lunes, 16 de marzo de 2020

Sánchez dio por roto el acuerdo con Iglesias: su guerra en el peor momento

Pedro Sánchez comenzó este mandato con grandes expectativas, vinculadas a vender a bombo y platillo su Gobierno de “progreso” y arrinconar al centro-derecha, y a una hipotética resistencia de la economía. Todo le ha salido al revés de lo que preveía.



La crisis del coronavirus lo ha dejado tocado y, en la práctica, hundido. La tardanza en reaccionar tiene mucho que ver con la incapacidad del presidente para aceptar la realidad. Sánchez sólo se autoenmendó ante la posibilidad del desastre total, tras la presión de las comunidades autónomas y de una parte de su Ejecutivo encabezada por alguien tan cercano a él como José Luis Ábalos.
La declaración del estado de alarma llevaba días siendo contemplada en La Moncloa, pero Sánchez era partidario de actuar de manera gradual y progresiva para evitar lo que auguraban varios de sus colaboradores: un impacto desproporcionado sobre la población.
Tanto es así que, a pesar de haber difundido que tenía estudiados desde hacía semanas todos y cada uno de los escenarios posibles, el Real Decreto resultó una obra contra el reloj. La redacción dejó a sus más próximos sin dormir. Carmen Calvo echó una cabezada de apenas un par de horas, justo a tiempo para su aprobación en un Consejo de Ministros que iba a ser sólo el trámite final.
Nada más lejos de la realidad. La irrupción por sorpresa de Pablo Iglesias, en plena cuarentena, resultó ser un auténtico tsunami. “Verlo llegar nos descolocó”, confiesan en La Moncloa. No lo esperaban.

A Sánchez no le gustan los órdagos, sobre todo si se los lanzan a la cara, y mucho menos que trasciendan las deliberaciones del Consejo de Ministros. Cuando el borrador del Real Decreto saltó a los medios de comunicación, el presidente, enfadado por una filtración atribuida a Iglesias, llegó a dar por sentenciada la entente entre PSOE y Podemos.
La sangre no llegó al río, pero el líder morado, al ver que no tenía ningún papel en la crisis, se mostró dispuesto a batallar. Lo hizo con fuertes discrepancias ante las escasas medidas económicas adoptadas por el Gobierno.
Con España entera pendiente de los pormenores del estado de alarma, la comparecencia del sábado de Pedro Sánchez, centrada al principio en un paquete económico a aprobar este martes, reveló lo preocupado que sigue estando el jefe del Ejecutivo por las apariencias.
Sin embargo, ha sido él, sólo él, quien, metiendo a Unidas Podemos en el Consejo de Ministros, ha alimentado su peor pesadilla: que la opinión pública visualice una y otra vez la existencia de dos Gobiernos en uno.
La "victoria"
Precisamente porque Sánchez actúa en términos de imagen y no en función del interés general, poco alivio suponen las fanfarrias del círculo del líder socialista divulgando que la aprobación de tal norma extraordinaria ha dejado la cadena de mando en manos de “ministros socialistas” y ha orillado a los morados.
Al final, con una crisis de salud pública de tanta magnitud como la que estamos viviendo, a La Moncloa le importa más transmitir su victoria sobre Podemos que trasladar a los españoles la sensación de que se puede confiar en quienes manejan la situación.

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