miércoles, 7 de agosto de 2019

El coronel valiente que denunció 'garbanzos negros' en la Guardia Civil

Hace 22 años Juan Lara, hijo, nieto y bisnieto de guardias civiles, se atrevió a levantar la voz contra la corrupción interna. Ya retirado, la detención de un capitán de la policía judicial hace ver que la situación es aún más grave hoy que en 1997. El último garbanzo negro le tiene más que intranquilo



PEPE CONTRERAS
Debajo del cuadro de su padre, que fue subteniente de la Guardia Civil, Juan Lara conserva sus dos sables cruzados. Representan el cuerpo benemérito al que entregó su vida desde que se puso por primera vez el uniforme con 15 años, en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, fiel a la tradición familiar "desde mi bisabuelo". Llegó a subir alto en el escalafón, hasta coronel, con dos destinos internacionales, en El Salvador y Guatemala. Pero no es por su rango por el que hizo historia. Fue una denuncia que salió de su boca y que olió a muchos a cuerno quemado. Cuando descubro "un garbanzo negro" en la Guardia Civil, vino a decir en un foro con micrófonos, lo entrego a la Justicia y "cuando no lo podíamos demostrar con pruebas, pues entonces me encargo de amargarles la vida lo suficiente como para que dejen de hacerlo o se vaya".
Todo ocurrió en noviembre de 1997, con la heroína cabalgando a sus anchas por el Campo de Gibraltar y madres desesperadas luchando a diario por sus hijos, con pañuelos verdes, lanchas desembarcando tabaco procedente de la Roca, las crecientes llegadas de inmigrantes en pateras de madera repintadas, y el hachís fresco recién embalado en Marruecos en sacos de plástico y arpillera. La Guardia Civil no disponía de los recursos con los que ahora cuenta y los narcos tampoco, no se daban casos de corrupción que afectaran a altos mandos, que se supiera, claro.
El entonces oficial de la Guardia Civil Juan Lara (hoy tiene 73 años y lleva ocho retirado) dijo algo que dio la vuelta a España y fue portada en los medios de comunicación: admitió con toda naturalidad la existencia de "garbanzos negros" en la institución. Lara había trabado amistad con el coronel al mando del Servicio de Asuntos Internos (SAI) y sabía bien de qué hablaba.
"Fue en una reunión en Algeciras con madres contra la droga, era una mesa presidida por un juez, con el comisario de Policía, un periodista, un representante de Hacienda, del SVA, el señor José Chamizo [después sería Defensor del Pueblo andaluz], y estaba yo", recuerda con nitidez el entonces teniente coronel, entre otras razones porque nunca olvidó el enorme impacto de sus manifestaciones en una sociedad muy vapuleada por el narcotráfico.

DILIGENCIAS SOBRESEÍDAS

Lara mantenía muchos contactos con las activas coordinadoras contra la droga, "porque me reunía casi todas las semanas". Les dijo que "cuando se cogía a un garbanzo negro, o bien nosotros o la Policía Nacional, lo pasábamos a la Justicia como un delincuente más. Y cuando no lo podíamos demostrar, pues entonces yo dije algo así como que me encargo de amargarles la vida lo suficiente como para que deje de hacerlo o se vaya". El fiscal le abrió diligencias, que fueron sobreseídas. Aquello le creó una reputación de buen guardia y las felicitaciones frecuentes de los sindicalistas de la Guardia Civil y de las coordinadoras contra la droga. Pero también le granjeó enemigos.
"Las madres estaban muy dolidas porque sus hijos estaban muy, muy metidos en la droga y ellas querían una respuesta que les satisficiera un poco. Yo sólo hice una cosa, admitir una realidad, que en los colectivos, y más en los grandes como la Guardia Civil, es casi obligación que haya garbanzos negros. Eso no se puede negar en ningún colectivo. Ahora, hay que ver la proporción en que están esos garbanzos negros, y gracias a Dios en la Guardia Civil la proporción era pequeñísima".
Lara afirma que tuvo "la suerte" de estar al mando de la comandancia de Algeciras en dos etapas, de 1989 a 1991 y de 1996 a 1998, años muy complicados en la comarca. "En esos tiempos yo noté la presencia de Asuntos Internosporque me lo contaba mi servicio de Información -'aquí hay equipos de fuera'- y yo decía, dejadlos porque cuanto más vigilemos, mejor. Luego ya llegué a hacerme amigo de la persona que mandaba entonces el Servicio de Asuntos Internos y era yo el que se lo pedía. Algeciras era una golosina para picar, por decirlo de alguna manera. Tenemos que estar muy vigilados, le decía, yo no quiero saber dónde están tus equipos y qué es lo que hacen pero, por favor, no me los quites de aquí». Cuanto más autovigilancia mejor, pensaba.
El coronel Juan Lara observa kla foto de su padre, que fue subteniente de la uardia Civil.
En su retiro hoy, 22 años después en una tranquila barriada de Jerez, Juan Lara se muestra preocupado ante Crónica por la gran capacidad de corromper que ahora sí tienen las mafias del narcotráfico, y cita la reciente detención del capitán de la Policía Judicial de la Guardia Civil en Algeciras, que le ha impresionado "mucho".
El capitán Joaquín Franco fue detenido el pasado 4 de julio. Llevaba varios meses siendo seguido por el Servicio de Asuntos Internos de la Guardia Civil con la colaboración de la Policía Nacional. La Fiscalía Antidroga y un juzgado de Algeciras son los encargados ahora de las diligencias judiciales, secretas de momento. El oficial está siendo investigado por los presuntos delitos de revelación de secretos, omisión del deber de perseguir delitos, prevaricación y pertenencia a organización criminal. Su posición era clave para jueces, fiscales y las fuerzas de seguridad, y la detención ha conmocionado la comarca gaditana.
La Asociación Unificada de Guardia Civil (AUGC) manifiesta "con todas las reservas y respeto a la presunción de inocencia de este mando", su más honda preocupación ante "una situación que, de demostrarse, pondría en evidencia algo que ya en su momento denunciamos: la extensión de los tentáculos del narcotráfico en la provincia de Cádiz hasta altas instancias de la Administración y la función pública".
Y todo ocurre en el sur de la provincia por la que es diputado el actual ministro en funciones Fernando Grande Marlaska. "Ha quedado demostrado que los parches que desde el Ministerio del Interior se vienen aplicando en los últimos meses son absolutamente ineficaces", señalan desde la AUGC.
Lara saludando Felipe González.
El último "garbanzo negro" tiene revuelto a Juan Lara. Se siente mal "porque ha sido un golpe duro, todos los anteriores casos habían sido guardias y algún suboficial, pero éste es el capitán de la Policía Judicial, un hombre de confianza del jefe de Algeciras y, sobre todo, de los jueces. Ya saldrá el juicio y lo castigarán si hay que castigarlo, o saldrá absuelto, no sé lo que pasará, pero desde luego es un palo muy gordo".
En sus tiempos resalta que "jueces y Guardia Civil trabajábamos muy coordinados". Reconoce que ahora "la tentación es muy grande" por todo el dinero que se mueve. Durante su mando en Algeciras vivió muy de cerca la detención de "varios garbanzos negros, algunos detenidos por nosotros y otros por la Policía Nacional".
El mando de la Guardia Civil perfilando en el ordenador su libro 'Recuerdos y vivencias de un tímido e ingenuo egoísta'.
Lara afirma que todo ha cambiado mucho: "Hace casi tres décadas estábamos en el Catón, en la cartilla de cómo se hacen las cosas, empezando por las cantidades que eran pequeñas, venían en embarcaciones de chipichanga, no sabían ni donde llegaban, a veces lo hacían al puerto de Algeciras, era distinto. Como la lucha nuestra que era muy precaria, por ejemplo, situábamos a los guardias en puntos donde anotaban a mano las matriculas en un sentido y otro, cuando pasaban varias veces los seguíamos. Ahora tenemos el SIVE, Frontex, el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, Vigilancia Aduanera, todo es más sofisticado".
La trayectoria del coronel Lara muestra una variada preparación desde 1965, en que terminó su formación en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, que completó en la Academia General Militar en Zaragoza, la Academia Especial de la Guardia Civil en Madrid y la Academia de Guardias de Úbeda (Jaén).

HIJO DE VIUDA

"No tuve adolescencia, estuve ocho años de mi juventud acostándome a las diez y media, a toque de silencio, y levantándome a las seis y media, a toque de diana. Me costó mucho, yo soy hijo de una viuda, fue difícil salir adelante", dice hoy un septuagenario Lara.
En 1975 pasó al Servicio de Informática de la Guardia Civil y luego por destinos como Lérida, Canarias, Ciudad Real, Jerez, Algeciras y Madrid. De 1991 a 1995 trabajó como agregado de la ONU en El Salvador y de 1998 a 2000 fue agregado en Guatemala. Desde 2011 Lara está retirado, y mantiene su devoción por el flamenco y un buen Tío Pepe, que lleva como imagen especial en su perfil de WhatsApp. Lo ha recogido todo en un libro que espera editar pronto y que ha titulado Recuerdos y vivencias de un tímido e ingenuo egoísta, donde aparecen episodios y personas que han pasado por su vida, sobre todo en su destino más especial: Jerez.
"De mi padre, que murió muy joven, con 49 años, aprendí mucho. Era una buena persona, muy justo, yo me parezco a él», manifiesta ante su cuadro, que ocupa un lugar destacado en su piso museo, lleno de recuerdos de destinos. «Yo vengo de Ahumada casi», bromea, «mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre... todos fueron guardias civiles, yo tengo dos hijos y una hija y a ninguno le ha gustado serlo", se lamenta.
Lara dice que ha mantenido todos los valores principios de su familia y que hay cosas que no le gustan ahora como "el panorama político, que veo muy complicado" y, menos aún, que siguen faltando "recursos" en la lucha contra la delincuencia. Y cita una anécdota reciente, en un restaurante de Palmones (Campo de Gibraltar): "En una mesa había un grupo de personas de 30 a 40 años, con unos collares de oro tremendos, presumiendo de ser traficantes. Decían 'tengo más dinero que todos vosotros, os puedo invitar a todos, no me miréis de esa forma. Yo soy traficante, sí, ¿por qué nos miráis así?' Eran siete u ocho, aquello me impactó".

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