lunes, 6 de mayo de 2019

Los guardias de la porra y el «pirulí»

En 1914 la Guardia Municipal cambió el sable por la porra y el gorro por el casco puntiagudo


Alfeiran


XOSÉ ALFEIRÁN 
El dilema del orden público. ¿Cómo enfrentarse a las protestas, desordenes o comportamientos públicos, individuales y colectivos? Reprimirlos supone un coste, no hacerlo también. A partir del siglo XIX, en consonancia con los avances hacia la democracia, hubo cambios en los mecanismos para mantener el orden que, en síntesis, consistieron en la retirada del Ejército y la cesión a la policía del control público y el empleo de medios no letales.
Los pioneros fueron los ingleses. En 1829 crearon la policía metropolitana -los bobbies-, de carácter civil y equipada solo con bastones de madera. Pero a pesar de su eficacia, su modelo, que obedecía a un sistema parlamentario responsable ante la opinión pública, no se extendería hasta el siglo XX. 

EL CASO ESPAÑOL

En España se mantuvieron sistemas de orden público más duros que los del ejemplo británico. Estaban basados en la utilización de cuerpos policiales con armamento militar -la Guardia Civil- y cargas de caballería, con golpes planos de sables, antes de recurrir al empleo de la infantería. Con un nivel de violencia elevado, las víctimas fueron muy numerosas en los enfrentamientos. Todo para mantener la capacidad de disuasión y sostener un régimen liberal, caciquil y no democrático. Sin embargo, algunos cambios hubo, sobre todo a nivel local.
A comienzos de 1914 el Ayuntamiento de A Coruña decidió cambiar el uniforme y equipamiento de la Guardia Municipal. Hubo dos motivos. Buscaban austeridad, buena presencia, marcialidad, pero también que su imagen mostrara el nivel de cultura y de modernidad herculinas. No llevaban armas al cinto. Analizando los modelos vigentes en las ciudades más avanzadas de Europa y España, escogieron la porra inglesa y el casco prusiano. ¡Irónica contradicción!
En abril la Comisión de Policía acordó que el nuevo uniforme constaría de un levita larga oscura, guerrera y pantalón del mismo color, cinturón charolado con chapa numerada y cartera con papel y lápiz (el talonario), y medias botas para invierno. El ros, gorro militar español, que hasta entonces llevaban sería sustituido, en guardias y cabos, por un casco negro con punta cónica metálica y escudo de metal blanco. Mientras, el del jefe sería plateado con escudo dorado, imitando el pickelhaube o casco prusiano del Ejército y la Policía de Alemania. El antiguo equipamiento de sable y revólver para diario y mosquetón para las formaciones y casos excepcionales sería cambiado por una cachiporra de caucho, al estilo de la que empleaba la policía en Inglaterra. 

NUEVO UNIFORME

El nuevo uniforme se estrenó el 2 de agosto de 1914, con motivo de la función del voto a la Virgen del Rosario. Sin embargo, por tardanzas en el suministro, solo lo estrenaron el jefe, doce números y dos cabos. El cambio no se completaría hasta el 11 de julio de 1915 cuando toda la plantilla vistió el nuevo uniforme para verano. El traje y su apéndice puntiagudo no se libraron de la sorna popular y al guardia empezaron a llamarlo pirulí y a la porra, o fungueiriño. 


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