domingo, 20 de octubre de 2019

¿Sabías que la chica descuartizada por el ‘Hannibal Lecter’ tatuador era hija de una Guardia Civil de Valdemoro?

Un caso terrible. La joven de 18 años, asesinada brutalmente y descuartizada en Valdemoro, era hija de una Guardia Civil. 
¿Sabías que la chica descuartizada por el ‘Hannibal Lecter’ tatuador era hija de una Guardia Civil de Valdemoro?


Había ido al colegio de la Benemérita, iba a prepararse las oposiciones para entrar en el Cuerpo y tenía una relación con Leandro, que la mató para cortarla en trocitos, dejarlos dispersados por su casa e incluso guisarlos para comérselos como si fuera el propio Hannibal Lecter. Una auténtica barbaridad, según recoge el autor original de este artículo Silvia Gil en El Español y comparte Ivan Rastik para Periodista Digital.
Leandro, de 26 años, mató a la joven en su chalé de la calle Francia (Valdemoro). El colombiano, que padecía esquizofrenia –aunque no se medicaba– llevaba tiempo de okupa en la vivienda. En 2014, tras el desahucio de una familia, rompió la puerta, entró y la decoró a su antojo. Y, desde entonces, había hecho su vida allí. Trapicheaba, según los vecinos, con drogas y celebraba rituales satánicos de brujería. Y, en sus ratos libres, iba al gimnasio.
Al colombiano le encantaba levantar pesas, cultivar su cuerpo y lucirlo en las fotos de su Facebook, donde se autoproclamaba ‘carnicero-tatuador’ e incluía entre sus referentes al payaso diabólico de la película de miedo It. Porque sí, en su vivienda también tatuaba a muchos jóvenes de Valdemoro, entre carteles de Hannibal Lecter, cuchillos y catanas.
Allí dentro, aunque no lo aparentaba, era un monstruo; fuera, una persona introvertida, que apenas si hablaba con los vecinos, que paseaba a su pitbull por el barrio sin mantener una sola conversación y, eso sí, conocido por ser un habitual de uno de los gimnasios de la localidad
Su novia dio la alerta
Leandro mató a la joven hija de Guardia Civil, con la que mantenía escarceos, y la descuartizó. Y, después, le pidió ayuda a su novia, también colombiana. La llamó y le instó a que fuera a su casa para recoger y tirar los pedazos del cuerpo de la chica. Y ella dijo que sí. Tenía miedo a que ella también acabara muerta, así que se acercó a la vivienda de la calle Francia y tiró los restos de la asesinada a los cubos de basura de la zona.
Pero, después, denunció. Hizo fotos y se dirigió al cuartel de la Guardia Civil y allí lo confesó todo: que su pareja le había llamado para pedirle que le ayudara a tirar partes del cuerpo de la joven y que ella había accedido por miedo. Pensaba que, en efecto, si no le prestaba ayuda, acabaría muerta. Total, que le ayudó y después fue a avisar del macabro crimen que había cometido su novio.
La Guardia Civil se presentó en su casa y se quedó con la boca abierta: encontraron sangre por todos lados, miembros de la chica esparcidos por la casa, algunos pedazos guisados y listos para ser comidos… Una barbaridad. Y, sobre todo, su cráneo en las inmediaciones de la vivienda. Entonces, procedieron a detenerlo para tomarle declaración y ver qué había ocurrido, cómo había cometido semejante crimen, cómo un ser humano puede ser capaz de crear semejante horror a su alrededor.

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