viernes, 11 de octubre de 2019

La Fiscalía pide un año de prisión a un guardia civil por un accidente mortal

El Ministerio Público también ha procesado al conductor del otro vehículo implicado, en el que viajaba la víctima mortal, y les acusa de la presunta autoría de un delito de homicidio por imprudencia muy grave


Rotonda situada entre las calles Olimpia y Camilo José Cela, en el margen de la carretera hacia Costa del Silencio.



Miguel Ángel Autero
Un sargento de la Guardia Civil del puesto de Playa de las Américas se sentará en el banquillo de los acusados el próximo lunes día 14 como presunto autor de un delito de homicidio por imprudencia muy grave tras la colisión de su patrulla con otro vehículo que acabó dando varias vueltas de campana y en el que murió uno de sus ocupantes, según el escrito de calificación preliminar de la Fiscalía, que solicita una pena de un año privación de libertad. El Ministerio Público también imputa por el mismo delito de homicidio por imprudencia muy grave al conductor del otro vehículo, para quien pide la misma pena de un año de prisión, ya que ambos conductores implicados en el siniestro habrían cometido diversas infracciones de tráfico que tuvieron como consecuencia el fatal desenlace.
El accidente se produjo alrededor de la una y veinte de la madrugada del 10 de abril de 2016, cuando el sargento de la Guardia Civil circulaba en una patrulla oficial por la calle Olimpia (Arona) desde Costa del Silencio en dirección a Guargacho y, al llegar a la altura del cruce que permite la incorporación a la carretera general de Las Galletas, en una glorieta con escasa visibilidad dada la altura de los muros y la vegetación, el citado sargento "con omisión de la más elemental diligencia y desatención a la peligrosidad del lugar, en vez de hacer la parada obligatoria que le marcaba una señal vertical de Stop, realizó un cambio de dirección hacia la izquierda con la intención de cruzar hacia el carril contrario al de su incorporación".
El Ministerio Público añade que el conductor de la patrulla del Instituto Armado cometió una infracción al artículo 169-B del Reglamento General de la Circulación, esto es, no respetó las señales horizontales indicadas en la calzada. De esta manera, la patrulla se introdujo en la intersección de la vía y colisionó contra un Toyota Yaris. El conductor de este vehículo circulaba por la vía preferente en dirección a Las Chafiras, pero lo hacía a una velocidad muy superior a la que permite y señala la citada vía. Así, según el atestado el conductor de este turismo circulaba a 85 kilómetros por hora, cuando en aquel punto el máximo de velocidad permitido es de 50 kilómetros por hora.
Velocidad superior
Por lo tanto, el conductor de este segundo vehículo -procesado también en la causa- circulaba a una velocidad superior e inadecuada a las condiciones de la vía, pero también al estado de su vehículo ya que del atestado se desprende que "tenía las cubiertas delanteras con una profundidad de sus ranuras inferior a 1,6 milímetros", razón por la que se extendió boletín de denuncia administrativa.
La Fiscalía relata que el vehículo oficial de la Guardia Civil colisionó con su parte anterior derecha al Toyota Yaris en la parte lateral central derecha, a la altura de la puerta trasera y, a consecuencia del impacto y de la velocidad excesiva e inadecuada del segundo turismo, este quedó sin control y se salió de la vía, chocando primero con la valla protectora del margen derecho según el sentido en el que circulaba para luego regresar a la calzada donde volcó en tonel y, finalmente, terminó detenido sobre sus ruedas a unos 45 metros del punto de colisión, y en sentido contrario al que llevaba antes del incidente.
Consecuencias del accidente
Como consecuencia del accidente, además de los daños materiales propios en los dos vehículos implicados se produjo el fallecimiento de una persona que viajaba en el asiento de la parte trasera del Toyota Yaris sin llevar el cinto de seguridad obligatorio, mientras que los otros ocupantes de este turismo, que sí hacían uso de los cinturones de seguridad o no sufrieron lesiones o estas fueron de menor entidad, como el propio conductor, que sufrió escoriaciones en las manos, cervicalgia, dorsalgia y shock postraumático, lo que le ocasionó unas secuelas de pérdida de calidad de vida durante 66 días, aunque no impeditivos, debido a las curas que tuvo que realizarse sin que llegara a ser hospitalizado. El guardia civil que acompañaba al sargento que conducía el patrulla fue asistido inicialmente por latigazo cervical.

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