viernes, 16 de noviembre de 2018

Con 29 años querían jubilarlo pero va a seguir siendo policía nacional con todas las de la ley

Rafael Prieto perdió una pierna en un accidente de moto y el Ministerio del Interior le obligó a jubilarse con 29 años. El agente, que tiene una prótesis biónica que le permite correr y nadar, quería seguir en activo. Recurrió y la Audiencia Nacional le ha dado la razón. Será readmitido

Con 29 años querían jubilarlo pero va a seguir siendo policía nacional con todas las de la ley


Hay veces que la vida parece que esté jugando a los Sims con los humanos. Eso podría pensar Rafael Prieto, el policía biónico que, realmente, aunque siempre le gustó esa sensación de ayudar a la gente, nunca pensó que quería ser policía. De hecho, el día que acabó la Selectividad, salió del examen con uno de sus mejores amigos hablando de matricularse en Ciencias del Deporte. «Pero justo enfrente había una academia, nos llamó la atención y entramos a informarnos. Nos dijeron que estaban a punto de empezar los cursos, que si nos dábamos prisa... Yo decidí que quería ser policía nacional, y mi amigo, local».
A los 19 años se convirtió en uno de los agentes más jóvenes de España. Su primer destino fue Madrid. «'Apatrullando' la ciudad, como Torrente», bromea. Allí pasó sus dos primeros años con placa y pistola. Después pidió acercarse a su ciudad, Córdoba, y logró una plaza en la comisaría de Lucena-Cabra.
Rafael Prieto era una de esas personas felices con su trabajo, que ha encontrado el empleo en el que se siente realizado. Hasta el 29 de septiembre de 2015. Al día siguiente era su cumpleaños, así que decidió coger la moto, pasar a por su chica y marcharse juntos a cenar para celebrarlo. Esa noche eligió -«no sé por qué»- una ruta diferente y, cuando circulaba por el puente de San Rafael, la luz de su vida se apagó de golpe.
«Yo me desperté a los seis días», recuerda ahora sin ningún tipo de aprensión sobre aquel accidente. «Parece ser que la moto me hizo un extraño en la recta y choqué de frente contra un coche». Estuvo seis días en la UVI con un coma inducido. El día que abrió los ojos, todavía un poco adormilado, se quedó mirando la sábana extrañado. Veía el bulto de una pierna pero solo medio de la otra. Intrigado, levantó la tela y vio la amputación. «Luego entró mi mujer y ya me explicó lo que había pasado».
Y lo que sucedió fue que en aquel choque bestial contra un coche se machacó la pierna izquierda y tuvieron que cortársela por encima de la rodilla. Perder una parte de tu cuerpo, una extremidad, tiene un impacto psicológico tan fuerte que muchos tardan meses o años en reponerse. Cuesta mucho mirarse al espejo y verse incompleto. O que sientas unos músculos que no están. O incluso que te olvides de la pérdida, vayas a apoyarte y te dés un morrón.
Pero no fue el caso de Prieto, de quien ya empieza a intuirse que tiene una cabeza dura como una roca. «Yo lo acepté. No pensé que había perdido la pierna, sino que había salvado la vida. Yo tengo el coco hecho de otra pasta. Vino un psicólogo a hablar conmigo y se fue riéndose». Entonces pensaron que en ese momento no se había derrumbado pero que cabía la posibilidad de que lo hiciera más adelante, cuando se diera cuenta de que nunca más iba a poder andar y correr como antes. «Pero no lo hice. No solo no caí, sino que subí más todavía...». El agente Prieto siempre había sido muy deportista. Y no pretendía dejar de serlo porque le faltaran una tibia y un peroné. «Me fui recuperando muy bien y, en cuanto conseguí la prótesis, solo tardé un año en pedir la reincorporación (al Cuerpo Nacional de Policía)».
Una pensión vitalicia
La prótesis que podía conseguir a través de la Seguridad Social era muy rudimentaria, así que se movilizó para lograr el dinero, cerca de 60.000 euros, para hacerse con la pierna biónica que le haría la vida mucho más fácil. Una corriente solidaria impulsada por los compañeros de los sindicatos policiales, familiares y amigos le permitió recaudar la cifra que necesitaba para comprarse la GeniumX3, una virguería que se regula, en función de la actividad que vayas a realizar, desde una aplicación del teléfono móvil. «Lleva unos sensores y funciona casi por inteligencia artificial. Te permite hacer de todo: ir en bicicleta, correr, nadar... Hago auténticas barbaridades con ella».
Un año después del accidente, en octubre de 2016, fue a presentar un escrito para recuperar su puesto. Y ahí empezó una nueva lucha en su vida, porque se encontró con la oposición de la Administración. El Ministerio del Interior decidió apartarle de su profesión. Le propusieron cobrar un poco menos -entre 300 y 400 euros menos- y dejar de trabajar para siempre. Un chollo para muchos, pero no para él. Porque Rafael, con 29 años, dos piernas y la vitalidad de un puma, se negó por varias razones que se concretaban en una: él aún se sentía útil, él aún quería ser útil para la sociedad.
En marzo de este año estaba oficialmente jubilado. Y hundido. Ahora sí. «Me jubilaron sin querer. Tuve que ir y entregar la placa, el carnet, la pistola... Eso me dolió mucho más que el día que desperté del coma y vi que me faltaba media pierna. Derramé un montón de lágrimas. No se dan cuenta del daño personal que te hacen». Pero aquel revés tampoco logró que se rindiera...
Este joven cordobés volvió a ponerse en marcha y, con la ayuda de la plataforma Change.org, reunió la firma de 225.000 personas que clamaban contra esa injusticia. «Yo ando, corro y puedo conducir. Y, además, según el catálogo, el 60 o el 70% de los puestos de la Policía son no operativos, se realizan dentro de la comisaría».
El pasado 18 de octubre se celebró el juicio en la Audiencia Nacional y, siete días después, el Juzgado Central de lo Contencioso Administrativo número 5 de Madrid redactó una sentencia que ordenaba su continuidad en el cuerpo, en labores de segunda actividad. La sentencia especificaba que Rafael Prieto «es un policía que puede desarrollar numerosas funciones y que no es merecedor del pase a la situación de jubilado». Si Interior no recurre antes de mañana, recuperará su placa, su carnet y su pistola.
«Cuando me llamó mi abogada y me dio la noticia, no me salían las palabras. Al día siguiente era viernes y ese fin de semana fue a lo loco, celebrándolo, tratando de asimilarlo... Lo hice público y no he parado desde entonces. Ahora solo espero que nadie recurra y la sentencia sea firme». Su caso no tiene precedentes. Es la primera vez que un agente de policía pierde una pierna y, después de ser obligado a jubilarse, con una prótesis que le permite hacer lo que haría la gran mayoría de sus compañeros, recibe un fallo judicial favorable que le concede reincorporarse al servicio.
«Es el primer caso en España. Yo quiero seguir trabajando y no es por el dinero. Son 300 euros de diferencia, que solo en gasolina y algún otro gasto prácticamente los pierdes. Soy un loco que va contracorriente. O, según lo mires, un hombre consecuente con sus ideas. Hay quien lo entiende y otros que no, que estarían encantados con una pensión vitalicia de 1.400 euros, que si le sumas algún trabajillo o algún chanchullo te da para vivir del cuento toda tu vida, pero yo no soy así», razona el policía biónico, que recuerda que hay otro compañero que tuvo un tumor cerebral que le dejó secuelas y se encontró con «una jefa que decidió putearle y cambiarle el puesto, cuando había cosas que no podía hacer». Ese agente también se vio forzado a la jubilación y también luchó hasta que logró que un juez creara jurisprudencia y le reubicara en su puesto en la comisaría de Hortaleza (Madrid).
Va a ser padre
Prieto espera que su pelea, su rebeldía, su reconquista, sirvan para que nadie más se vea en una situación tan dolorosa. «Creo que no saben lo que es ser policía para mí. La decisión de jubilarte te destroza psicológicamente. Te están diciendo que eres un inútil. Yo tuve cojones para no hundirme y luchar, pero igual dan con otro que se viene abajo y le arruinan la vida. Por eso espero que esto sirva para despejar el camino a todos los que vengan detrás...».
Otro capítulo completo de una historia llena de sobresaltos. Y a por uno nuevo. Su reincorporación al cuerpo debe ser inminente. Luego vendrá la espera de un nuevo miembro en la familia. «A finales de marzo o principios de abril, si Dios quiere, habrá otro Rafaelín en el mundo. Y está claro que tendré una buena historia para contarle». Será Rafaelín, el hijo del poli biónico.
https://www.ideal.es/sociedad/policia-20181116091212-ntvo.html

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