domingo, 12 de enero de 2020

Con el traje verde el cielo fue mi familia y el infierno el País Vasco

Xavier Eguiguren, como firma sus libros, escribe sobre su experiencia en el cuerpo y colabora con un proyecto nacional sobre igualdad de género

Javier del Corro con una de sus libretas de notas en Oviedo. / H. Á.



Guardia Civil y escritorJavier del Corro (50 años) ha pasado su última etapa como agente en Noreña, donde ha servido desde 2016, pero antes ha trabajado por toda España, incluyendo la unidad antiterrorista. En aquella época en cuarteles fuera de Asturias nació precisamente su nombre en la literatura: Xavier Eguiguren.
-¿De dónde viene el pseudónimo?
-Al haber nacido en Francia mi nombre real es Xavier. Eguiguren era mi nombre de guerra en el País Vasco. Lo adopté cuando llegué allí porque el cuartel de la Guardia Civil, el puesto de Éibar, estaba en la calle Eguiguren Tarren Kalea.
-¿Cómo sigue la historia?
-La anécdota es la siguiente: eran principios de los 90, mataban, así que llegas con miedo. La gente de Barcelona, que es donde estaba antes, me decían que el norte era lo peor. Y Guipúzcoa y, de forma concreta, el puesto de Éibar, directamente era el matadero. Me dieron un montón de consejos: cuidado con las calles muy estrechas, no salgas solo, mira los bajos del coche... sobre todo, no preguntes a los civiles ni a la municipal dónde está el cuartel. Con esa psicosis llegué a Éibar y esperando encontrar un sitio en el que pusiera 'Guardia Civil' como en el resto de España... subí y bajé varias veces y seguía sin encontrarlo, hasta que paré en una gasolinera. Pregunté por la plaza de toros porque me habían dicho que estaba al lado; se me queda mirando el tío de la gasolinera y me dice 'mira, chaval, el cuartel de la Guardia Civil está en...' [Ríe]. Cuando llegué ponía en la pared 'Txakurra, kampora': 'Perros fuera'. Y la calle: Egiguren-Tarren Kalea. Me quedó fijada.
-¿Y después?
-Estuve dos años en una unidad antiterrorista que me han servido como veinte de experiencia en cualquier otra. Ahí empecé a escribir; yo recogía denuncias y me aficioné. Ya de aquella los compañeros me decían que qué bien se me daba aquello, '¡cómo las adornas, qué bonitas las haces!'. Y, finalmente, todo eso se canalizó a la literatura.
-¿Cuándo se involucra en el proyecto 'Educando en la justicia igualitaria'? ¿Cómo encaja ahí?
-Hace tres años me llamaron. Es un proyecto que han llevado a cabo cincuenta juezas madrileñas y que se oferta a nivel nacional. Nosotros vamos a los institutos que se acogen al proyecto para hablar de violencia. A mí me escogieron por escritor.
-¿Por escritor?
-Sí, sí. Además yo he vivido la violencia de género de cerca. Mi madre sufrió violencia de género y sé de qué va. También como guardia civil he atendido a muchas víctimas, por lo que empatizo, ¡cómo no! Y ,por supuesto, he escrito.
-También hizo un programa de radio...
-Estuvimos medio año hablando en la radio regional sobre violencia de género. Entonces en el proyecto, a los chavales les hablaban las juezas, abogadas... y yo como colofón les leíamos tres o cuatro escenas que he vivido y flipan, claro. Nadie está exento de sufrirlo y en ese tiempo se hacen conscientes.
-¿Existe un error de concepto sobre lo qué es o no violencia de género?
-Es lo que hace este proyecto, explica lo qué es porque hay muchas chavalas y mujeres que no son conscientes de que la sufren ya que lo han asimilado como parte de una convivencia, pero están sometidas a los deseos de sus parejas.
-Desde su experiencia, ¿cuál es la forma más efectiva de luchar contra ello?
-Concienciando a los más jóvenes en la igualdad. Cuando se asuma una igualdad real habrá violencia, pero no de género.
-Tiene un libro titulado 'Infierno, cielo y en la tierra un traje verde', ¿cuál es el cielo y el infierno cuando se lleva un traje verde?
-El cielo fue mi familia, el infierno el País Vasco. Me marcó tanto porque después de aquello enfermé. Ansiedad crónica. Desde entonces he vivido peleando con ella, porque mueres cada día. Y cuando pierdes el control ya es una pasada. Y la parte física, de náuseas, taquicardias... es mala, pero la psicológica, esa despersonalización... es todavía peor. He vivido todas sus ramas y he aprendido de todas.
-¿Es un problema habitual en una profesión como la Guardia Civil?
-No, no por la profesión, yo creo que es ya habitual en el género humano del siglo XXI. No se le daba importancia cuando se empezaba a hablar de ello como 'la enfermedad del futuro' porque no se ve, pero desde luego que lo es. Yo afortunadamente ya estoy mucho mejor.
-¿Y qué proyectos de futuro trae esa mejoría?
-Quiero volver a la calle, hasta ahora compaginaba con la violencia de género, pero creo que estoy listo para volver.
-¿Cuesta desconectar cuando se está involucrado en violencia?
-Yo lo hago, aunque sí que se pasa mal porque empatizas. Vienen destrozadas y no es mentira como dicen muchos, no, yo he tratado con muchas víctimas y todas han sufrido. No todo es pegar una bofetada, el maltrato psicológico destroza, es súper duro. Cuando escribo sobre ello me siento mejor. Y bueno, que mis tres hijas me desconectan según llego a casa. Como no estés atento te la lían [Ríe]. Por cierto, a la pequeña le he enseñado esta semana la portada de mi segundo libro infantil que, por fin, cuenta con su foto como ilustradora: Marta. Con ocho años puede conmigo, es un terremoto.
-Tiene muchos frentes abiertos en literatura...
-Escribo una mezcla entre prosa poética y realidad periodística. En cuestión de temas escribo sobre lo que me choca. Por ejemplo, el Camino de Santiago me chocó porque era salir de mi zona de confort.
-¿De qué irá el próximo?
-Tengo uno para mayores que lleva por título 'Cinco destinos, sonidos y colores de dos guardia civiles'. Destinos no de sitios, sino de dedicaciones: menores, víctimas, terrorismo, tráfico de drogas... pues todo eso contado en prosa poética con mucho dolor y ahora novelándolo. Mi experiencia es parte fundamental de lo que escribo, incluso en los cuentos infantiles hablo de valores y vida real.

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