jueves, 27 de junio de 2019

Policias Nacionales y Guardias Civiles hartos del abuso migratorio. Por Francisco Lanzas

Hemos sido testigos de una conversación - una tertulia que nunca veremos en TVE ni leeremos en los medios medianamente afines a la partitocracia que nos ahoga - por parte de un grupo de policías nacionales cuya identidad celosamente guardaremos. 



El tema de la misma no era otro que el de los desvergonzados abusos de la cúpula gubernativa y la de sus servicios de rescate de inmigrantes ilegales,y su catalizador no fue otro que el artículo que bajo titular "¿Están nuestras autoridades sobornadas por las mafias migratorias?" publicaba "EL CORREO DE MADRID" ayer día 25. Comentando dicho artículo - que aún está disponible para quien lo quiera leer - los policías, todos ellos destinados en la zona del Estrecho y reunidos en una urbe de la Costa del Sol, han dado suelta al veneno acumulado, como sigue:

En primer lugar, todos los tertulianos han reconocido estar agotados, desbordados y reventados por la frecuencia e intensidad de los servicios exigidos por la incesante invasión de pateras, tanto si se trata de "rescatar" las balsas a un tiro de piedra de las costas marroquíes como si hay que multiplicarse para hacer frente a la acogida en tierra de los migrantes que el buque de protección marítima desembarca a diario. Y al socaire de dichas operaciones parece que los abusos de sus superiores - movidos por presiones desde mucho más arriba - llega a extremos tales como, por ejemplo, el de exigir que el buque patrulla vaya hasta las costas de Libia a recoger una carga de patatas, excursión ésta que a los contribuyentes nos costará un gasto mínimo de 12.000 euros tan sólo en el consumo del gasoleo necesario para el viaje.

En segundo lugar, están las espantosas condiciones sanitarias en las que los inmigrantes llegan a nuestros centros. Prácticamente todos ellos llegan con sarna y muchos de ellos están enfermos (brucelosis, tuberculosis, hepatitis, VIH). Cuando, sistemáticamente, dicen que son menores de edad hay que llevarlos a Urgencias para hacerles una radiografía de muñeca - con la que se puede comprobar si lo son o no lo son. En los centros sanitarios los supuestos "menores" esperan, junto al resto de las personas que ese día tienen que acudir a consulta, sin que se tome la menor precaución por si son o no son enfermos contagiosos. Y la gente, los españolitos y españolitas de a pie, con o sin sus hijos, huye de ellos en las salas de espera - sobre todo las mamás con niños, que salen despavoridas en cuanto les ven entrar custodiados. Al menos la sarna sí es contagiosa y son muchos los policías que se han visto afectados por esa sucia y lamentable enfermedad. "A mi ya me pasó y yo ya sé a quién le metería esa sarna por el ojete", cierra uno de los policías nacionales visiblemente alterado.  

La repatriación de ilegales - que la cúpula de Interior pretende estar produciéndose de forma fluida - es un completo y muy costoso fracaso. Ningún país africano, digan lo que digan los eventuales acuerdos bilaterales, acepta que repatríen a los suyos. Ni uno. Los únicos países que aceptan la repatriación son los de Latinoamérica, tanto de la zona Centro como del Sur del continente, pero en la práctica cada repatriación le cuesta a España. - es decir, a todos nosotros - el precio de 3 billetes de avión a la ida (el del repatriado y los dos policías que lo acompañan), y otros 2 a la vuelta (el de los dos policías que lo acompañaron), además de los gastos de alojamiento y manutención cuando los policías tienen que permanecer allí unos cuantos días - aunque la poilítica de la casa es que regresen sin apenas tiempo para descansar del primer viaje.

Pero el caso de Marruecos es el que especialmente clama al cielo. Uno de los policías aseguraba un tanto jocosamente que "si sobrevuelas la zona del Monte Gurugú, en Melilla, toda la tierra que ves es una mancha negra, tal es la cantidad de subsaharianos que pululan esperando turno para asaltar la verja o subirse a la patera". Los demás asentían gesticulando y poniendo "caras de circunstancias". "La ola de pateras nunca es del todo regular - sigue diciendo otro de ellos - porque cede un tanto cuando a Marruecos le llega la subvención española, pero se intensifica y avisan que van a salir muchas y que están fuera de control cuando los marroquíes quieren que España pague y calle". "Y España paga y calla", concluye su compañero.

Preguntados si nuestros servicios no reciben ayuda de la Unión Europea, dicen: "Es mentira. Ni Frontex ni la madre que la parió". "En Bruselas nadie quiere saber nada, sobre todo ahora cuando ven que España paga a los marroquíes grandes sumas y que se hace cargo de los inmigrantes desembarcados sin rechistar". "Se están cachondeando de nosotros". "Y hasta se rien cuando la prensa publica una foto de pateras desembarcando gente en las playas, con bañistas y turistas haciendo fotos, y no hay ningún dispositivo para detener a los invasores". "Y nadie nos ayuda, nadie, con lo fácil que sería situar unos pocos patrulleros de la Marina en el Estrecho, o a la sombra de la isla de Alborán. No pasaría ni una sola patera. ¿Por qué a Gibraltar no llega ni una? Pues porque los llanitos les recibirían a tiros, pero nuestros políticos saben más, son muy listos".

Llegados a este punto, les recordamos que Pedro Sánchez, a espaldas del Congreso, firmó en Marrakesh un Pacto Global de la ONU para favorecer todo esto, y que Interior no parece estar muy interesado en arreglar esta vergonzosa situación. Se produce el silencio, sólo roto por uno de ellos con un gesto hacia Interior que no vamos a reproducir. Para todos ellos está muy claro que España está siendo, chantajeada, burlada y esquilmada por unas mafias migratorias nacidas a la sombra de las autoridades marroquíes y españolas, y que son éstas - estén o no estén sobornadas por las primeras - las directas responsables de la tragedia social, económica y de Orden Público que ya afecta a España - permeada de MENAS, sicarios y asaltantes,   (entre mucha gente humilde, honesta e ilusionada, que se ha jugado el tipo por intentar mejorar su futuro, que todo hay que decirlo) - y que en muy poco tiempo deteriorará aún más los servicios públicos y empozoñará la convivencia en tal grado que ni los trucos de RTVE y medios para silenciar la nacionalidad de los delincuentes podrá evitar un estallido social sin precedentes. Los políticos lo saben pero se ponen de perfil. Los policías nacionales y los guardia-civiles - que en anteriores ocasiones se han expresado sobre el problema de forma similar a sus colegas del CPN - también lo saben, pero ya están hasta los cataplines del ninguneo de que son objeto, exigen una solución y están dispuestos a denunciar la pasividad, .......................................


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