miércoles, 16 de octubre de 2019

La Policía y la Guardia Civil, satisfechas con la respuesta de los Mossos a las protestas violentas tras la sentencia

Constatan que el malestar de Torra por las cargas evidencia una actitud de los agentes autonómicos muy diferente a la del 1-O

Agentes de los Mossos y la Policía Nacional, tras el anuncio de...






FERNANDO LÁZARO

«Molt be». Así define un alto mando de la Guardia Civil el comportamiento de los Mossos tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo por el 1-O. La preocupación tanto en el seno del Instituto Armado como en la Policía Nacional era máxima. La actuación de los antidisturbios autonómicos apunta que ahora están por la legalidad y que, si han recibido alguna instrucción para bajar los brazos, la han desobedecido.
Pese a que las relaciones están mejorando, el temor en los Cuerpos de la Seguridad del Estado con los agentes autonómicos se mantenía en vísperas de la sentencia. En las primeras horas las dudas se están disipando e, incluso, el trabajo con la Policía Nacional en la seguridad de infraestructuras del Estado está siendo coordinado. «De momento, el comportamiento está siendo el que corresponde a un cuerpo que tiene la obligación de hacer respetar la ley», apuntan fuentes policiales.
La satisfacción entre cuerpos policiales es clara. «Se nota que hay instrucciones policiales y que el mando político o ha perdido peso o ha optado por quedarse al margen», apuntan estas mismas fuentes. Desde el Ministerio del Interior, pese a que el discurso era claro sobre la confianza en los Mossos, se puso en marcha un despliegue especial, formado por casi 800 policías y guardias civiles, por si la actitud de los Mossos se parecía más a la del 1-O de hace dos años que a la actual.
Ese despliegue se ha visto reforzado en las últimas horas. La posibilidad de que los agentes autonómicos se vieran desbordados también estaba en las previsiones de Interior. De momento, la secuencia que se está produciendo es el mejor de los escenarios, con unos Mossos «comprometidos y haciendo un trabajo policial, únicamente policial», inciden entre los mandos de la Policía y la Guardia Civil. Advierten, no obstante, de que aún quedan jornadas duras, y apuntan a este viernes y al fin de semana como tres días que pueden ser potencialmente «más peligrosos» y en los que se espera una intensidad de la violencia radical mayor a la actual.

AUMENTA EL DESPLIEGUE ESPECIAL

Desde la noche del domingo el despliegue especial del Ministerio del Interior estaba en máxima alerta por si había que tomar el protagonismo en la jornada. Para los analistas de este Departamento, el hecho de que el presidentQuim Torra haya anunciado la apertura de investigación sobre algunas de las cargas de los Mossos demuestra que los políticos independentistas no están muy conformes con la actuación de su policía autonómica. «Seguro que esperaban más permisividad», dicen.
Las fuentes consultadas destacan el contraste con lo que hicieron -«o más bien lo que no hicieron»- el 1-O. La sentencia del Tribunal Supremo remarca que esta actuación no fue la correcta y que su inacción permitió la sedición. El Alto Tribunal constata que los Mossos no cumplieron las resoluciones judiciales que les ordenaban impedir la votación. Y eso que, como publicó EL MUNDO, el Tribunal recoge que el entonces jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, con el resto de su cúpula policial, advirtió al president Puigdemont y sus consejeros de los graves disturbios que se iban a producir.
Aquella jornada, el Ministerio del Interior llegó a desplegar más de 7.000 agentes de la Policía y la Guardia Civil. Bajo la batuta de la Fiscalía, coordinaron toda la jornada de seguridad a las órdenes del entonces coronel del Instituto Armado, Diego Pérez de los Cobos. La primera instrucción fue que los Mossos se encargaran de impedir la votación y que sólo si no lo hacían o se veían superados intervendrían la Policía Nacional y la Guardia Civil. Eso fue lo que pasó. Cuando ya la gente llenaba los colegios los antidisturbios tuvieron que actuar.
Aquel despliegue especial, bautizado como operación Copérnico, costó casi 90 millones de euros. Si la actuación hubiera sido preventiva y, como recuerdan estas fuentes, los Mossos se hubieran desplegado antes en los colegios, el 1-O hubiera sido muy diferente.

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