viernes, 1 de febrero de 2019

Inquietud por la nueva área de escoltas ajena a la cúpula de Mossos

No se recuerda en la historia reciente de los Mossos d’Esquadra tantas reuniones de los principales mandos de la policía en el complejo central de Egara, en Sabadell, con
el director general, en este caso Andreu Martínez, pidiendo disculpas y dando explicaciones. 

Inquietud por la nueva área de escoltas ajena a la cúpula de Mossos


Esta vez, disculpas porque los Mossos fueron prácticamente los últimos en enterarse de la creación de una nueva área de seguridad institu­cional, integrada por policías, pero que trabajará fuera del organi­grama jerárquico del cuerpo. Unos cuantos elegidos que se encargarán de la protección y seguridad del presidente y los expresidentes de la Generalitat, y cuya creación ha provocado un tremendo malestar en el colectivo policial.

Las explicaciones de ayer de Martínez duraron unos veinte minutos. Se disculpó porque los mandos se enteraron cuando los medios de comunicación informaron de la nueva área, creada mediante un decreto de ley que se firmó el martes pasado. El director contó muy por encima lo que pudo del que será el funcionamiento de un área a la que hay que dotar de presupuesto, personal, medios y un reglamento que concrete qué debe y puede hacer.
A los Mossos, en general, tanto de la cúpula como de la base, no les han gustado ni las formas ni lo que se adivina que será el contenido de esta especie de futura guardia pretoriana que parece estar diseñada para escapar del control y las decisiones que hasta ahora ha marcado la jefatura de la policía catalana en cuanto a la seguridad del expresident Carles Puigdemont se refiere.
Martínez contó que el proyecto está todavía por definir. De hecho, se acaba de crear una comisión ­integrada por la dirección general de la Policia y Presidència que deberá acabar de definir el funcionamiento y redactar los requisitos del concurso de libre designación al que se presentarán los interesados. Eso sí, al ser de libre designación
el jurado tendrá la última palabra de quién entra en el nuevo destino.
No se concretó cuántos mossos integrarán el área –aunque superarán el medio centenar que ya se ­encarga de la seguridad del Palau de la Generalitat–, que estará bajo la tutela del departamento. No se sabe dónde estarán ubicados, aunque será en Barcelona. Contarán con material nuevo, presupuesto al margen de las estrecheces de Interior y algunas fuentes interpretan que al depender de Presidència sus miembros serán premiados con
un plus económico y, por tanto, su sueldo será superior al de los actuales escoltas.
Tras la intervención del director, el comisario jefe Miquel Esquius preguntó si alguno quería inter­venir. Y el silencio, el desánimo y
la incredulidad se apoderaron de la estancia. Esquius no había terminado cuando el director ya recogía y abandonaba la sala de actos.
Todos los mandos consultados para elaborar esta información desaprueban las formas, el momento y las verdaderas intenciones políticas que están tras la precipi­tada creación de la unidad. “Se trata de hacer lo que hasta ahora los comisarios de la jefatura no han permitido que se haga”, resume un ­responsable policial. Por ejemplo, no autorizar excedencias para ­viajar a Waterloo para acompañar a Puigdemont. U ordenar abrir una información reservada contra el sargento que acompañó al expre­sident cuando decidió abandonar España. Un sargento, Lluís Escolà, verdadero ideólogo del controvertido proyecto.
https://www.lavanguardia.com/politica/20190201/46136399782/inquietud-mossos-escoltas-torra.html

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