viernes, 29 de marzo de 2019

Guardia Civil: del "Todo por la Patria" al "aguantar, aguantar" en Cataluña

El Tribunal Supremo acoge los testimonios de los agentes del Instituto Armado sobre el acoso separatista a las puertas de las casas cuartel.


PABLO PLANAS
Delante de las casas cuartel de la Guardia Civil se gritaba "¡Fuera las fuerzas de ocupación!". También hubo lanzamiento de objetos, incluido uno incendiario en Igualada. E insultos y amenazas. Más un conato de detención frustrada por la acometividad de los manifestantes en Valls. Y camiones de bomberos por la república junto a los tractores de la independencia. También pasaron cosas en los hoteles y pensiones que alojaban a los policías nacionales y guardias civiles movilizados en la operación Copérnico, el despliegue de seis mil agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en Cataluña durante las semanas previas y posteriores al referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017.
La "invasión" fue duramente criticada por las autoridades de la Generalidad y por centenares de alcaldes. La presencia de guardias y policías era una afrenta, un insulto y una provocación. Y así se lo hicieron saber en persona a todos aquellos guardias y policías, ya fueran propios o paracaidistas, los miles de individuos que a lo largo y ancho de Cataluña participaron en manifestaciones, escraches y acosos ante las instalaciones del Instituto Armado y la Policía Nacional o ante sus alojamientos provisionales. Los bomberos de la Generalidad, con uniformes, cascos y pertrechos, eran el servicio de orden los manifestantes, la vanguardia de los acosos.
El menú del día en el Tribunal Supremo incluye más mossos lesionados el 20 de septiembre en Sabadell durante las tareas de protección a una comitiva judicial que practicaba el registro de la vivienda y detención de Joan Ignasi Sànchez Santín, asesor de la Generalidad. También se hablará de manifestaciones ante los hoteles de los guardias civiles en la Seo de Urgel, de seguimientos e insultos por la calle en Lérida a agentes de paisano y de concentraciones hostiles ante las casas cuartel de Manresa, Valls, Gandesa, Igualada y Barcelona.

"¡Las calles serán siempre nuestras!"

La incautación de las cartas a los presidentes y vocales de mesa en unas instalaciones de la extinta empresa Unipost en Tarrasa del 19 de septiembre incendió al separatismo, cuyas movilizaciones adquirieron un tono sombrío y amenazante. "¡Las calles serán siempre nuestras!" era el grito de guerra recurrente. En un contexto definido el pasado martes por el teniente coronel Baena como "insurreccional", las órdenes de la Guardia Civil eran "aguantar, aguantar y si no se puede aguantar, aguantar un poco más". Lo dice el teniente que estaba al cargo de la seguridad de la casa cuartel de Manresa.
El 20 de septiembre dos manifestaciones confluyeron a las puertas de la casa cuartel de la citada localidad. Por un lado, una manifestación convocada por el ayuntamiento en protesta por el "palo" de Unipost de la víspera y otra del recién formado Comité de Defensa del Referéndum de Manresa que después devendría en comité republicano, como en todas las ciudades, barrios y pueblos. El teniente pidió a los Mossos un cordón de seguridad que no se llevó a cabo, por lo que retiró la bandera nacional del mástil exterior y ordenó cerrar las puertas de la casa cuartel.

Enseña nacional y estelada

Los manifestantes izaron una estelada en ese mástil. La típica fiesta separatista de aquellos días de otoño. Gritos de "hijos de puta", "asesinos" y "fascistas". Más el tribal "votaremos". Dice el teniente que delante del acuartelamiento se llevó a cabo una "performance" con unas urnas de cartón que los manifestantes dejaron como recuerdo de su protesta. La estelada se la llevaron. Una lástima, dice. El oficial intenta restar dramatismo a los hechos. No era la primera vez que el independentismo "cívico, pacífico y festivo" se la liaba a las puertas. Ni sería la última. Y pasó lo mismo en Berga, Vich e Igualada, así como en Valls y Gandesa.
A preguntas del fiscal comenta el teniente que las dependencias de Manresa albergan familias con componentes que van "desde los cero a los ochenta años". El sargento de la casa cuartel de Valls también incide en el detalle del carácter doméstico de las instalaciones en su localidad y en casi todas. Un agente de Barcelona que vive fuera de la casa cuartel de la Travesera de Gracia, pero que realiza tareas de vigilancia en las instalaciones abunda en los inconvenientes para las familias de los guardias de hijos en edad escolar que implicaban las exhibiciones de pacifismo de las CUP, Arran y los CDR en los desplazamientos de los niños.
Los guardias civiles que han desfilado este jueves por el Supremo no han cargado las tintas. Los primeros testigos formaban parte del operativo Copérnico. Son los guardias de los escraches en la Seo de Urgel, de los insultos y amenazas en Lérida. El resto del personal es "local". Entre medias, la cuña de una agente de los Mossos que habría difundo en grupos de "whatsapp" la localización de los alojamientos policiales en Lérida para animar los acosos. La agente dice que no recuerda haber enviado tales textos. El presidente de la sala, Manuel Marchena, corta a la Fiscalía. La presencia en el Supremo de esa agente sirve para mostrar la fractura de la policía de la Generalidad por contraste con los testimonios de los mossos de Sabadell. Los mandos son mayoritariamente nacionalistas, pero la utilización del cuerpo por parte del separatismo provoca una fuerte oposición en la base.

Bandera retirada, no arriada

El antecitado teniente de Manresa viene después, tras el receso matinal. Su deposición en la silla testifical también incide en las cuestiones de imagen. Retiró, que no arrió, especifica, la enseña nacional para que no la vejaran los independentistas. El matiz no es menor y da la impresión de que tiene la mano rota de adoptar la medida. Cifra esa concentración en unos dos mil individuos. Imposible entrar y mucho menos salir."Toque de queda" en el interior de la casa cuartel. Su misión era "atender la seguridad desde el circuito cerrado de televisión".
El teniente, que habla catalán con el acento de la comarca del Bages, no sólo aporta que la orden era "aguantar, aguantar y si no se puede aguantar, aguantar un poco más" era la consigna general en la Benemérita ante las provocaciones y los insultos, sino que entra en detalles de imagen. ¿Qué hacer con las urnas dejadas en las puertas? El oficial se barrunta que la imagen de guardias tirando las urnas a la basura es tal vez lo que buscan los separatistas y decide llamar a los barrenderos municipales, que según afirma cumplen a plena satisfacción el cometido de limpiar el campo de batalla y retirar las cajas de cartón a pesar de depender de un ayuntamiento independentista.
Al teniente se le pregunta también por la huelga estudiantil del 21 de septiembre. Es una pena que no cuente el episodio de los adolescentes conducidos ante la comisaría de la Policía Nacional en Manresa para corear consignas golpistas. El teniente no estuvo presente, aunque refiere que también se le manifestaron en la casa cuartel ese mismo día con el mismo motivo.
El oficial comenta que se produjeron situaciones "esperpénticas". Se refiere a que dentro de la casa cuartel había chavales que eran compañeros de instituto de otros críos que gritaban fuera consignas contra las "fuerzas de ocupación", cuatro gatos y el teniente, mientras los docentes leían a grito pelado manifiestos contra la Guardia Civil y a favor de la "democracia" catalanista. Lo mismo dice el sargento de Valls, que entre los que les insultaban había compañeros de trabajo de esposas y novias de guardias alojados en la casa cuartel.
En ninguna dependencia de la Benemérita luce ya el lema de "Todo por la Patria", al menos en Cataluña, donde el Estado se ha especializado en pasar inadvertido. En caso contrario, habría rotulado todas sus instalaciones con la consigna "Aguantar, aguantar y si no se puede, aguantar un poco más".

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