miércoles, 24 de julio de 2019

Pedro Sánchez tolera los ataques al Rey, a España, la democracia y la Constitución

Pedro Sánchez toleró que se lanzaran duros ataques a España, al Rey, a la democracia, a la Constitución, al Estado y a las Fuerzas de Seguridad durante el debate de su investidura fallida en el Congreso de los Diputados. 


El candidato socialista, que el lunes pidió apoyos para «cambiar la historia de España», evitó responder a los políticos -en su mayoría separatistas- que utilizaron su turno de palabra para arremeter contra las instituciones o el sistema democrático.
El presidente del Gobierno en funciones eludió salir en defensa del Monarcacuando el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, le acusó de haber justificado «los palos del 1 de octubre», en alusión a la intervención de las Fuerzas de Seguridad durante el referéndum ilegal de independencia.
Mucho antes, en los primeros minutos de su alocución, «denunció la terrible anomalía democrática» que suponía que el líder de su grupo parlamentario, Oriol Junqueras, esté en la cárcel de Lledoners en lugar de ocupando su escaño. «Espero que lo estés viendo y espero estar a tu altura», puso de relieve de un modo dramático.
Continuó la representación teatral con una apelación a los presos del «procés», exagerando las penas solicitadas para ellos: «A nuestros compañeros les piden 500 años de cárcel por votar (en otro momento de su discurso dijo quince)». «A sus familiares les cachea un perro antes de entrar» en la prisión, lamentó.

De Alsasua a la represión

Otra de las perlas que Rufián soltó guardaba relación con la agresión que sufrieron dos agentes del Instituto Armado y sus parejas en la localidad navarra de Alsasua en 2016, tradicional feudo de la izquierda abertzale. «Que deje de haber siete chavales de Alsasua en la cárcel por el tobillo roto de un guardia civil y cinco violadores sentenciados en la calle», reclamó.
La portavoz de JxCat en la Cámara, Laura Borràs, también virtió un rosario de falacias, como que en España «se atropellan los derechos humanos» para defender la unidad de la nación o que «la convocatoria de un referéndum no es un delito». No es lo único que salió por su boca, la separatista dibujó un Estado opresivo: «No hay mayor inestabilidad que la que emana de la represión. Eso es lo que ha ocurrido desde otoño de 2017, con una buena dosis de corresponsabilidad del PSOE, pero con total responsabilidad desde mayo de 2018». Además, intentó sembrar dudas sobre la supuesta vinculación del CNI con el cerebro de los atentados de Barcelona, y afirmó que el Estado está «enfangado».
Sánchez tampoco censuró a Mertxe Aizpurua, la portavoz de Bildu, cuando calificó la Constitución como «cárcel de pueblos». Desde su mundo paralelo, la política vasca incluso aseguró que la Carta Magna «fue un pacto basado en la impunidad para el franquismo», al tiempo que pidió a sus señorías que dirigieran «su mirada hacia el Valle de los Caídos y esas cunetas del horror donde aún yacen miles de muertos».
Igualmente se quedó sin réplica por parte del jefe del Ejecutivo en funciones, el portavoz de En Comú Podem, Jaume Asens, quien acusó a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado de «apalear a personas indefensas tan solo por querer votar», en referencia al referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017.
El debate de investidura fue tan largo y contó con tantas intervenciones -fueron catorce, en total-, que difícilmente Sánchez podía haber puntualizado todas las ofensivas y disparates que se lanzaron en el Hemiciclo, pero lo cierto es que el presidente del Gobierno en funciones ni siquiera rechazó las acusaciones más graves. Es más, tras escuchar las que Rufián propagó en contra del Rey, le agradeció «el tono, el cambio de formas en su intervención y el propósito de la misma, de tender puentes, de posibilitar que España tenga un Gobierno al finalizar esta semana».

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