domingo, 30 de junio de 2019

El Gobierno socialista convierte a la Guardia Civil en una piltrafa al servicio del movimiento LGTBQ

La Guardia Civil, una de las instituciones más valoradas por los españoles desde hace varias décadas, ha hecho hoy uno de los ridículos más bochornosos de su historia.

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Convirtiéndose en un felpudo de la corrección política más ignorante y miserable, abriendo los brazos a los movimientos comunitaristas de extrema izquierda y babeando indignamente ante las proclamas ”progresistas” de un Gobierno legal, pero éticamente indecente, la Benemérita se ha sumado al movimiento político LGTB alterando los colores de su logotipo y convirtiendo éste en un guiñapo gay.

La Guardia Civil tiene que defender los derechos y libertades de todos los  españoles, y no servir de comparsa a quienes buscan convertir su particular tendencia sexual en una reivindicación política universal; la Guardia Civil está para defender la Ley, que nada tiene que ver con mimetizarse con quienes tratan convertir los ordenamientos legislativos nacionales en marionetas ridículas de la ideología de género más fanática; la Guardia Civil permanece firme para defender a los indefensos y no para compadrear con colectivos, movimientos, grupos o asociaciones inspiradas por la extrema izquierda que solamente tratan de ser útiles a los intereses bastardos de unos pocos; la Guardia Civil sirve a todos los ciudadanos, y no solo a un puñado de ellos que, además, son en estos momentos los niños dorados de las élites políticas, sociales, culturales y económicas de Occidente; la Guardia Civil tiene el honor como eje principal de su lema y como su divisa primera, pero solamente hay indignidad, cobardía, vacuidad y miseria moral en quienes se jactan de solidarizarse con quienes no necesitan solidaridad, en quienes no defienden las banderas de sus padres ni de sus hijos, sino los banderines torticeros de unos pocos que, además, solamente se representan a sí mismos.

Solamente un Gobierno legal, pero éticamente miserable como el que comanda en funciones el socialista Pedro Sánchez podría añadir a su largo historial de demolición de la democracia, de la convivencia y de la cohesión de España, un elemento más: la destrucción de la imagen de la Guardia Civil, un valor que se había ido acrecentando a lo largo de 175 años de historia y que hoy, al ritmo de las canciones de Village People, ha quedado convertido en una piltrafa.

¿Tendrá algo que decir el Director General de la Guardia Civil de todo esto? Y, sobre todo, ¿qué tendrán que decir los guardias civiles de a pie, los que se juegan todos los días la vida en acciones antiterroristas, en operaciones de salvamento, en iniciativas contra la delincuencia, en trabajos oscuros y nunca lo suficientemente recompensados, de ver su Cuerpo Policial convertido en un estandarte patético de los ciudadanos más privilegiados, más protegidos, más alabados, bendecidos y subvencionados?

Ningún Gobierno había hecho tanto daño a la Guardia Civil en menos tiempo.

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