jueves, 27 de febrero de 2020

Atraco para examinar a la Guardia Civil

Se pulsa el botón de la alarma, pero no suena por seguridad. Los atracadores han entrado al grito de «¡todos al suelo!», desconocen que ya se ha puesto en marcha todo un operativo para frustrar su robo y su fuga. Son las once y media de la mañana.


 El lugar, una sucursal de Liberbank en Santa Eulalia de Morcín, algo apartada y muy comunicada por la carretera nacional 632, que da acceso a la autovía A-66. Es fácil huir de allí. Ya sucedió en un asalto de verdad ocurrido en esta oficina en febrero de 2015. Porque el de ayer era un simulacro, aunque muy real, para poner a prueba la capacidad de la Guardia Civil ante una situación extrema.
Los dos atracadores -que eran dos agentes actuando- accedieron blandiendo un arma de fuego simulada uno, y el otro, un cuchillo. En el interior se hicieron con tres rehenes: dos empleados y un cliente. Poco después, en apenas seis minutos, el edificio ya estaba rodeado de agentes, las dos primeras patrullas de un amplio despliegue, de hasta 75 efectivos -pueden superar el centenar en una situación real- , que sellaron la población. «En ese tiempo no dan margen a los atracadores para huir con el dinero porque no pueden disponer de él», señalaba el director de seguridad de Liberbank, Jesús Álvarez. Las oficinas son ahora más abiertas al público, «pero son más difíciles de robar, apenas hay dinero, se tarda en acceder a él, y las imágenes de las cámaras de seguridad llegan en cuestión de minutos a los centros operativos de la Guardia Civil o Policía Nacional». Así fue. El vídeo del atraco llegaba a los agentes desplegados casi de manera inmediata; ya conocían el aspecto de los delincuentes. Es el momento de proceder a su identificación, esencial para dar el siguiente paso.
Antes de que las agujas del reloj marcaran las doce ya se había instalado un centro de mando avanzado, habían llegado nuevas unidades de intervención de la Guardia Civil y los negociadores, quienes se enfrentaron a una compleja y delicada situación. Era esencial conocer todo lo posible de los atracadores; en este caso, dos hermanos de Zaragoza con antecedentes.
Al mando del ejercicio estaba el comandante en jefe de Operaciones, Alejandro Anelo, controlando cada detalle. «Cada diez minutos de negociación en el simulacro pueden ser horas en una situación real», subraya. La acción de esos agentes especializados es clave y dio sus frutos tras contactar con los presuntos ladrones. Primero dejaron salir a los rehenes y posteriormente fueron arrestados por efectivos fuertemente armados. El resultado: «un éxito».

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