sábado, 29 de junio de 2019

40 años de la mujer en la policía: Las nuevas 'super-cops'

  • Mañana 30 de junio se cumplen cuatro décadas de la entrada de las primeras mujeres en la Policía Nacional. En este tiempo se ha normalizado su presencia en calles y oficinas y han logrado abrirse camino hasta la cúpula, donde ya hay paridad. Hablamos con las más veteranas y con las recién incorporadas a la Academia para conocer cuáles son los retos que tienen por delante.




  • PILAR ARRANZ





Corría 1978, España se encontraba en plena Transición y en el BOE del 14 de marzo se publicaba la convocatoria de las primeras pruebas de selección para el Cuerpo General de Policía en las que se reservaban cien plazas a "miembros femeninos". Al año siguiente, el 30 de junio de 1979, juraban el cargo las 42 mujeres que formaron esa primera promoción del Cuerpo Superior de Policía. Una de ellas era Carmen Blanco Sánchez, en la actualidad Inspectora Jefe en la reserva.
Ella conocía bien lo que significaba ser policía. Su padre y su abuelo lo habían sido, de hecho este había muerto en acto de servicio. Solo tardó tres meses en prepararse las oposiciones, acababa de licenciarse en Derecho y el temario le resultó asequible. "Los profesores estaban descolocados, se encontraban por primer vez con chicas en la Academia y no sabían muy bien cómo tratarnos. Supongo que a algunos compañeros no les hizo ninguna gracia que ingresáramos; pero contábamos con una ventaja: en la Policía la disciplina es muy férrea y no se tolera ninguna falta de respeto". Tras pasar por Casa Real como escolta, estuvo en el Gabinete de Identificación, lo que ahora es la Policía Científica "aunque entonces era todo menos moderno, recuerdo pasarme horas con una lupa identificando huellas dactilares. A mí nunca me han gustado los trabajos monótonos, así que cada vez que podía me escapaba a tomar huellas a los presos a los calabozos o al anatómico forense", comenta la inspectora jefa.
En la actualidad un 14% de los miembros de la Policía Nacional son mujeres, una cifra aproximada a la de las Fuerzas Armadas, solo superadas por el más del 20% que forman parte de los Mossos d'Escuadra. Pero estas cifras pueden cambiar pronto. De hecho, la Comisaría Científica de la Policía Nacional roza ya la paridad, al tener un 41,2% de mujeres, en concreto 118 entre sus cinco unidades.
La revolución está en las nuevas generaciones que ingresan en la Academia. De los 3.200 que lo hicieron en la escala básica, 800 eran mujeres. Y la cifra es aún más alta en la escala ejecutiva:de un total de 130 alumnos, un 40% son de género femenino.
Elisa Pizarro es una de ellas, una policía vocacional que soñaba con utilizar sus conocimientos para ayudar a los demás. "Tengo claro que estamos al servicio del Estado y que el ciudadano es nuestro primer objetivo", cuenta en la academia de Ávila. "Y siento que aún falta visibilizar nuestra labor, a veces los medios solo señalan los errores, que como humanos podemos cometer. Por el hecho de estar uniformados destacamos más que otros trabajadores y se nos juzga de forma más rigurosa. Yo me siento muy orgullosa, porque pertenezco a una de las mejores policías de Europa, así nos consideran todos los países de nuestro entorno".
La futura inspectora Pizarro admira especialmente a una mujer, Pilar Allué; la que fuera comisaria de la Policía Científica y que ahora ostenta el cargo de subdirectora general de Recursos Humanos y Formación. La española es una de las pocas policías en el ámbito internacional que tiene en el máximo nivel de dirección a dos mujeres, una es Allué; la segunda, la comisaria principal Eulalia González Peña, subdirectora general del Gabinete Técnico.
El camino hasta llegar allí no ha sido fácil, solo hay que preguntarle a la inspectora Blanco cómo fueron los inicios: "Había muchas dudas a la hora de nombrarme primera jefa del grupo jurídico de la Comisaría General de Información, hubo superiores que creían que era mejor que mi cargo lo ocupar un hombre".
Todas las veteranas están de acuerdo en que hoy la igualdad reina a la hora de ascender, los requisitos no saben de géneros. Pero existe un talón de Aquiles que la comisaria general Eulalia Sánchez pone sobre la mesa: la corresponsabilidad familiar.
Los ascensos suelen ir acompañados de traslados y muchas agentes no pueden asumirlos por razones familiares, cosa que no suele ocurrir entre los varones. Ella no sufrió esas trabas. Se licenció en Periodismo y en 1987 ingresó en la escuela de Ávila animada por su padre que pertenecía al cuerpo.

Su primer destino fue Barcelona. "Entré en la entonces recién estrenada Unidad de la Mujer. Más tarde estuve vinculada a la lucha contra la violencia de género, al formar parte de una de las Unidades de Prevención, Asistencia y Protección (UPAP). Todas las que ingresamos en la Policía tenemos una gran vocación de servicio público. Por eso lo más duro es la intervención en la calle y lo más gratificante la posibilidad de ayudar al prójimo. Cuando una persona ha sufrido un delito hay que tratar de evitar la doble victimización", explica.
Por su sensibilidad, Eulalia está especialmente preocupada por la protección de la mujer: "Desde la Policía Nacional se está haciendo una labor enorme en dos sentidos, la mejora a la atención de la víctima y la prevención. Somos conscientes de que el problema se ataja con educación dentro de la familia y en las escuelas; por eso damos charlas en los colegios para explicar a a los menores temas que les afectan, como la violencia de género, el ciberacoso, el bullying o el consumo de drogas".
Para evitar cualquier atisbo de discriminación entre los agentes, el año pasado se puso en marcha la Oficina Nacional para la Igualdad de Género de la Policía Nacional. Al frente se encuentra Dolores López Sánchez, quien vela "porque se cumpla la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, promovemos medidas para la conciliación y la corresponsabilidad y formamos a los nuevos policías en esta materia".
La mayoría de las quejas y preguntas que le llegan son sobre temas de conciliación. Y añade: "Ahora nos queda por establecer un protocolo sobre acoso sexual, no porque aquí existan más casos, simplemente porque la Ley de Igualdad así lo exige. Otro tema que nos atañe es el de la violencia de género, tenemos unos protocolos establecidos, ya que hay muchas parejas dentro de la Policía Nacional y llevamos armas. Debemos establecer cuándo se retira una pistola o cómo se establecen las medidas cautelares de alejamiento en caso de que los policías compartan destino".
Los niños españoles sueñan con ser futbolistas en primer lugar y policías en segundo, vocación que no aparece, sin embargo, entre las niñas, que aspiran más bien a ser profesoras o veterinarias. Por esa razón, la comisaria Sánchez considera que el futuro pasa por "dar visibilidad a las mujeres policías y que se conviertan en referentes para las pequeñas".
Elisa Pizarro animaría a cualquier joven a seguir sus pasos: "Va a estudiar mucho, pero le va a merecer la pena porque realizamos un trabajo precioso y dinámico. Además aprenderán valores a veces olvidados como el compañerismo, la honestidad o la integridad". Su compañera Alba se muestra de acuerdo y añade que "las chicas deben desechar la idea de que es un trabajo de hombres. A mi abuela aún no le entra en la cabeza que yo haya ingresado en la policía, en las próximas generaciones esto no debe ocurrir".

Ante todo, vocación

Cuando Elisa Pizarro y Alba Mateos entran a la sala de tiro de la Escuela Nacional de Policía de España en Ávila, nadie se inmuta. Ellas ya no son una rareza, sino algo cotidiano.
De niña, Alba Mateos se pasaba las horas viendo y leyendo historias de detectives, con 28 años logró su sueño, ingresar en la Academia. Antes de opositar se licenció en Psicología y Criminología.
Su compañera Elisa Pizarro, 32 años, licenciada en Veterinaria y doctora en Biología Molecular, se encontró en una encrucijada: aceptar un contrato en Bélgica como bióloga o perseguir un sueño que la rondaba, vestir el uniforme de policía. Ambas han coincidido en Ávila.
La primera obtendrá su primer destino como agente tras nueve meses de formación; la segunda, tras dos años de estudios conseguirá el título de inspectora. Alba sueña con pertenecer a la Policía Judicial.
Elisa tiene sus miras puestas en la Policía Científica y en aplicar allí todo lo aprendido en la universidad. Así son las nuevas generaciones de agentes, jóvenes con estudios superiores y una clara vocación de servicio.

Carmen Blanco, la pionera

Su padre la animó a que se presentara a las primeras oposiciones del cuerpo que admitían a mujeres entre sus filas en 1979. Carmen lo hizo con la desaprobación de su madre que, puestos a elegir, prefería que fuera notaria. Su primer destino fue como escolta de la Casa Real, un puesto que tuvo que abandonar al contraer matrimonio porque entonces en reglamento no permitía que las escoltas estuvieran casadas. Ahora, retirada ya del servicio activo, siente que tomó la decisión acertada: "Nunca me he arrepentido, he sido muy feliz".

Eulalia Sánchez: ascender empieza en casa

"En la Policía Nacional tenemos una ventaja, existe igualdad de oportunidades para hombres y mujeres a la hora de ascender. De hecho, de los cuatro máximos cargos, dos somos mujeres". La que habla así es Eulalia Sánchez, subdirectora general del Gabinete Técnico desde el año pasado. Forma parte de una larga saga de policías (seis generaciones), todos varones excepto ella. Pero Eulalia llegó y ha conseguido lucir el máximo rango. Asegura no haber encontrado ninguna traba por ser mujer, "pero para hablar de igualdad real hay que abordar la corresponsabilidad dentro de la familia. La mía me ha acompañado en todos mis destinos. He notado el apoyo de mi entorno, sin eso es imposible lograr nada".

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