guardia Civil en condiciones de igualdad. Para ello, al igual que los varones, deben tener entre 18 y 40 años, contar con la nacionalidad española y con el título de Educación Secundaria o similar, entre otros requisitos. La exigencia de altura es de 1,65 metros para los hombres y 1,60 para las féminas. Las aspirantes se someten, como los varones, a unas pruebas de ortografía, conocimientos generales y de lengua extranjera y a un examen psicotécnico. Deben superar también unas pruebas físicas con una exigencias levemente inferiores a las de sus compañeros. Una vez aprobada la oposición, remarcan fuentes del cuerpo, la formación de unos y otros es idéntica.
La murciana Sandra Sánchez cumplió hace tres años su sueño de integrarse en la Guardia Civil, una vocación que la acompañaba desde bien pequeña. «Mi padre es guardia civil y para mí verle siempre fue un orgullo», remarca. «Siempre lo tuve muy claro». Con solo 23 años y el grado de Derecho bajo el brazo, esta joven ingresó en el colegio de guardias jóvenes -reservado a familiares del cuerpo- y actualmente está destinada en la unidad de Seguridad Ciudadana (Usecia) de Murcia, más conocida como 'Los Linces'. Un grupo que desempeña funciones muy variadas, desde controles preventivos en zonas conflictivas por tráfico de drogas hasta la vigilancia de delincuentes especialmente peligrosos, el refuerzo de entradas y registros en investigaciones de otras unidades y el control de grandes masas en actos especiales. «Me siento perfectamente integrada», remarca Sánchez, «y me he sentido muy arropada por mis mandos».
Treinta años después de la incorporación de la mujer al Instituto Armado, los números dejan aún bastante que desear y la igualdad sigue siendo un reto. Las 72 mujeres que forman parte del cuerpo en la Región apenas suponen un 3,5% de la plantilla. Algunas asociaciones del cuerpo, como la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), han denunciando reiteradamente que la cifra de mujeres con puestos de responsabilidad «es casi anecdótica». La cabo primero Abenza y la guardia civil Sánchez niegan, sin embargo, que en el cuerpo exista un techo de cristal, el término que los expertos utilizan para referirse a la limitación invisible que impide a las mujeres dejar atrás el segundo escalón. Sánchez revela su intención de progresar en el escalafón del cuerpo.
La cabo primero Abenza sí reconoce la dificultad que entraña compaginar las labores propias del cuerpo con la familia. «Yo me casé con un guardia civil, pero no es fácil entender que una persona se vaya por la mañana de casa y no sepa cuando va a volver», remarca. «La investigación no tiene horarios y, a veces, hay que elegir entre la familia y el trabajo», lamenta. Su dedicación al cuerpo y su intento por progresar la obligaron, hace años, a realizar numerosos traslados a Tenerife, Pontevedra, Zaragoza... Un ritmo, reconoce, que es más complicado cuando, como es su caso, llega la maternidad. «Tener hijos te limita mucho».
Respecto al escaso porcentaje de mujeres en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y en la Guardia Civil en concreto, ambas consideran que se debe a que «se sigue viendo como una profesión masculina». Un mito que pretenden tumbar y que, esperan, no sirva de obstáculo a ninguna aspirante que sueñe con integrarse en sus filas. «Yo animaría a cualquier mujer si tiene una vocación de servicio al ciudadano».
https://www.laverdad.es/murcia/vocacion-sabe-sexos-20180923003554-ntvo.html

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