lunes, 4 de mayo de 2020

La mujer, de 38 años, considera que la actuación de los agentes fue injusta y asegura que solo estaba caminando por la orilla para hacer deporte

Tiene 38 años, es brasileña criada en España y ahora suele pasar medio año a cada lado del Atlántico. 

Los hechos sucedieron en esta playa de Torremolinos/SUR

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga
El coronavirus la sorprendió en Málaga, adonde suele venir en época estival para buscarse la vida como bailarina de samba o vendedora de biquinis. Viendo el verano poco prometedor que tiene por delante, quiere volver a su país, pero de momento está atrapada, como tantos otros, por la pandemia.
El sábado, el día que se reanudaba la posibilidad de realizar actividad física en la calle, Eveline vivió un desagradable incidente en una playa de Torremolinos, donde reside. En esa primera jornada de esta nueva fase del desconfinamiento, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad impusieron unas 700 denuncias por incumplir las restricciones, pero el suyo fue el único caso que acabó en detención.
Según la Guardia Civil, Eveline se estaba dando un baño, algo que está prohibido en la fase actual. Según ella, estaba caminando por la orilla, con el agua a la altura de las rodillas, para hacer deporte, algo que sí estaría permitido. El motivo del arresto, no obstante, fue que, supuestamente, se resistió a identificarse, que arengó a los ciudadanos contra la actuación policial y que intentó grabar lo que sucedía con su teléfono móvil. Esta es la versión de los agentes. Porque la de Eveline es otra bien distinta.

La mujer asegura que bajó a pasear por la orilla de la playa sobre las nueve de la mañana, dentro del horario establecido para realizar actividad física en la vía pública. Dice que se encontró a unos chicos que estaban practicando paddle surf, que charló un rato con ellos y que incluso le prestaron una de sus tablas. Incluso, se informó de las condiciones para poder alquilarlas en estas fechas y, relata, continuó su paseo con las pantorrillas dentro del agua.
Eveline explica que, poco antes de las diez, se presentó en el lugar una unidad de la Guardia Civil (resultó ser de la patrulla fiscal, denominadas Pafite). «De entre todas las personas que había en el agua, se dirigieron solo a mí», afirma la mujer, que insiste en que no salió a darse un baño, sino a caminar, aunque iba en bañador porque lo hacía por la orilla del mar. «En esos momentos, yo me dirigía ya a buscar mi mochila para irme a casa».
Según Eveline, los guardias civiles le dijeron: «Usted está en bañador en el agua; se está bañando». Ella trató de explicarles que estaba en biquini porque no quería mojar la ropa, que estaba caminando dentro del agua por la resistencia que ésta ofrece y para mejorar la circulación. «Les dije: 'Sé lo que estoy haciendo, soy profesora de Educación Física».
Reconoce que protestó cuando el agente le anunció que la iban a denunciar por incumplir las restricciones impuestas por el estado de alarma. «Es cierto que no me callé; les dije que no me estaba bañando, que estaba haciendo deporte yo sola y que no tenían motivos para sancionarme».
La Guardia Civil detalla en sus diligencias que puso trabas desde el primer momento, que manifestó que no llevaba encima la documentación y que, cuando le pidieron sus datos, se identificó de modo ininteligible y con una información confusa sobre su dirección. Ella desmiente tajantemente estos últimos extremos: «No estuve sumisa, es cierto, pero le di mis datos igual de claro que se los estoy dando a usted ahora mismo».
Los agentes reflejan en sus diligencias que Eveline intentó provocar la reacción del resto de ciudadanos que estaban en el lugar. Ella admite que se apartó unos metros para hablar con unos turistas que se encontraban allí de lo injusto de la situación y que uno de los chicos con los que practicó paddle surf, que vive enfrente del lugar, se asomó y le preguntó qué estaba pasando. «Le dije: 'Me están deteniendo'. Él me preguntó por qué y yo le respondí, quitándole hierro a la cosa: 'Creo que debe de ser porque soy la única que está en biquini'.
Pero la actuación se complicó cuando, dice, los guardias civiles se dieron cuenta de que encendió la cámara de su teléfono y comenzó a filmarles. En el atestado, los agentes indican que, dado que no sabían el contenido de esas grabaciones, y que éstas podían poner en peligro su integridad o la de sus familias, decidieron intervenir el terminal, un móvil Samsung de color negro. «Mi intención no era grabarles a ellos, sino la situación», explica.
Eveline reconoce que el único momento en que realmente desobedeció a los guardias civiles fue cuando éstos intentaban quitarle el teléfono de las manos por la fuerza, y muestra imágenes de las magulladuras en sus muñecas provocadas, afirma, por el forcejeo.
De ser denunciada, pasó a quedar detenida por los presuntos delitos de desobediencia y desórdenes públicos. Tras pasar por las dependencias de la Pafite, quedó en libertad, aunque con la obligación de comparecer ante el Juzgado de Instrucción número 4 de Torremolinos cuando sea requerida. Su teléfono quedó intervenido e igualmente a disposición judicial.

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