sábado, 20 de julio de 2019

La vida de la Guardia Civil en Navarra: “Aún oculto un ‘tendedero militar’ en casa”

La mayoría sigue ocultándolo. Decirlo es complicarse la vida. Para ello utilizan recursos de todo tipo. Algunos llegan a adquirir vestuario de otra empresa para esconder su verdadera ocupación. Su uniforme sigue delatando demasiado como para colgarlo en el patio abiertamente. 


MIKEL SEGOVIA
Juan José asegura que en casa tiene dos tendederos, el ‘civil’, en el exterior, y el ‘militar’, dentro de la vivienda. Diego actúa de modo similar. En su piso la casera lo sabe, y algún vecino de confianza, pero habitualmente prefiere recurrir al recurso de “funcionario” cuando le preguntan a qué se dedica. Su tendedero también está dentro del piso de alquiler que ocupa.
ETA ya no existe, pero ser Guardia Civil en Navarra es aún algo incómodo como para compaginarlo con una vida plenamente normal. La amenaza de un atentado ha desaparecido, la de sufrir acoso social, miradas, insultos o en el peor de los casos, una agresión, no. El ‘caso Alsasua’ y la movilización que suscitó ha enrarecido el ambiente, reconocen varios agentes. Aún hoy los 1.829 guardias civiles destinados en la Comunidad Foral, al igual que los que lo hacen en Euskadi, perciben un plus de peligrosidad: en torno a 500 euros brutos al mes. También se les concede preferencia para elegir destino si completan tres años de servicio en “el norte”. La económica y la laboral son las motivaciones que llevan a la inmensa mayoría de agentes a ‘subir’ a Navarra.
Estos días en el café la conversación se repite. El rumor se convirtió en certeza hace meses. La cesión de la competencia de Tráfico de la Guardia Civil a la Policía Foral está sólo pendiente de ser ejecutada. Los algo más de 220 agentes de la unidad podrían quedarse sin funciones en cuanto se lleve a cabo la cesión ya pactada entre Pedro Sánchez y Uxue Barkos y cuyo cumplimiento es sólo cuestión de meses y de conformación de dos gobiernos; el nacional y el foral.
Cesar es otro de los agentes que no tiene dudas de lo que ocurrirá. Se empieza por tráfico y se continúa con el resto de competencias que Guardia Civil y Policía Foral comparten al 50% en Navarra. La secuencia es para él clara: ceder Tráfico, por ser la más rentable en recaudación y la más factible por el número de agentes –algo más de 200-, para continuar después con Medio Ambiente, el Seprona –factible por su estructura reducida-, y culminar finalmente con Seguridad Ciudadana, el grueso del despliegue actual de la Guardia civil en Navarra, en torno a 1.400 agentes, y cuya asunción se podrían plantear de modo escalonado por el elevado coste que tendría.

A imagen de Cataluña

Él lo vivió en Cataluña. Antes de ser destinado a Navarra en 1998 –y donde acumula ya 21 años de servicio- trabajó allí. Entonces los Mossos aún no habían asumido las competencias de Tráfico, pero el rumor empezaba a circular: “Estuve tres años allí y entonces aún teníamos la competencia. Poco después de marcharme de Cataluña los Mossos asumieron Tráfico. Ahora, por lo que vemos en Navarra, el proceso es similar”.
César no procede de una familia vinculada al Cuerpo. Reconoce que después de tantos años de servicio ha cogido cariño a la Guardia Civil como para no aceptar ser absorbido por la Policía Foral, “con los que tenemos una magnífica relación”. El pertenece al área de Seguridad Ciudadana y sabe que por ahora la asunción de esta competencia está más lejos. Tampoco está dispuesto a salir de Navarra fácilmente. Acumula más de dos décadas viviendo en la Comunidad foral, primero en Vera de Bidasoa y ahora en Cascante. En el primer caso, lo hizo a finales de los años 90 y en una localidad controlada por la izquierda abertzale: “Fueron los años de la ruptura de la tregua de ETA. En Vera de Bidasoa tenía mucho peso HB. No teníamos relación con los vecinos. En Navarra el clima varía muchos de Tafalla al norte y de ahí al sur. Unos son medio maños, aragoneses, y otros navarros vascos”. Asegura que el clima ahora ha mejorado mucho en comparación con aquellos años, “sigue habiendo manifestaciones frente a los cuarteles en ocasiones, o marchas por los presos, pese a que en general la relación ha mejorado”.
En Navarra los agentes aún perciben el plus de peligrosidad, 500 euros, y preferencia para elegir destino tras tres años en “el norte”




Juan José lleva once años en la unidad de Tráfico, tres de ellos en Navarra. Está preocupado, sus mandos apenas les facilitan información sobre cuál será el futuro que les espera. Es de los que ni se plantea pasarse a la Policía Foral cuando llegue el momento, “la mayoría no lo aceptamos”.
El ofrecimiento a incorporar agentes en la Policía Foral que ahora se anuncia también se hizo en el caso de los Mossos. En 1998 apenas 250 agentes componían la unidad de Tráfico que comenzó a relevar a la Guardia Civil. En sólo dos años el despliegue fue completo y en parte, gracias a la incorporación de agentes. Los Mossos de Esquadra reservaron el 15% de las plazas para absorber a guardias civiles que ya ejercían las funciones de tráfico.
Él también ha estado destinado en Cataluña, en el Vendrell, y prevé un proceso similar. Sospecha que la campaña que cree que existe para diluir su labor es sólo el comienzo: “Hay mucha presión. Estoy convencido de que existen instrucciones para acallar nuestro trabajo”.

Silenciar a la Guardia Civil

Se refiere a la publicidad desproporcionada que constata de los servicios que hacen los policías forales en competencias que comparten al 50% con ellos. El malestar más extendido entre los agentes de Tráfico es el funcionamiento del servicio 112. Denuncian que se priorizan los servicios más relevantes para cederlos a los forales y relegar a la Guardia Civil para los de menor impacto.
“Si alguien pone en un buscador cuántos servicios de alcoholemia se han realizado en San Fermín sólo verá los de la Policía Foral, cuando los que ha hecho la Guardia Civil han sido muchos más”. En otra ocasión recuerda que les llamaron para acudir a un accidente a sólo 4 kilómetros de donde estaban “y cuando llegamos ya estaban allí los policías forales, los bomberos y las ambulancias”: “Nos llaman sí, pero mucho más tarde que a ellos, así no les podremos decir que no cuentan con nosotros”.
Diego es uno de los muchos agentes que solicitó destino en Navarra para obtener beneficios laborales y económicos. Su aspiración es obtener plaza definitiva en su Málaga natal. Le bastará con tres años para acceder a esa preferencia a la hora de elegir. Por ahora ha cumplido dos y teme no llegar al tercero si se precipita la retirada de la competencia de Tráfico a la Guardia Civil, unidad a la que pertenece. “Mi pensamiento es estar aquí, hacer mi servidumbre de tres años, e irme a Málaga de nuevo en el menor tiempo posible”.
Aquí la gente es mucho más educada que en Madrid. Hay muchos cuerpos policiales y quizá estén más acostumbrados a que les paren para un registro”





En el tiempo que lleva en la Comunidad Foral no ha percibido un rechazo especial hacia ellos. Más bien al contrario, “aquí la gente es mucho más educada que en Madrid, donde estuve siete años”. Lo dice por situaciones como los controles que lleva a cabo en los que no ha percibido resistencias: “Quizá es porque la gente está más acostumbrada. Aquí hay muchos cuerpos policiales y están más habituados a que se les pare y les hagan registros. Debo decir que nadie se mete contigo ni te dice nada”.

Plan para la Policía Foral

A pocos kilómetros de Pamplona, hace muchos años que la Guardia Civil no tiene competencias de tráfico. Mucho antes que en Cataluña, en Euskadi la Ertzaintza asumió esta competencia en exclusiva en 1982. Fue la vía para la extensión del cuerpo autonómico y que de modo progresivo fue asumiendo responsabilidades en materia de Seguridad Ciudadana y de lucha contra el terrorismo, limitando así la presencia y funciones de la Benemérita en el País Vasco.
Algo similar ocurrirá en Navarra. Actualmente el número de agentes de la Benemérita casi duplica al de policías forales, más de 1.800 frente al apenas un millar de policías del cuerpo navarro. El Plan Director para desarrollar la policía autonómica y que se aprobó hace dos años lo subraya. El actual modelo de “coexistencia” entre ambos cuerpos sólo aseguraba una “supervivencia” para la Policía Foral, pero sin opciones de crecer hacia su conversión en un Cuerpo “integral” de policía. El segundo nivel del plan apostaba por dar un paso más hacia la “complementariedad” con la progresiva asunción de competencias: primero tráfico y posteriormente Seguridad Ciudadana y Medio Ambiente (Seprona). Este paso requería de un ritmo de ampliación de agentes de 60 por año. Finalmente, el plan más ambicioso contemplaba ampliar en casi un centenar la plantilla cada año para hacer de la Policía Foral una policía “integral” con plenas funciones.
El soporte legal también está preparado. El 15 de noviembre del año pasado el Parlamento Vasco aprobó la Ley Foral de Policía de Navarra y que se marca como objetivo “culminar” la cesión de competencias a la Policía Foral de Navarra para transformarla en una verdadera policía autonómica. Si se cumplen las previsiones, corresponderá a la previsible futura presidenta de Navarra, María Chivite, con el apoyo de los partidos nacionalistas Geroa Bai y EH Bildu, además de Podemos e Izquierda-Ezkerra, llevarlo adelante

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