martes, 14 de abril de 2020

Rubén Alonso, guardia civil de Cabrales: "De evitarnos a ser su ángel de la guarda"

Los últimos nueve años se los ha pasado velando por la seguridad en esta localidad asturiana. Su labor tiene un antes y un después


Guardia Civil Rubén Alonso en Sotres
MAMEN BORREGUERO

Rubén Alonso Díaz es guardia civil desde hace 12 años. Los últimos nueve ha velado por la seguridad de los vecinos de la localidad asturiana de Cabrales y 17 pequeñas poblaciones de alrededor. Desde que llegó el coronavirus es el único que puede llevar comida a Juan, un hombre octogenario que se encerró en su casa por miedo al virus y que solo abre la puerta cuando se acerca este asturiano que sabe a quién preguntar para saber qué vecino puede necesitar ayuda. Su labor, así como la de sus compañeros, tiene un antes y un después desde que llegó el Covid-19. Ya no olvidará a Juan, de Berodia. Tampoco a Nuria, la pequeña a la que acercaron los deberes en Tresviso. Dos historias reflejo de las labores que están haciendo estos días unos agentes que cuando regresan a casa también sienten miedo, sobre todo por los suyos, pero que durante la patrulla son los ángeles de la guarda de una población que antes del estado de alarma les miraban muchas veces con recelo temerosos por si había una multa.

El caso de Rubén, como le conocen los vecinos, es un reflejo de uno de los cometidos menos conocidos que está llevando a cabo la Guardia Civil: prestar apoyo a vecinos de la zona rural afectados por la incomunicación tras el decreto del estado de alarma, un denominador común en los pueblos de Asturias. A sus 80 años, y sin carnet de conducir, Juan bajaba caminando cinco kilómetros para abastecerse de los productos necesarios para su vida cotidiana. Esta distancia es la que separa Berodia, donde vive, de Carreña de Cabrales, cabecera de municipio y lugar donde se ubican los supermercados, bares, banco, farmacia... Fue el alcalde el que alertó de que Juan se había encerrado en casa y no abría la puerta a nadie por miedo a ser estafado y/o contagiado. 
Rubén junto a su yeguas
Rubén junto a su yeguas / Cedida
Rubén lo conocía. "Sabía que comía en un bar pero me enteré que dejó de ir y empecé a echarle en falta durante una temporada. Luego escuché al alcalde decir que no quería salir de casa y me ofrecí para llevarle la comida", relata a La Información. Este agente, padre de tres hijos, ya había hablado de vez en cuando con este octogenario "de ganadería, que es uno de mis hobbies". No fue tan fácil como pensó. Las tres primeras veces que fue hasta la casa de Juan no consiguió que le abriera la puerta. A la cuarta sí. "Un día, cuando acabó mi turno y ya sin uniforme me acerqué y le entregué la compra que habían hecho en servicios sociales para él". Cuando le preguntó si necesitaba algo más la respuesta fue tajante: 'No...  pero ¿puedo acercarme al banco el lunes?' Quería pagar el recibo de la luz "para que no se la corten". Fue Rubén el que habló con el banco para solucionarlo todo.
Desde ese momento pregunta al panadero que todos los días acude a la zona para saber si está bien y "ya hace él mismo la compra a algún vendedor que pase por su casa". Lo que ahora necesita es una radio "porque no tiene ni televisión y dice que se aburre" para que por lo menos la escuche por las noches. "Ya le he dicho que veremos cómo le gestionamos una", asegura. Este guardia civil también fue uno de los que se acercaron con comida y medicinas hasta la localidad cántabra de Tresviso a la que se accede desde Sotres. Pero en esta visita además se encargaron de que la pequeña Nuria, de 10 años, también tuviera sus deberes. Al confinamiento sumaron que por las últimas nevadas se quedaron incomunicados, por lo que era imposible salir de la localidad. "Hay sitios a los que todavía no ha llegado Internet y es imposible que se puedan descargar los deberes que los profesores están poniendo", explica.
Rubén acerca comida a Juan
Rubén acerca comida a Juan / Cedida
Los agentes de este puesto asturiano en Cabrales se han quedado sin algunos descansos y "doblado turno por la mañana y noche desde que se declaró el estado de alarma". Hasta ese 13 de marzo velaban por la seguridad ciudadana, luchando contra la violencia de género o los robos que algunos vendedores ambulantes hacían en la zona engañando a las personas más mayores. "Suelen ir dos y mientras uno les entretiene en la puerta el otro entra en la vivienda y se llevan todo lo que pueden". Eso fue lo que le sucedió a un vecino de Puertas hace algún tiempo y "cuando llegamos para preguntarle estaba temblando. Empezó a caer en depresión y al final murió". Rubén siempre le decía que por las noches su casa estaba vigilada "y eso le tranquilizaba". Porque una cosa que sí se han encontrado estos agentes es el miedo en la cara de las personas mayores a todo lo relacionado con el virus. "Es muy gratificante cuando personas que hace meses evitaban hablarnos quizá por recelo ahora se acercan para darte las gracias y contarte que durante la noche ha visto la patrula pasar". 
Rubén en el mirador de Llanes
Rubén en el mirador de Llanes / Cedida
Todos los días intentan alcanzar todos los pueblos que están bajo su jurisdicción, pero ahora con el coronavirus tamibén apoyan a otros concejos y están pendientes de los controles de tráfico y "te quedas con pena cuando no has podido acudir a alguno de los pueblos. Entre todos los compañeros intentamos cubrirlos todos".  Respecto a la seguridad Rubén se acuerda de Gloria, una mujer que "sacaba una Coca Cola cuando pasábamos y hablaba con nosotros". Hace algunos meses que se fue a una residencia, pero tenía un truco para que en Puertas de Cabrales pudieran saber si se encontraba bien o mal.
Un día le preguntaron por qué siempre tenía encendido el farolillo de la entrada y Gloria respondió que era la manera que tenía de comunicarse con una vecina que vivía casi en la otra punta del pueblo. "Si la apago es porque algo va mal", respondió. Estos días en esta localidad puede que los habitantes no pasen de 30 y en ocasiones los que viven cada uno lo hacen en una punta del pueblo. En sitios así todos se conocen y todos acaban hablando con el panadero o el carnicero que con su furgoneta reparte casi todos los días. Es precisamente a ellos a los que pregunta Rubén cuando quiere saber si alguien necesita ayuda, además de los "servicios sociales que están siempre al día de todos". Tantos años recorriendo las calles pone nombre y apellidos a muchos de los vecinos y si alguno falta a su cita con la farmacia, el café o el súper "le echamos en falta". 
En general "se está cumpliendo el confinamiento a rajatabla y por las calles no hay casi nadie". Eso se lo pone más difícil a los ladrones porque "en cuanto ves un coche lo paras". Hasta la ventanilla de su patrulla se acercan algunos de los habitantes de estos concejos que "cada vez van envejeciendo más". Es el caso de una mujer que se quedó viuda hace poco y "se puso a llorar por la situación". Rubén y su compañero la tranquilizaron e informaron de que la famosa curva de los contagios va bajando "porque muchas veces no tienen nada de información excepto la que les contamos nosotros". Y siempre acaban con la misma frase: "A cuidarse"

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